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BREVES APUNTES HISTORICOS DE LA MISION TARAHUMARA

Es bien sabido, que en el año 1767, Carlos III, Rey de España y de las Indias, injustamente  expulsó a todos los jesuítas de España y sus dominios de América; incluyendo ignominiosamente a todos los insignes misioneros de las famosas reducciones del Paraguay, y de nuestra Sierra Tarahumara, y cuando se tuvo que abandonar la Misión por ser tan inicuamente arrojados los PP. De la compañía; la empresa misional fue llevada adelante por los antiguos Misioneros Franciscanos, Beneméritos de la civilización y cristianización de Anáhuac.

¿Y porqué, siendo restablecida la Cía de Jesús  en México, en el año 1816 no volvieron los PP: Jesuítas a encargarse de la Misión Tarahumara hasta fines del siglo XIX?, la primera razón obvia de esto fue la falta de personal, y a ésta, debe añadirse las asonadas revueltas militares y políticas junto con el funesto y persecutorio liberalismo, que desde la independencia Mexicana vienen desgraciadamente a integrar en gran parte nuestra historia de México.

Al restablecer la Cía. de Jesús en México, las Autoridades Eclesiásticas, Civiles y Militares de los estados de Sonora, Sinaloa, Durango, Coahuila y Chihuahua, pedían en documentos al Congreso General de la Nación y Presidente de la República, la restauración de las Misiones para la civilización de todos los indios del norte, siendo por fin; que el Gral. Santa Ana aún con aquiescencia de los mismos liberales, expide un Decreto el 21 de junio de 1843, restableciendo la Cía de Jesús en los Estados de California, Nuevo México, Sonora, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Coahuila y Texas, teniendo como único exclusivo objeto, dedicarse a la civilización de las tribus llamadas bárbaras por medio de la predicación del Evangelio, para que con ello se asegurara más la integridad de nuestro territorio.

Pero a pesar de todo esto, ni aún entonces pudieron los PP. de la Cía. acudir en auxilio de los inditos, porque se les negaban los medios más perentorios para sus traslados y aún para su subsistencia más humilde.

    Al fin llego un día, en que quizá Dios compadeciéndose de los indios tarahumaras, el R.P. José Alzola, S.J., firma en Saltillo junto con el nombramiento de Superior del Padre Arocena, el 9 de Septiembre de 1900, la iniciación oficial de la Misión de San Pedro de Claver, de la Sierra Tarahumara, siendo su fundación efectiva el 12 de Octubre del mismo año, bajo los auspicios de nuestra madre y señora Virgen de Guadalupe.

La Misión de San Pedro de Claver de la Sierra de Tarahumara quedó formada: por el P. Antonio Arocena como superior, los PP. Pablo Louvet, José María Vargas y el hermano Nicasio Gorgoza, merecidamente asignados por el padre Alzola.

 

Después, a instancias del primer Obispo de Chihuahua en aquel entonces, Don José de Jesús Ortiz, los Misioneros sentaron sus reales en el pueblo de Sisoguichi, implantándola como cabecera de la Misión, porque pensaron que este pueblo sería accesible como base, par partir a todos los puntos de la serranía entre los insondables barrancos y selvas vírgenes, marchando como heraldos de un mensaje de amor, ternura y misericordia.

No se puede calcular el valor de las obras de estos misioneros de la Cía de Jesús con los indios tarahumaras, viendo lo que hasta estos tiempos se ha fructificado, ya que solo pensando en las penalidades que sufrieron al recorrer esas sierra predicando y ensañando con una paciencia indescriptibles los conocimientos que tenían, solamente ellos pudieron llevar a cabo esta tediosa y loable labor quedando manifestada realmente por ese espíritu engrandecedor y ese amos a Dios, de ayudar a los semejantes, conviviendo con ellos aún a costa del sacrificio personal.

