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MIGUEL MIRAMÓN

GENERAL MIGUEL GREGORIO DE LA LUZ ATENÓGENES MIRAMÓN Y TARELO (1831–1867)

Nació en la Ciudad de México el 29 de septiembre de 1831 en el seno de una familia acomodada, de ascendencia francesa, hijo legítimo del Teniente Coronel don Bernardo Miramón Arrequívar y doña María del Carmen Tarelo.

Sus estudios primarios los hizo con profesores particulares, ya que su familia era de recursos económicos holgados y luego pasó al Colegio Militar para estudiar la carrera de las armas, en el Castillo de Chapultepec, como lo habían hecho su padre, sus tíos y hermanos mayores.

El 10 de febrero de 1846 ingresó al Colegio Militar de Chapultepec, a cuya defensa concurrió el 13 de septiembre del año siguiente, siendo uno de los jóvenes alumnos (Niños Héroes) que se batieron contra los invasores estadounidenses, quienes lo capturaron como prisionero de guerra.

La anarquía y las constantes revoluciones que vivió el país en esa época, lo decidieron a militar en el Partido Conservador, al considerarlo como la única opción restauradora del orden y progreso de México. En 19 de octubre de 1852 se le expide despacho de subteniente de artillería, obteniendo en corto tiempo despachos de los empleos superiores, hasta llegar al de General de Brigada el 25 de enero de 1858 y de General de División el 22 de diciembre del mismo año.

Sirvió en el Cuerpo de Artillería como Oficial y como profesor en el Colegio Militar, y en los batallones Activo de Puebla, de la Baja California, de Cazadores y 11° de Línea. Participó en la revolución contra los vencedores del Plan de Ayutla y contra la Constitución de 1857. Obtuvo importantes mandos de cuerpos de tropas.

Durante la Batalla de Chapultepec Miguel Miramón sobrevive siendo capturado como prisionero de Guerra liberado el día 29 de febrero de 1847 junto a otros 48 prisioneros. El 11 de noviembre de 1847 recibe la medalla en honor a los defensores de la Batalla de Chapultepec, según listado entregado por Manuel Azpilcueta y autorizada por Mariano Monterde, apareciendo el lunes 16 de octubre de 1848 en El Correo Nacional del Superior Gobierno de la República Mexicana.

Luego de la repentina muerte del general Luis G. Osollo en junio de 1858, Miramón se consolida como caudillo de los conservadores. Vencedor de los liberales en las batallas de Puerto de Carretas, Barranca de Atenquique y Ahualulco; a partir del 6 de marzo de 1859 sitia al gobierno de Benito Juárez en Veracruz, pero la intervención de la marina estadounidense, que captura dos buques mexicanos en aguas mexicanas, le impide consumar la victoria.

El 11 de abril de 1859, el jefe conservador Leonardo Márquez derrota al general liberal Santos Degollado en Tacubaya y le hace doscientos prisioneros militares; Miramón le ordena fusilar a los oficiales del grupo, pero Márquez se extralimita asesinando a todos los prisioneros e incluso a los practicantes de medicina que atendían a los heridos y a vecinos del lugar partidarios de la República. Miramón gobierna México en dos períodos, ambos como Presidente interino; su primer mandato fue del 2 de febrero de 1859 al 13 de agosto de 1860, sucediendo a Manuel Robles Pezuela.

El segundo mandato fue del 16 de agosto al 24 de diciembre de ese mismo año. Dos días antes, casi sin recursos, hizo un último intento por salvar a su causa, pero fue batido por Jesús González Ortega en la batalla de San Miguel Calpulalpan dando fin a la Guerra de Tres Años o Guerra de Reforma, (1858 - 1861). Miramón renunció a la presidencia y abandonó el país, rumbo a La Habana, Cuba.

El gobierno republicano de Benito Juárez se fortalece con el apoyo estadounidense, pero los constantes problemas económicos, las deudas contraídas con otros países, la anarquía reinante y la ruptura definitiva entre la Iglesia y el Estado fueron preocupación de los conservadores, quienes, sin el conocimiento de Miramón, quien estaba ausente del país, buscaron ayuda en las Cortes españolas y francesas para poner una Monarquía en México. Napoleón III, Emperador de Francia, oportunista, obtuvo el apoyo de la mayoría de los conservadores mexicanos para lograr sus designios imperialistas en México y, después de convencer a Maximiliano de Habsburgo-Lorena, Archiduque de Austria, para que se convirtiese en Emperador de México, invade México en 1862 con sus tropas expedicionarias; al ocupar la capital, deja al gobierno mexicano en precaria situación y huyendo de la persecución francesa; los conservadores creyeron volver al poder, pero el Emperador se mostró como un liberal moderado.

