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LA GITANA EN LOS PRIMEROS BILLETES DE CINCO PESOS DEL BANCO DE MEXICO, S.A.

 

El 1º de diciembre de 1924, el Gral. Plutarco Elías Calles, tomó posesión de su cargo como nuevo Presidente de México. Afortunadamente para el país, confirmó como Secretario de Hacienda al Ing. Alberto J. Pani; quien ya desempeñaba ese puesto en el gobierno del Gral. Álvaro Obregón. El Ing. Pani continúo trabajando en su proyecto para fundar un Banco Central.

Existía un gran escollo, la deuda exterior del país se estaba comiendo una gran parte del presupuesto. Esta rebasaba la enorme cantidad de un mil quinientos millones de dólares. Tan solo los interese de esta cantidad, restaban millones de pesos al erario nacional. Era imperativo revisar el convenio “Lamont ̵  De la Huerta”.

El 25 de enero de 1925 los periódicos capitalinos anunciaron que el Secretario de Hacienda saldría, en fecha próxima, para Nueva York donde se entrevistaría con el Comité Internacional de Banqueros. Este comité, con sede en Nueva York, incorporaba tanto a los banqueros europeos como a los americanos. En esos días había dos maneras para que las personas importantes hicieran el viaje a Nueva York. Uno era desde Veracruz por barco de la Ward Line vía progreso y La Habana. El Segundo era en carro Pullman privado. Ambos tenían sus ventajas y sus desventajas. Don Alberto decidió ir por tierra; pero, viajar solo era muy tedioso. El Ing. Pani de ascendencia italiana, tenía dos debilidades principales: las buenas obras de arte, pinturas y las mujeres bellas. Esta última debilidad era la más apropiada para el viaje. Por ese tiempo había dos actrices catalanas muy atractivas en la ciudad de México, las hermanas Faure, Gloria y Laura. Era muy natural ofrecerle transporte en el carro Pullman a Nueva York y desde allí podían embarcarse a Europa. Esto, desde luego, haría el viaje más agradable para todos. Así es que hicieron los arreglos necesarios.

En Nueva York se hospedaban en el viejo Waldorf - Astoria en la 5ª. Avenida y calle 34, donde actualmente se yergue el edificio Empire State. Las hermanas Faure se fueron de compras y Don Alberto empezó a trabajar en sus asuntos. El Comité de Banqueros no deseaba revisar el convenio “Lamont” – De la Huerta”. Juntas, discusiones, etc., etc. Días y semanas pasaban y ninguna de las dos partes quería ceder. Como todos sabemos, a los “muchachos de Wall Street no les gustaba perder; así es que, empezó el juego sucio. También había la casualidad que Gloria y Laura no habían encontrado transporte a Europa que le acomodara; mientras tanto su estadía en Nueva York les era muy agradable.

Un buen día los neoyorquinos leyeron en los diarios el relato del viaje en el Pullman privado de Don Alberto y sus atractivas cariñosas acompañantes. Además, mencionaban los periódicos, el Ing. Pani había violado los principios establecidos por el diputado republicano por el Estado de Illinois, Mr. James Robert Mann, que se conocen como la Ley Mann y comúnmente se le llama “trata de blancas”. La policía se presento en el departamento de Don Alberto en el Waldorf- Astoria y se armó el gran escándalo.

Naturalmente, todo este tiempo el Ing. Pani sabía lo que estaba pasando, pero se hizo el desentendido y guardó calma. Don Albero era un hombre de mucho mundo que había estado encerrado en un cuarto con un  tipo tan violento como Pancho Villa y había logrado salir con vida. Por lo tanto, los policías de New York no le causaban miedo. Lo más que podrían hacerle era arrestarlo y, desde luego, no lo matarían aunque portaran pistolas.

