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LA BATALLA DE RELLANO

La batalla de Rellano cerca de la población de Jiménez, Chihuahua, fue uno de los dos encuentros más importantes de la rebelión orozquistas, fue librada por dos ejércitos de mas o menos el mismo numero de tropas, y el botín, de acuerdo con la mayoría de los observadores, era la ciudad de México.

Las fuerzas del gobierno estaban divididas en tres columnas principales: una bajo el mando del general Trucy Aubert, la segunda bajo el general Joaquín Téllez y la tercera bajo los generales González Salas y Aureliáno Blanquet.

También los rebeldes congregaron para el encuentro a sus mejores lideres: Pascual Orozco, el comandante supremo, y los generales Emilio Campa y David de la Fuente.

En el primer encuentro, la artillería federal empujó a una gran fuerza orozquista a las montanas al norte de Rellano. Esperando aumentar su ventaja, el general González Salas ordenó que su tren de provisiones y gran numero de tropas avanzaran por una vía de ferrocarril y se preparan para un segundo ataque, pero mientras se cargaban las armas y municiones en el tren y los hombres lo estaban abordando, el general orozquisra Emilio Campa ordeno cargar con dinamita y empujar vía abajo la locomotora que estaba en poder de los rebeldes.

Cuando el tren de los federales empezó a moverse hacia arriba choco con la locomotora de los rebeldes que no llevaba gente y se produjo una gran explosión; veintidós soldados federales murieron, setenta fueron heridos y muchas provisiones fuero destruidas.

 

Los rebeldes aprovecharon inmediatamente el pánico que siguió. Orozco ordenó a su comandante de artillería, David de la Fuente, que disparara sobre los confundidos federales. Bajo el tiroteo, muchos de los soldados del gobierno trataron de escapar, y el general Blanquet se vio forzado a ordenarles a los leales que dispararan sobre los desertores. Para complicar aun más las cosas, González Salas perdió el contacto con su columna de apoyo comandada por el general Trucy Aubert, y ya en la tarde ordeno la retirada a Torreón, en vez de esperar los refuerzos.

González Salas, por no enfrentarse a los cargos que sin duda le harían sus superiores en la ciudad de México, se suicido. En una audiencia especial, varias semanas después de las batallas, el general Aureliáno Blanquet testifico: “Que había de ser... atacamos a la alemana y nos pegaron a la mexicana”.

La noticia de la derrota federal en Rallano fue ocultada a la prensa durante varios días, y cuando el relato apareció, los hechos habían sido vergonzosamente distorsionados. La prensa contribuyó a aumentar el pánico en la capital, al informar que el general Orozco continuaba hacia el sur a la cabeza de una columna de catorce mil hombres.

Los informes eran completamente erróneos. El embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, aparentemente basándose en la prensa de la ciudad de México, y tal vez en sus deseos personales, expreso la opinión de que el gobierno de Madero probablemente caería. El presidente Madero inmediatamente convocó a una junta especial del gabinete y nombro a Victoriano Huerta para remplazar a González salas como comandante de las operaciones. Huerta acepto la comisión pidiendo solamente que se le permitiera hacer todos los arreglos para la siguiente campaña, cosa que se le concedió.

A pesar de los temores, Orozco no se encamino hacia la ciudad de México: había vuelto su ejercito hacia el norte. Los creadores de mitos han citado la decisión de Orozco de no marchar sobre la capital después de su victoria en Rellano como una prueba de su incompetencia en asuntos militares: la capital del país yacía prácticamente a sus pies y el no tuvo la suficiente inteligencia para darse cuenta de ello.

 

En lugar de continuar “aquel triunfo de la irresponsabilidad y del apetito”, “los orozquistas fueron a celebrar aquel asesinato en masa a los salones del Casino Chihuahuense, acompañados de la burguesía porfiriana que aclamaba a su generalísimo. El primer traidor del maderismo”, “la orgía se prolongó demasiado” y no pudieron marchar sobre la capital.

Otra versión es de que a Orozco le faltó valor para continuar la marcha hacia la ciudad de México: ignorante de que González Salas se había suicidado, temía que el comandante federal estuviera organizando sus tropas para un encarnizado contraataque.

La decisión de Orozco de no marchar sobre la ciudad de México no fue resultado de la incompetencia militar, cobardía, o deseo de visitar burdeles de Chihuahua; la verdad es que toda la compaña que culmino con la victoria de Rallano había sido manejada con extraordinaria pericia.

Fuente: Fernández Rojas, De Díaz a Hueta, García Granados, Historia de México,  Informe oficial de la batalla de Rallano, Gral. Téllez AHDN, Alfonso Corona del Rosal, “Las Fuerzas Armadas de la Revolución”, en México, Cincuenta años de la revolución, La Política, México, Fondo de Cultura Económica, Memorias del General Victoriano Huerta, México, Librería de Quiroga, Valades, Francisco I. Madero, Romero Flores, Del Porfiriato a la Revolución, Lara Pardo, “Orozco contra Madero”, Ramón Puente, La Dictadura, la revolución y sus hombres, México, Editorial Botas.

 
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