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DIEGO GUAJARDO FAJARDO

GOBERNADOR Y CAPITÁN GENERAL DE LA NUEVA VIZCAYA

Nació en Córdova, caballero de la Orden de Santiago, hijo de Carlos Guajardo Fajardo y Herrera y María Mencía de Pineda. Caso con doña Maria Nieto de Silva, natural de México y originaria de Ciudad Rodrigo, hija del gobernador y capitán general de Filipinas don Fernando Nieto de Silva.

Gracias a las acciones de Diego Guajardo Fajardo se conocieron nuevos territorios y se fundaron nuevos asentamientos o poblados, además que combatió a los Tarahumaras en sus sublevaciones.

En 1639 fue nombrado Capitán del Presidio de San Martín, que es una isla ubicada en el mar Caribe a 240 kilómetros aproximadamente de Puerto Rico, sustituyendo a Luis de Valdez y Rejano. Durante su desempeño en dicho cargo, en mayo de 1644 rechazó el ataque del Holandes Peter Stuyvesant quien a consecuencia de dicho combate perdió una pierna, este último personaje fue el Gobernador de Nueva Amsterdam, que luego se convirtió en Nueva York.

Diego Guajardo Fajardo fue nombrado Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas de 1644 a 1648. Posteriormente, fue nombrado por el Rey Felipe IV para gobernador y capitán general de la Nueva Vizcaya, cargo en el que estuvo al mando de 1648 a 1652.

En 1649 el gobernador de la Nueva Vizcaya con sede oficial en Durango, se cambió a San José del Parral donde fijo su residencia y mando construir la Casona Real del Gobierno provincial, convirtiendo de hecho a San José del Parral, en la capital del Reino de la Nueva Vizcaya por más de noventa años.

 Por esas fechas se acababa de casar con María Nieto de Silva y dejándolo todo a un lado cumplió con su deber y acudió personalmente a controlar una sublevación de los indios Tarahumaras que acababa de estallar, salió al frente de trescientos sesenta hombres, entre españoles e indios amigos.

En 1650 volvieron a levantarse los tarahumaras, unidos, esta vez,  a los conchos y a los tobosos. El virrey ordena al gobernador, que haga construir un nuevo Presidio en Papigochic para detenerlos, a los dos años el Presidio fue destruido y el padre Jacomé muerto: lo mataron a flechazos y para que ni sepulcro de él se conservase, arrojaron el cadáver en el incendio del fuerte. El conocimiento de estos sucesos provocaron  temor en los vecinos de las poblaciones  villas de la Nueva Vizcaya, mientras tanto, los indios se infundían de valor para seguir atacando a los españoles con el fin de librarse de su sometimiento.

Los sublevados trataron de procurar la paz, con lo que el gobernador estuvo de acuerdo, siempre y cuando, le entregaran a los cuatro caciques que iniciaron la revuelta, de nombres Tepox, Don Bartolomé, Ochavarri y Supichiochi, lo que finalmente se llevó a cabo, con la entrega a Guajardo de sus cabezas.

Fue Diego Guajardo quien en esa expedición vio las tierras en donde posteriormente se fundaría el mineral de Cusihuiriachi. De la misma manera fue el quien dispuso que se fundara una nueva población que intitulo La Villa de Aguilar en un puesto abundante de tierras, agua, leña y pastos que se localiza en el riñón de la sierra.

Dejó en ese puesto algunos soldados con su cabo y se dirigió a Parral, de donde deseaba mandar algún buen número de gentes que fueron pobladores de aquella villa pero no lo consiguió por estar tan apartado y no haber el atractivo de la plata, con todo y ello, finalmente consiguió que fueran algunas familias.

Igualmente realizó gestiones para que fuera enviado un religioso a dicha villa y fundara una Misión en el valle del Papigochi, donde corre un río y habitaban muchos Tarahumaras, con tal fin fue enviado el padre Cornelio Baudín, conocido como padre Godinez, quien fundó la Misión, posteriormente los tarahumaras atacaron la misión del papigochi y dieron muerte al religioso.

En 1650 volvieron a levantarse los tarahumaras, unidos, esta vez,  a los conchos y a los tobosos. El virrey ordena al gobernador, que haga construir un nuevo Presidio en Papigochic para detenerlos. Los españoles cansados de la rebeldía tarahumara, deciden quemar casas y sementeras, la reacción indígena fue asesinar a todos los blancos. Finalmente los persiguen hasta el peñol de San Miguel del Nonolat donde el enemigo se había fortificado, y aunque los indios oponen feroz resistencia, Guajardo Fajardo los vence y los obliga a emprender la huída.

A los dos años, 1652, el Presidio fue destruido y el padre Jácome muerto. El padre había sido avisado por el cacique Don Pedro del ataque de los indios, cuyo propósito era dar muerte a todos los vecinos de la villa. El padre se negó a abandonar el lugar, pero envió a un indio con esas noticias al gobernador de la Nueva Vizcaya.

El gobernador dirigió las operaciones militares en contra de los Tarahumaras, llegando a plantar sus reales en el valle de Tomochi mandó a horcar al cacique Teporame y otorgó paz a los sublevados, dividiendo la Tarahumara en cinco zonas encomendadas a capitanes indios.

Fuente: Creative Commons
 
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