Don Alberto con cara de inocente explicó al teniente de policía que todo era un error ya que Gloria y Laura eran excelentes amigas de la familia. Pani tenía que probar lo que había dicho y para hacerlo pidió una larga distancia telefónica a la ciudad de México, para hablar con su esposa Doña Esther Alba de Pani. Ella era su fiel esposa desde febrero de 1905. Era muy ingenua y además cándida. Don Alberto saludó muy amablemente a su esposa y, en forma muy natural, le explicó que sus grandes y buenas amigas, Gloria y Laura, estaban allí y que ambas tenían muchas ganas de saludarla. Dicho esto le pasó el teléfono a Gloria que tenía mucha experiencia como actriz para representar cualquier papel magistralmente. Ambas mujeres hablaron alegremente por unos minutos y se despidieron con palabras muy cariñosas. Su actuación debe haber sido muy buena, porque la policía se dio por satisfecha y el asunto quedó oficialmente terminado. Es casi seguro que la inocente de doña Esther haya muerto, muchos años después, sin haber tenido nunca por qué Alberto y esas dos damas con voces tan encantadoras, le habían telefoneado.

Ahora le tocaba al Ing. Pani repartir las barajas. Escribió su renuncia como Secretario de Hacienda y se fue muy tranquilo a visitar a Mr. Thomas W. Lamont, Presidente del Comité de Banqueros. Le pidió amablemente que leyera su renuncia. Le explicó que iban a pasar varios meses, tal vez un año, antes de que el nuevo Secretario; la persona que lo sustituyera en el puesto, estuviera en posición de discutir la deuda exterior. Por lo tanto, el Comité no recibiría un solo centavo por un año o posiblemente más tiempo. Existía otro camino, dijo casualmente, podían los Banqueros firmar un nuevo convenio ahora, antes que el Ing. Pani sometiera su renuncia. De esta manera el Comité empezaría a recibir pagos por los intereses vencidos y, eventualmente, sobre el principal. En lo que a él concernía, consideraba el escándalo por terminado. Con seguridad Don Alberto debe haber estado muy conveniente porque el convenio “Lamont – De la Huerta” fue archivado y, uno más ventajoso para México, fue firmado y registrado como el Convenio “Pani – Lamont”.

Cuando la noticia del escándalo en Nueva York llegó a México hubo gritos en la Cámara de Diputados. Como resultado de esto, un grupo de diputados se presentó con el Presidente Calles quien los recibió y escuchó atentamente. El Presidente Calles, que también tenía debilidad por el bello sexo, les contestó muy claramente: “Señores, ¿yo no creo que ustedes me estén pidiendo que tenga eunucos y homosexuales en mi gabinete, no es así? El asunto está terminado.” El Presidente Calles rechazó la renuncia del Ing. Pani; al contrario, lo felicitó por su excelente manera de obtener un nuevo convenio sobre nuestra deuda exterior. Este convenio ahorró al país millones de pesos ya que reducía la deuda exterior en más de un 50%. El 3 de abril de 1925 los periódicos de México publicaron el reconocimiento del Presidente Calles a la labor del Ing. Pani.

De manera callada y constante el Ing. Pani había acumulado el pequeño sobrante en las finanzas del país, principalmente en centenarios y aztecas; dos de las más bella monedas de oro en el mundo. Dicho de otra manera, estaba formando el fondo monetario para el Banco Central. Pero Don Alberto no podía olvidar la forma en que lo habían tratado los “muchachos” de Wall street. Un buen día se le ocurrió una venganza muy numismática. Oportunamente entregó una fotografía de Gloria Faure a la American Bank Note Co., para que sirviera de modelo de la viñeta en billete de cinco pesos: El primer billete del Banco de México, S.A. 

En el año de 1925 fue presentado el billete No. 000.00001 al Presidente Gral. Plutarco Elías Calles.

Fuente: Antología Numismática Mexicana; Miguel L. Muñoz

Publicado en la revista COINage, Encino Calif., Noviembre 1975, p. 68-70.

Leído en español en la Asamblea de la Sociedad Numismática de México, del mes de febrero de 1977 Publicado en español e inglés por la Sociedad Numismática de México, A.C. en el Boletín No. 96, Vol. XII, Jul-Sept. 1977

 
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