Aunque opuesto a la Segunda Intervención Francesa en México, Miguel Miramón, a instancias del Arzobispo Antonio de Labastida, regresa a México para ofrecer sus servicios al Imperio, presentándose en la capital el 28 de julio de 1863. Maximiliano, receloso de su prestigio, lo envía a Europa a estudiar táctica militar.

Vuelve en 1866 sólo para ver cómo el Imperio va retrocediendo ante las fuerzas republicanas, que cuentan con la decisiva ayuda económica y material del gobierno de los Estados Unidos. Este país se recuperaba de la recién terminada guerra civil y vuelve su mirada hacia México.

El retiro del apoyo de Napoleón III al Imperio, al ordenar a sus tropas regresar a Francia, ante la posible intervención norteamericana directa, contribuye a que los republicanos recuperen rápidamente el territorio. Maximiliano, abandonado por Napoleón, finalmente se apoyó en los militares conservadores que había relegado, principalmente en Miramón, para levantar un ejército mexicano que sostuviera su imperio; pero era demasiado tarde.

El Emperador vaciló ante el consejo del General Bazaine, quien, como muchos otros, le pedían que abdicara el trono y regresara a Austria. Maximiliano pensó aceptar dicha recomendación y tuvo serias dudas en hacerlo, pero pesó más su convicción de que un Habsburgo tenía un sentido del honor que le impedía abandonar sus deberes, y eligió quedarse en México y seguir luchando en contra de los liberales. La incansable actividad de Miramón rindió frutos, pues en poco tiempo organizó un respetable ejército de alrededor de 9,000 hombres, del que se puso al mando el propio Emperador.

En febrero de 1867 a pesar de las fundadas objeciones de Miramón, el general Leonardo Márquez, con quien Miramón tuvo graves dificultades, persuadió a Maximiliano para que estableciese como base de operaciones la ciudad de Querétaro; decisión poco juiciosa pues esa plaza presentaba mayores dificultades de defensa que la sede de los poderes imperiales en la Ciudad de México, además de ser suceptible de ser sitiada por completo, sin posibilidad de auxilio exterior, como en efecto ocurrió a partir de marzo. Márquez, acompañado por Santiago Vidaurri y Julián Quiroga regresó a México con la encomienda de reclutar y enviar refuerzos; en Querétaro los Generales Miramón y Mejía se encargarían de la defensa de la plaza y del mando de las tropas imperiales.

Las fuerzas de Miramón y Mejía, completamente sitiadas por un ejército juarista muy superior en número y armamento, iban debilitándose a pesar de éxitos parciales, como la sorprendente acción del Cerro del Cimatario que dirigió Miramón el 27 de abril de 1867; logrando abrir momentáneamente el cerco, hecho que inexplicablemente no fue aprovechado, como éste lo aconsejaba.

El general Miramón planeó romper el sitio, pero antes de llevarlo a cabo, el fin se precipitó con la traición del coronel Miguel López, quien, en la madrugada del 15 de mayo, entregó la vital posición de la Cruz a los sitiadores, quedando la ciudad a merced de los liberales. La actuación del General Miramón durante el Sitio de Querétaro fue brillante. Maximiliano fue apresado junto con el General Mejía y pronto fue detenido también Miramón, quien al enterarse de la traición, se dirigió al centro de la plaza y encontró una fuerza enemiga; registrándose un tiroteo, en el que resultó herido en la cara y en un dedo de la mano izquierda; logró refugiarse en casa de un doctor de apellido Licea, quien lo tortura durante dos horas pretendiendo extraer una bala que había salido y ya indefenso, fue delatado y capturado.

Los tres personajes fueron sometidos a juicio y condenados a muerte según el decreto del 25 de enero de 1862 proclamado por el gobierno republicano. Tanto los dos Generales como el Emperador aceptaron su suerte con valentía.

A las siete y cinco de la mañana del 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas en Querétaro, Maximiliano, Miramón y Mejía fueron fusilados por un pelotón de soldados republicanos del ejército del general Mariano Escobedo.

Fuente: Wikipedia. Creative Commons.

 
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