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ARRESTO Y EJECUCIÓN DEL PADRE PRO

MIGUEL AGUSTÍN PRO JUÁREZ S.J.

Diez días antes de su martirio, el 13 de noviembre de 1927, en plena persecución religiosa desatada por el Gobierno en contra de la Iglesia y contra el Pueblo de México, por su fe, cuatro inconformes con la política antirreligiosa decidieron ejecutar su plan de matar al entonces Presidente re-electo, Álvaro Obregón. Ellos eran Luis Segura Vilchis, José González, Juan Tirado Arias y Nahum Ruiz.

El General Obregón acostumbraba acudir a la corrida de toros. Aquel día, Segura Vilchis aguardaba en un automóvil marca Essex, con sus compañeros conspiradores, el paso de Obregón, sobre quien dispararon y arrojaron bombas a su automóvil, con tan mala puntería que fracasaron en su intento. Los guardaespaldas hirieron a Ruiz y a Tirado, haciendo que se estrellaran en la esquina de Liverpool e Insurgentes de la colonia Juárez.

En las investigaciones la policía encontró que el Essex había pertenecido a Humberto Pro, hermano del Padre. Este hallazgo les permitió aseverar que los tres hermanos Pro, incluidos Roberto y el Padre eran los responsables del atentado. Los capturaron el 17 de noviembre.

El autor verdadero, el Ingeniero Segura Vilchis, había ágilmente saltado del automóvil desde el que arrojó la fallida bomba. Luego siguió caminando impertérrito por la banqueta mientras preparaba una coartada admirable. Obregón se dirigía a los toros. Segura Vilchis, sin ser reconocido por los esbirros, entró a la plaza detrás del general, buscó su palco y encontró el modo de hacerse bien visible y reconocible por éste. Así podía citarlo como testigo de que él se hallaba en los toros pocos minutos después del atentado.

Cuando Segura Vilchis se enteró de que se estaba inculpando a tres inocentes, se entregó como único responsable del atentado, esperando que se soltara a los tres hermanos, pero no fue así, porque Calles y Obregón tenían en sus manos el instrumento para escarmentar a la Iglesia, atemorizar al Pueblo y vengarse de un sacerdote que había ejercido su Ministerio en la clandestinidad.

Si verdaderamente el Padre Pro hubiese sido responsable del atentado, con gran promoción se le habría entablado un juicio público que habría servido para desprestigiar a la Iglesia y a sus sacerdotes, pero como tampoco se podía condenar a un inocente, pues su culpabilidad no había podido demostrarse, se optó por dar un escarmiento con la muerte del inocente, por lo que decidieron fusilarlo sin previo juicio y adelantando la hora de la ejecución para evitar cualquier acción legal en su  favor.

 

Así el 23 de noviembre de 1927, a la puerta del fatídico sótano, y minutos después de la diez de la mañana, un policía llamo a gritos al preso: "¡Miguel Agustín Pro!" Salió el padre y pudo ver el patio lleno de ropa y de invitados como a un espectáculo de toros, a multitud de gente, a unos seis fotógrafos por lo menos y a varios miembros del Cuerpo Diplomático "para que se enteraran de cómo el gobierno castigaba la rebeldía de los católicos".

El padre Pro caminó sereno y tuvo tiempo de oír a uno de sus aprehensores, que le susurraba:

-Padre, perdóneme.

-No sólo te perdono -le respondió-; te doy las gracias.

-¿Su última voluntad? -le preguntaron ya delante del pelotón de fusilamiento.

-Que me dejen rezar.

 

Se hincó delante de todos y, con los brazos cruzados, estuvo unos momentos ofreciendo sin duda su vida por México, por el cese de la persecución, y reiterando el ofrecimiento de su vida por Calles, como ya lo solía hacer antes... Se levantó, abrió los brazos en cruz, pronunció claramente, sin gritar.- ¡Viva Cristo Rey! y cayó al suelo para recibir luego el tiro de gracia.

 El 23 de noviembre de 1927 Miguel Agustín Pro Juárez S.J., murió fusilado en la ciudad de México.

Fuente: Wikipedia. El Pulso de la Fe. www.sjmex.org. Creative Commons.

 
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