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CAPSULA CULTURAL... LA “CASA DE ADOBE” EN CIUDAD JUÁREZ, CHIHUAHUA

A unos siete kilómetros al noroeste de la plaza de armas se localiza el sitio exacto donde estuvo la casa de adobe original. El edificio actual es una replica exacta de lo que fue la sede de la presidencia provisional de Francisco I. Madero en la Revolución. Aquella primera casa se conocía en 1911 como el rancho de las flores.

Era una rústica construcción en las afueras de Ciudad Juárez donde Madero se instaló como Presidente Provisional del gobierno revolucionario, acompañado por el Consejo de Estado que designó.

Lo integraban como titulares de las carteras de Gobernación, Federico González Garza; de Relaciones Exteriores, Francisco Vázquez Gómez; de Justicia, José María Pino Suárez; de Comunicaciones, Manuel Bonilla; y de Guerra, don Venustiano Carranza.

La casa se conocía entre los revolucionarios como “Palacio Nacional” y el Consejo de Estado, como “el Gabinete”. En contraparte, su cercanía con Estados Unidos le daba la rara ventaja entonces de contar con una línea telefónica.

Era abril de 1911, Madero negociaba con los representantes de don Porfirio Díaz lo que después se conoció como El Convenio de Ciudad Juárez.

El 21 de mayo se concluyó el acuerdo que en su único artículo decía: “Desde hoy cesarán en todo el territorio de la república las hostilidades que han existido entre las fuerzas del gobierno del general Díaz y las de la Revolución, debiendo estas ser licenciadas a medida que en cada Estado se vayan dando los pasos necesarios para establecer y garantizar la tranquilidad y el orden públicos.” Todo a cambio de una promesa de renuncia del dictador para un mes después.

 

El pacto de Ciudad Juárez fue muy mal recibido por la población. Se esperaba que la renuncia del Presidente Díaz se presentara a la cámara de Diputados el día 24 de mayo. Cuando esto no sucedió, nos dice el ilustre diplomático y revolucionario don Isidro Fabela, “…la multitud enardecida pidió a gritos, fuera del recinto parlamentario y después en manifestaciones cada vez más y más agresivas, la ansiada dimisión. Una masa popular como de veinte mil almas, cantando el himno nacional, penetró por las avenidas cinco de mayo y San Francisco – hoy Madero – hasta el Zócalo, con pretensiones de invadir el Palacio Nacional.

Entonces sobrevino la catástrofe: las fuerzas federales dispararon sobre la muchedumbre, haciendo multitud de muertos y heridos. El hecho trágico llevó el espíritu público al paroxismo, siendo entonces cuando exigió, con apremios terribles, la renuncia del general Díaz, que al fin fue presentada, después de la hecatombe que el propio dictador pudo haber evitado con sólo adelantar unas horas su prometida dimisión.” 

 

Los revolucionarios que acompañaban a Madero en la Casa de Adobe no estaban de acuerdo con la negociación. El general Francisco L. Urquizo relata, quizá de manera un tanto dramatizada, un episodio de esas negociaciones.

Ocurrido el 7 de mayo de 1911, cuando el representante porfirista alegaba en tono vehemente: “¿Queréis la renuncia del general Díaz? ¡Pedís demasiado! Se os dan cuatro ministros y catorce gobernadores y aún esto, que es mucho ¿se os hace poco? ¿Es que no os dais cuenta de vuestra situación? ¡Reflexionad!, ¡reflexionad!”

Antes de que don José María Pino Suárez, que presidía la reunión, reaccionara, una voz grave y sonora irrumpió diciendo:

“Pues precisamente porque hemos reflexionado con toda atención y madurez nuestra situación frente al gobierno, por eso mismo rechazamos vuestros argumentos y no aceptamos lo que se nos propone.” […]

“Revolución que transa es revolución perdida. Las grandes reformas sociales sólo se llevan a cabo por medio de victorias decisivas. Si nosotros no aprovechamos la oportunidad de entrar en la Ciudad de México al frente de cien mil hombres y tratamos de encauzar a la revolución por la senda de una positiva legalidad, pronto perderemos nuestro prestigio y reaccionarán los amigos de la dictadura.” 

 

“Las revoluciones, para triunfar de un modo definitivo, necesitan ser implacables. ¿Qué ganamos con la retirada de los señores Díaz y Corral? Quedarán sus amigos en el poder; quedará el sistema corrompido que hoy combatimos. El interinato será una prolongación viciosa, anémica y estéril de la dictadura. Al lado de esa rama podrida el elemento sano de la revolución se contaminaría. Sobrevendrán días de luto y miseria para la república y el pueblo nos maldecirá, porque por un humanismo enfermizo, por ahorrar unas cuantas gotas de sangre culpable, habremos malogrado el fruto de tantos esfuerzos y de tantos sacrificios. Lo repito: La revolución que transa, se suicida.”

“Palabras de vidente – dice el General Urquizo – fueron aquellas que pronunciara aquel orador reposado, sí, pero convencido. […] Venustiano Carranza, que fuera el orador que las pronunciara.”

En efecto el gobierno del Presidente Madero fue hostilizado por las elites económicas y sociales y después traicionado y asesinado por el jefe del ejército, Victoriano Huerta, con la complicidad del Embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson.

Fuente: Wikipedia. Pedro Sánchez Briones/El Diario. Gustavo Iruegas/ La Jornada. Creative Commons.

 
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