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DOROTEO ARANGO ARÁMBULA (A) FRANCISCO VILLA

 

Doroteo Arango Arámbula, hijo de Agustín Arango y de Micaela Arámbula, nació el 5 de junio de 1878, en La Coyotada, del Municipio de San Juan del Río, Durango. Tuvo cuatro hermanos: Martina, Mariana, Antonio e Hipólito. A la muerte de su padre Agustín Arango, Doroteo de apenas 10 años se obliga a trabajar la yunta, para pagar ayudado por sus hermanos una deuda de 300 pesos a un agricultor apellidado López Negrete.

“Tú estás muy chiquillo, ¿cómo podrías pagar la deuda que dejó tu padre si es de trescientos pesos?”, exigía el terrateniente al niño y éste le contesta: “¡Muy bien señor nada más déme una yunta para trabajar, ya se hacerlo!”.

El primer año de trabajo ayudado por sus hermanos menores Antonio, Hipólito y Martina, logró pagarle 50 pesos y después de dos años no iba López Negrete a cobrar, pero mandó a su hijo, un joven de 20 años que fue a cobrarle directo a su casa, por lo que Doroteo escuchó de su madre “mira hijo, él tiene derecho a venir, es el hijo del dueño de las casas”, a lo que responde Villa “¡No señora, las casas en la actualidad son de nosotros, porque por eso nos las rentan y yo no permito que ese muchacho venga aquí, porque viene para ver a mi hermana y ya verá usted lo que puede pasar!”.

Doroteo pide ayuda a su tío, pero le responde: “dile a tu mamá que estoy enfermo, pero que veré si me puedo levantar para ir a Durango a ver a López Negrete”. Al salir de la casa Doroteo vio en un rincón una pistola cuarenta y cuatro con la carrillera llena de balas. Fue a ver a otro tío y por respuesta encuentra: “mira, dile a tu mamá que yo no puedo hacer nada, porque tengo una docena de hijos y mujer, si me meto en este lío, me meten al contingente rural, me ponen preso y mi familia se muere de hambre”.

Doroteo trabajaba con sus hermanos desde las seis de la mañana y su hermana Martina les llevaba una canasta con comida, cuando le salió al paso el hijo de López Negrete, pero al darse cuenta que Doroteo y sus hermanos lo habían visto, huyó y Doroteo relató a su madre lo acontecido, asegurándole: “ahora verás como esto no tiene buen fin”.

A los días, cuando Doroteo andaba juntando leña el hijo de López Negrete cayó a su casa, tironeando a su hermana para llevársela, pero Doroteo dejó los burros con leña, se fue a la casa de su tío, llegando hasta López Negrete al que dio un aventón; cuando quiso sacar su arma, ya Doroteo le había dado un balazo en la pierna; le quitó su arma y el caballo y en ella se dio a la fuga.

Detenido, lo quieren fusilar y mata policías

Por la riqueza de López Negrete, Doroteo es buscado hasta que lo detienen y encarcelan. Un Juez se niega a autorizar sea fusilado, por que es menor de edad y dura dos años en la cárcel de Durango, hasta que un día, con otro detenido, logran darse a la fuga y son perseguidos. A los días lo detienen y lo llevan otra vez a la cárcel. En el camino, los rurales se paran y en un descuido, Doroteo al que ya le habían quitado la pistola y una carabina, saca una pistola que traía en la sobaquera y con esa mata al capitán.

Meses después agarraron a Doroteo, que ya había adoptado el nombre de Francisco Villa, recordando a un amigo de su padre que se llamaba Francisco Villa y que había llegado a su casa a La Coyotada, procedente de Cananea, Sonora, donde era un líder. De él tomó su nombre y ya los manifiestos por detenerlo eran de 50 mil pesos en oro.

A los ocho días de ser detenido llegó la orden para fusilarlo, pues ya pasaba de 15 años de edad, por lo que le dijeron: “Te vamos a matar mañana a las seis de la mañana, aquí en la huerta”, a lo que responde Villa: “mi comandante, les voy pedir que no me peguen en la cara, que me reconozca mi madre, para que me de sepultura”. Le llevaron papel y lápiz, para que le escribiera a su madre y otro día se ordenó el fusilamiento.