Trataban estos misioneros de ir formando grupos de indígenas a donde después el gobierno se encargaría de mandar maestros, les enseñaban a construir rústicas casas, labrar la tierra, crear el ganado, convivir socialmente, leer escribir, procurar su bien espiritual, esforzándose por desarraigar vicios, evitar uniones ilícitas (porque hemos de saber, que entre los indios e indias tarahumaras llevaban una vida marital desde muy temprana edad, generalmente desde los 12 ó 13 años de edad) y establecer vida cristiana con la frecuencia de sacramentos.

Continuaba ejerciendo sus funciones la Misión de una manera admirable, cuando a principios del año de 1925, comenzaron a sentirse los primeros del huracanado viento antirreligioso y persecutorio contra los misioneros jesuítas, en los cuales recaía el cargo de rebeldía contra las leyes del Presidente Calles.

 

Los Jesuítas sufrieron intrigas anticomunistas, persecuciones y detenciones, fenómeno por el cual se abandonó el objetivo en varias parte por parte de los misioneros, éstas aprehensiones y continúas persecuciones de que fueron objeto los sacerdotes, se inician desde el retirado pueblo de Tónachi, y viene a terminar en las estribaciones del volcán de Colima; atropellos tomando parte las tropas el Gral. Eulogio Ortiz y cumpliéndose órdenes “CALLISTAS”.

Después de un negro y tempestuoso nublado sufrido por los sacerdotes a consecuencia del Presidente Calles, vuelve la calma por el año 1929, feneciendo la actitud hostil de parte del Ejecutivo de México contra los misiones, ya que el único pecado que se había atribuido a estos jesuitas fue de que trataran de humanizar al elemento indígena de la Sierra Tarahumara.

Pasando algún tiempo de haberse calmado los ímpetus antirreligiosos, y autorizando otra vez la apertura de las iglesias, se pide el retorno de los PP. Que habían huido de México; para que volvieran a oficiar las misas entre los indios tarahumaras. Iniciando otra pausa en el mejoramiento indígena ya sobre pasos firmes.

Al observa los primeros pasos sobre el factor educación (Objeto propuesto desde un principio por los misioneros) vemos la magna labor realizada en mucho tiempo. (Esto consideramos la educación como las bases en que se sustenta la formación y desarrollo en un pueblo, nació o Estado), ya que solo al tener conocimiento de los resultados obtenidos por este conjunto de grandioso hombres “LOS JESUÍTAS”, podemos comprender lo que se puede obtener a base de mucha paciencia, perseverancia, esfuerzo, y desinterés personal.

Los Jesuítas empezaron por enseñar a los indios a leer, escribir y a encauzarlos en el conocimiento de las 4 operaciones fundamentales, tales son la suma, resta, multiplicación y división, enseñanza que impartían en 2 colegios formados y fundados por ellos mismos.

Los dos colegios en donde enseñaban a los indios eran “ EL TOHUISADO” y “EL TEHUECADO”, nombres tomados del lenguajes Tarahumara, de Tohuí que quiere decir niño, y tehueque que significa niña.

El Tohusado, era el colegio en donde los niños podían bajo la dirección de los PP. Jesuítas, y el Tehuecado se enseñaba a las niñas, estando administrado por las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús.

Para finalizar este interés e interminable tema, solamente expondremos los resultados de esta gran proeza ignorada por la mayoría de nosotros los mexicanos; (a los cuales nos debe interesar, al menos en el aspecto moral, político y social), la mayoría de los indios Tarahumaras viven ahora con costumbres civilizadas, aprenden a subsistir socialmente, cooperando así al desarrollo cultural del Estado en que vive, nacen y crecen con las creencias religiosas, se casan y procrean hijos bajo los sacramentos de la Santa Madre Iglesia, y sobre todo tratan de agradecer lo mucho que se ha hecho por ellos, dando a México hombre educados que luchan íntegramente por su desarrollo cultural, como lo vemos ya en varias partes de la República, hombres de origen Tarahumara que sin avergonzarse de su sangre, están dando a conocer la gran tarea efectuada por los PP. de la MISION DE LA TARAHUMARA.

 
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