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JUAN N. ÁLVAREZ

JUAN NEPOMUCENO MARÍA ÁLVAREZ HURTADO (1790-1867)

Nació el 27 de enero de 1790, en el barrio de la Tachuela, región comprendida de la entonces población de Santa María de la Concepción de Atoyac (hoy Atoyac de Álvarez), Guerrero, entonces parte de la intendencia de Puebla. Fue hijo de Antonio Álvarez y Rafaela Hurtado.

Tras haber estudiado la primaria en la Ciudad de México, Álvarez volvió a Atoyac a los 17 años, para recibir su herencia, que, era de considerable magnitud y de la cual fue despojado por su tutor quien lo esclavizó en las labores de su propia hacienda, hasta que por su paso por la Costa se unió a Morelos. En 1810, a sus cortos 20 años, se sumó a la lucha de Independencia de México, bajo el mando de José María Morelos y Pavón como soldado raso y rápidamente ascendió a capitán dado su valor a toda prueba e inteligencia, que le valieron el reconocimiento de sus superiores.

Se cuenta como anécdota que el generalísimo Morelos le decía de cariño “galleguito”, por su apariencia y tez blanca. Correligionario de Hermenegildo Galeana, Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, próceres del movimiento de Independencia oriundos de la misma región del sur de la república que posteriormente se convertiría en el estado de Guerrero, le sobrevivió a los tres y se convirtió en todo un personaje de leyenda que consagró su vida a las mejores causas del país.

Se distinguió en muchas acciones de guerra, especialmente en el Aguatillo y la Sabana, en la que quedó herido en ambas piernas. En el asalto de Tixtla, en la Batalla de El Veladero. Cuando Morelos fue fusilado el 22 de diciembre de 1815, Álvarez se sumó a las fuerzas de Vicente Guerrero, quien combatía a las tropas realistas en las montañas del sur de la intendencia de México.

En 1821 logró tomar para las fuerzas insurgentes de Guerrero el puerto de Acapulco, hecho por el que le concedieron el cargo de comandante general de la plaza. A partir de ese momento y durante 45 años fue uno de los principales caudillos militares del país y una figura política de primera magnitud.

Dada su militancia desde muy temprana edad en las filas de la insurgencia y nutrido desde ese momento de las ideas republicanas del Congreso de Chilpancingo, siempre fue un decidido defensor de la República, de la causa de la Federación y de las ideas liberales. Desde un principio se opuso a Agustín de Iturbide cuando éste se proclamó emperador y trató, aunque sin éxito, de salvarle la vida a Vicente Guerrero cuando, traicionado por Bustamante, fue apresado y fusilado en Oaxaca en 1830.

Siempre combatió el centralismo. Enemigo acérrimo de Santa Anna y Bustamante, los desafió desde las montañas del sur y se opuso de manera enérgica a la revuelta de 1833, que defendía la consigna “religión y fueros”. En 1845 pacificó el sur del país usando, más que las armas, la persuasión y el ofrecimiento de resolver los problemas, dado a la ascendencia que tenía sobre las gentes y a su gran carisma personal.

Declaró que para que los indios fueran pacíficos productores no hacía falta recurrir a las armas, sino protegerlos de los hacendados y de quienes los despojaban de sus tierras, hecho por lo que nunca en realidad licenció sus tropas, pues mantenía en torno suyo a un grupo de aguerridos soldados que lo protegían; incluso, cuando se dio la revolución de Ayutla y llegó hasta la ciudad de México, la gente hablaba de sus “batallones de pintos”, mal que aquejaba a parte de sus leales soldados. Gracias a esto siempre dispuso de un ejército la División del Sur y constituyó un cacicazgo de tipo paternalista.

En 1847 acudió a defender la capital contra la invasión norteamericana. Fue gobernador de Guerrero de 1849 a 1853, apoyó el Plan de Ayutla y cuando triunfó la revuelta, fue elegido presidente provisional el 4 de octubre de 1855. En los pocos meses que duró en el cargo convocó al Congreso que emitió la Constitución de 1857, además de promulgar la Ley Juárez, con la cual se suprimían los fueros del clero y del ejército.

En 1861 fue declarado Benemérito de la Patria y al ocurrir la invasión francesa una vez más defendió nuestro suelo al frente de la División del Sur.

Murió poco tiempo después del triunfo de las armas nacionales sobre el Imperio de Maximiliano, en su hacienda de La Providencia, dentro de su estado natal de Guerrero, el 21 de agosto de 1867. Sus contemporáneos lo llamaban La Pantera del Sur.

Sus restos fueron trasladados con honores a la Rotonda de los Hombres Ilustres en la Ciudad de México el 25 de diciembre de 1922.

Fuente: Wikipedia. Dr. Javier Moctezuma Barragán. Bibliografía: El Colegio de México (2009) Historia general de México, versión 2000 capítulo "El liberalismo militante", Lilia Díaz, México, ed. El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, ISBN 968-12-0969-9. Creative Commons.

 
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