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MANIFIESTO A LA NACIÓN DESDE BOCA GRANDE, CHHUAHUA, 1918

Compatriotas:

Nosotros, revolucionarios de buena fe, acrisolados por los largos años de ruda campaña en que las victorias y la derrotas templaron nuestra alma enseñándonos a ser prudentes, invitamos a todos los mexicanos conscientes de sus deberes a cooperar con nosotros en la lucha que llenos de bríos y confianza emprendemos para arrancar de las garras del carrancismo traidor, a nuestra querida patria que de debate en la ansias de una agonía lenta.

Es llegado el momento de entablar la lucha contra los mercenarios que sacrificando el orgullo de nuestra raza aceptaron las migajas del extranjero para poder sojuzgar al heroico pueblo mexicano, que engañado con falsas promesas ha sido encadenado y forzado a vivir la más abyecta de las vidas: la del esclavo, porque nada de lo que el traidor anciano de Cuatro Ciénegas ofreció ha cumplido; rodeado de una camarilla de hambrientos salteadores y de políticos fracasados, de alma envenenada, sólo sueña en dominar y enriquecerse.

Todos creímos que al triunfo del famoso Plan de Guadalupe, expedido por el entonces Prime Jefe Venustiano Carranza, vendría un cambio general que encauzara al país por el sendero del orden y el progreso, pero hemos visto que ha sido todo lo contrario: el engaño, que es la médula de su alma sigue fatídico, como una burla de payaso, haciendo escarnio de nuestro pueblo, y así aparecen en su prensa asalariada rumbosos artículos que hablan de la libertad del Municipio, de Imprenta, del Sufragio y todas aquellas que saben, viven en el corazón de nuestro pueblo como ave entumecida en el invierno que anhelante espera al soplo primaveral para tender las alas.

La orgía de sangre y cieno en que indiferente vive la impide ver la agonía de la patria; la traición, que es su característica y que será su finalidad, rompe en su corazón los sentimientos que cohesionan a una raza y la hacen invencible y así le vemos empeñoso empujar a nuestra querida patria al abismo con tal de satisfacer sus bajas pasiones, primero adueñándose de la riqueza pública, después sancionando el crimen, elevándolo a la categoría de deber, pisoteando y conculcando todos los derechos y suplantando por último, el Código Sagrado del 57, por una ley espuria, ridícula y traidora que ha hecho retroceder al país una centuria: el almodrote de Querétaro.

Esta invitación la hacemos en general para todo aquel que siente correr por sus venas sangre azteca; que se sienta conmovido por el recuerdo de Hidalgo, de Morelos de Porfirio Días y de todos aquellos que murieron por darnos libertad y de todos aquellos que antepongan el cumplimiento del deber a la propia conveniencia; que no cuenten el número ni los elementos y que sólo tengan presente que la madre patria agonizante los llama; que desoír esta voz es un crimen que equivale a renegar de sus sagrados lares.

¿Cómo tolerar por más tiempo que el reparto de la patria siga entre esa horda brutal y sanguinaria que no parece hartarse jamás? Vemos como un escarnio al derecho y al honor, la los salteadores con mando de hombre, adueñarse de todos los Estados, y así, tenemos al sanguinario y brutal cabecilla Francisco Murguía, tiranizando a Chihuahua; Durango, dependiendo de unos salvajes y traidores, los hermanos Arrieta; el de Coahuila, organizando por la miseria y azotado por el vendaval de todos los infortunios a los pues del “baby” Espinosa Míreles; el de el trágico mando de León; los de Chiapas, Campeche y Yucatán azotados por el nefasto asesino, ladrón y desequilibrado Salvador Alvarado, y así sucesivamente toda nuestra infortunada patria está repartida entre los miembros de la cuadrilla carrancista.

En todas las grandes obras hay siempre grandes dificultades. En 1810 Hidalgo y sus heroicos compañeros, eficazmente ayudados por la Corregidora doña Josefa Ortíz de Domínguez, emprendieron la tarea de darnos patria, armando a sus parciales con hondas, flechas, palos y herramientas. Con el tiempo fueron enormes y arrolladores sus ejércitos, que marcharon victoriosos hasta las puertas de la misma Capital. En el año de 1862, nuestra patria se vio amagada por tres poderosas naciones y no vaciló en enfrentarse con un pequeño grupo patriotas a los primeros soldados del mundo, levantando así el guante que tan injustamente le arrojaban, y fue entre aquel pequeño núcleo donde se distinguió el valiente entre los valientes: Félix Díaz, quien por su temerario valor, por su abnegación y por su exacto cumplimiento del deber fue ascendido a la más alta jerarquía militar y condecorado varias veces. Este héroe fue el padre del hoy general Félix Días digno Jefe del Ejército Reorganizador Nacional, a quien reconocemos como nuestro Jefe, y quien en estos momentos lucha con todo el poder de su voluntad contra el crimen, la barbarie y la traición.

No somos personalistas, nuestros principio están inspirados en ideas concordia y fraternidad que esperamos lleven un mejoramiento efectivo a toda la República, con la creencia firmemente arraigada de que en estos momentos angustiosos, nuestro deber como mexicanos es agrupados para formar unidos un poderoso núcleo de hombre honrados, conscientes y patriotas que con las armas en la mano protestan contra esa anarquía que reina devastando nuestra patria, aterrorizando a nuestro pueblo, que no puede protestar porque se lo impide la fuerza bruta de los bandidos que lo engañaron.

Hoy, al firmarse el presente documento, queremos imitar a nuestros gloriosos antepasados, porque nos creemos con los mismos deberes y porque palpitan en nuestra alma los mismos anhelos de gloria y libertad. Somos la vanguardia que abrirá las puertas de la patria a todos los mexicanos, sin distinción de credos políticos, ni de partidos. Deseamos servir de estímulo a todos los tibios que no se resuelven a llevar al terreno de la patria sus buenos deseos.

¡Cuántos de los que obligados por el hampa traidora carrancista a comer el pan de la expatriación al sentirse empujados a volver a la patria para defenderla deseosos de empuñar un arma, y lanzarse la lucha, dicen: si yo no tuviera familia o no temiera perder mis intereses, estaría allá, cumpliendo con mi deber. Pero esto, queridos compatriotas, es sólo una muestra de su debilidad de carácter y de su falta de convicciones, pues nosotros, que os llamamos desde tierra mexicana, para que contribuyáis con vuestro esfuerzos al glorioso fin  que perseguimos, tenernos una madre, un padre, esposa, hijos y hermanos a quienes dejamos abandonados a su propio destino creyendo que primero es la patria.

Así, pues, esperamos que sin distinción de credos ni de partidos políticos y con sólo la conciencia de cumplir con un sagrado deber, sabrán responder al llamado que por nuestros labios le hace la patria agonizante.

Patria, Libertad y Justicia. Boca Grande, Chihuahua, diciembre 20 de 1918.

El General Jefe del Movimiento, Evaristo Pérez.

El Coronel Jefe del Estado Mayor, Jesus H. Rodriguez.

El Teniente Coronel de Estado Mayor, Conrado Herrera.

Fuente: Wikipedia. Román Iglesias González; Planes Políticos, Proclamas. Manifiestos (1812-1940).  Creative Commons.

 
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