“¡Véndenle los ojos -dijo el comandante y Villa le respondió- para qué me los vendan; le supliqué que no me peguen en la cara” y cuando le preguntaron sobre la carta para su madre, les respondió: “Aquí la traigo y sacando el papel con la mano izquierda se la dio al comandante al tiempo que con la derecha sacaba su pistola y lo mataba. Se armó la balacera y Villa mata otro policía, huyendo herido a la sierra.

Cuando estaba escondido, un grupo de bandidos al mando de Ignacio Parra, lo detienen y al darse cuenta que había matado a dos policías, lo curan y le dicen: “Si te vas con nosotros, somos como treinta hombres que nos dedicamos a asaltar para repartir el dinero entre los pobres”, a lo que Villa acepta, trasladándose con ellos a Chihuahua.

La primera acción de Villa, fue junto con otros compañeros robarse toda la caballada y mulada de López Negrete, llevándola desde Durango, hasta Presidio, Texas. Ahí se amistó con Claro Reza, al que luego hizo compadre. Anduvo un tiempo con ese grupo, hasta que se separa y trabaja en la mina de Hidalgo del Parral; su compadre Claro se dedica a la carnicería y Pancho Villa hizo rajuelas de ladrillo y se empleó como albañil, pero cuando era perseguido por la policía se fue para la sierra.

Conoció a Madero y entró a la Revolución

En sus “Memorias”, relata Villa que un día conoció a Madero y a don Abraham González “en una casa muy grande y muy bonita del cerro del Coronel, donde estaban escondidos y haciendo documentación para levantarse”. Traían de contacto a Claro Reza el compadre de Pancho Villa, quien era vigilado por el mismo Villa, que veía cómo entraba y salía al cuartel, para informar del movimiento de Madero.

Al darse cuenta Villa de los movimientos de su compadre Claro Reza conquistó 15 hombres y los puso a caballo sobre la vía del ferrocarril que va al noroeste. Mandó preparar un coche muy bueno con caballos buenos y ligeros y cuando salieron cien rurales a aprehender a Madero y Abraham González, Villa salió en el coche que había preparado, recogió a Francisco I. Madero y Abraham González y se los llevó hasta San Andrés, regresando luego con su gente, enfrentando a su compadre Claro Reza que encabezaba a los rurales y lo mató.

“Así comencé en la Revolución”, escribe Villa, quien recuerda que siendo ya Francisco I. Madero Presidente de México le dice: “aquí tiene su nombramiento como coronel, va a ser usted el secretario de Pascual Orozco”, a lo que Villa contestó: “señor Presidente, yo no puedo ser secretario de Pascual Orozco”, preguntando Madero “¿Por qué razón?” y Villa contesta un tanto apenado “porque no se leer ni escribir”, diciéndole Madero “¿pero trae el corazón bien puesto para la Revolución?” a lo que villa contestó: “sí señor, hasta derramar la última gota de sangre”.

Madero le reafirmó: “¡Tenga usted el nombramiento!, mañana llega Pascual Orozco y se presenta usted aquí”.

En efecto se presenta a Pascual Orozco y con él hacen varias acciones para detener al general porfirista Juan J. Navarro, quien le mata a Orozco diez mil hombres en la batalla de Cerro Prieto y se va a Casas Grandes, a donde llega Pascual Orozco con 20 mil hombres más y acompañado de Pancho Villa.

Aunque Madero que había sido herido, dijo que no se luchara en tres semanas, Francisco Villa, insistió ante Pascual Orozco, para luchar, porque le dijo:  “qué la gente que nos han matado no vale nada?  respondiendo Pascual Orozco: “haga usted como quiera”, a lo que le pide Villa: “Déme usted a Félix Terrazas con cuatro mil hombres y verá como desarmo a Navarro con todo y sus hombres”.

Así sucedió y Navarro detenido y obligado a replegarse, confesó a Porfirio Díaz, que no eran unos bandoleros los que los atacaron, sino el pueblo entero. 

Fuente: Enrique Estrada Barrera

Bibliografía: “Memorias” de Francisco Villa

 
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