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PANCHO VILLA Y LA DIVISIÓN DEL NORTE LLEGAN A LA CIUDAD DE CHIHUAHUA

Cuando la recién nacida División del Norte derrotó a los Huertistas en Chihuahua y entró victoriosamente a la capital del estado, el 8 de diciembre de 1913, Pancho Villa, de acuerdo con el Plan de Guadalupe promulgado por Venustiano Carranza en marzo de ese año, se hizo nombrar gobernador del estado y formó su gobierno con los miembros de la junta, encargando a Silvestre Terrazas la Secretaría General de Gobierno, cargo desde el cual fungiría como el verdadero gobernador en lo referente a la administración pública.

No designó para ese cargo a Aureliano González, lo que hubiera representado una clara continuidad con el periodo maderista, porque don Aureliano, valiente abogado de oposición, había sido un gobernante gris y mediocre; por el contrario, el prestigio de don Silvestre no había disminuido durante el periodo maderista y buena parte de las clases medias lo seguían considerando la conciencia pública del estado.

De hecho, el general Villa le ofreció, en primera instancia, que se hiciera cargo del gobierno, pero Terrazas rehusó por considerar que los atrabiliarios caudillos no respetarían a un civil aparentemente recién llegado y sólo accedió a encargarse de la administración a la sombra de Villa.

Villa como gobernador de Chihuahua creó el Banco del Estado de Chihuahua por decreto el 12 de diciembre de 1913, con la idea de apoyar la reforma agraria en Chihuahua por prestar dinero a los agricultores, rancheros y pequeños empresarios a un precio razonable de de interés

El Banco nunca comenzó a funcionar como se pretendía, sino que se convirtió en una sociedad de cartera por las tierras confiscadas y los bienes de la aristocracia. N la emisión formal de las notas se produjo, pero unos pocos ejemplos se abrieron paso en circulación en 1915, siendo utilizado por los líderes de las milicias locales para pagar a sus tropas.

 

Cuatro días después Pancho Villa publicó el Decreto de Confiscación de Bienes de los Enemigos de la Revolución, que alteró de manera decisiva el injusto sistema en que descansaba la propiedad raíz en el estado, poniendo todas las propiedades de los "enemigos de la Revolución" bajo administración del Banco del Estado, creado por decreto del mismo día. Ambos decretos llevan las firmas de Villa y Silvestre Terrazas, quien probablemente fue el encargado de traducir al lenguaje jurídico las intenciones del Centauro.

En este decreto está expuesta la política agraria del villismo: los revolucionarios campesinos del norte llevaban tres años pensando en el tipo de sociedad que querían para "después del triunfo" y cómo habría de construirse ésta, de modo que tan pronto tuvieron el poder, así fuera a escala local, lo aplicaron, de acuerdo con el "sueño de Pancho Villa", que citamos también íntegramente y que Pancho Villa le expuso a John Reed más o menos al mismo tiempo que hizo público el decreto anterior:

Cuando se establezca la nueva república, no habrá más ejército en México. Los ejércitos son los más grandes apoyos de la tiranía. No puede haber dictador sin su ejército. Pondremos al ejército a trabajar. Serán establecidas en toda la república colonias militares formadas por veteranos de la Revolución. El Estado les dará posesión de tierras agrícolas y creará grandes empresas industriales para darles trabajo. Laborarán tres días de la semana y lo harán duro, porque el trabajo honrado es más importante que el pelear y sólo el trabajo así produce buenos ciudadanos. En los otros días recibirán instrucción militar, la que, a su vez, impartirán a todo el pueblo para enseñarlo a pelear. Entonces, cuando la patria sea invadida, únicamente con tomar el teléfono desde el Palacio Nacional en la ciudad de México, en medio día se levantará todo el pueblo mexicano de sus campos y fábricas.

 

De ambos textos (y otros posteriores, que los complementan) se desprende lo que un historiador ha llamado la "vaga utopía del México del futuro" que forma parte fundamental "del ser y el ideal del villismo". Hay que señalar la expedita justicia ranchera inherente al decreto de confiscación: aunque en términos sociales los resultados se verían más adelante ("al triunfo de nuestra causa"), sin esperar ese momento se expropiaban los latifundios del clan Terrazas–Creel y de otras familias vinculadas con ellos, justificando el hecho, en primer término, por las acciones políticas de los referidos oligarcas. Es altamente significativo que las propiedades de los Zuloaga, administradas por Alberto Madero, no estén incluidas en el decreto, como tampoco lo están, para ahorrarse problemas, los latifundios propiedad de compañías o particulares estadounidenses o británicos. Tampoco fueron expropiadas, al parecer, las tierras de los Gameros, quizá porque don Tomás y don Manuel habían colaborado con los mutualistas y en 1909 y 1910 respaldaron tibiamente al antirreeleccionismo.

Mientras triunfaba la causa y se repartían, esas extensas y prósperas heredades serían administradas por el Banco del Estado y sus beneficios serían utilizados para cubrir los crecientes gastos de la guerra. Gracias a estos recursos se homogeneizó el armamento de las tropas, se uniformó a los soldados y empezó a pagárseles con regularidad, convirtiendo a la División del Norte en un ejército profesional, aunque por el momento no recibieron esos beneficios las brigadas que combatían en la frontera del dominio villista (las brigadas Juárez de Durango, Robles, Primera de Durango y Morelos).

Hay muy pocos testimonios sobre la administración de los bienes expropiados. Se sabe que los administradores eran jefes designados por Villa, revolucionarios de confianza como Julio Acosta, Baudelio Caraveo, Andrés Rivera y Juan N. Medina, quienes eran celosamente supervisados por los funcionarios del Banco del Estado, dependientes de Silvestre Terrazas, y por la aguda mirada de Pancho Villa; lo que es cierto es que, con las ideas de Villa y los consejos de Terrazas, se reactivó la economía de Chihuahua, se redistribuyó rápidamente la riqueza del estado y la División del Norte se convirtió en un poderoso ejército que en marzo de 1914 salió a conquistar la Comarca Lagunera. Detrás de él, Villa dejó como gobernador del estado al general Manuel Chao, vigilado de cerca por Silvestre Terrazas, quien continuaría al frente de la Secretaría General de Gobierno, el Banco del Estado y la administración de los bienes expropiados, base económica del Ejército Villista. 

Fuente: Wikipedia. Creative Commons.

 
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