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LA AVIACIÓN DURANTE LA REVOLUCIÓN MEXICANA

Mil novecientos diez ha pasado en forma relevante a la historia nacional mexicana, por ser el año en que el líder demócrata Francisco I. Madero aglutinó en su partido  antirreeleccionista a la oposición al gobierno del general Porfirio Díaz, quien llevaba ya casi treinta años en el poder. Este movimiento marcó el inicio de una etapa que se conoce  como la Revolución Mexicana.

Pero 1910 es, además, el año del centenario de la Independencia Nacional que el gobierno conmemoró con grandes fiestas, mientras que ya se cernían en el cielo mexicano las nubes de la tormenta revolucionaria. En 1910 también,  exactamente el día 8 de enero, voló en los llanos de Balbuena, próximos a la Ciudad de México, el deportista Albert Braniff, a bordo de un avión Voisin equipado con motor ENV de 25 hp. Ese rudimentario vuelo de Braniff fue el primero de un mexicano, el primero realizado en la República Mexicana y el primero efectuado en un país de la América Latina. Además, era  un verdadero récord mundial, pues la Ciudad de México se encuentra situada a 2,230 metros sobre el nivel del mar y el récord entonces vigente y certificado correspondía a Hubert Latham, volando un Antoinette VI , con 453 metros, logrado en Chalons, Francia. Braniff aun realizó otros vuelos con el Voisin.  

Estos primeros vuelos despertaron un gran interés en toda la nación mexicana y fueron surgiendo émulos de Braniff. Además, entusiasmaron a la gente y a las autoridades, tanto que a principios de 1911 vino a México la Moisant International Aviators, de la que formaba parte Roland Garrós, Edmond Audemars, Rene Barrier, Joe Seymour, Charles K. Hamilton y John Frisbie. Estaban equipados con aviones Blériot XI Bis, Demoiselle y Curtiss. Actuaron en la ciudad de Monterrey los días 19, 20 y 21 de febrero. En la Ciudad de México permanecieron por más tiempo haciendo numerosas exhibiciones, incluyendo una demostración de usos militares llevada a cabo por Garrós y Barrier con gran maestría. Estas exhibiciones duraron del 22 de febrero al 9 de marzo y en una de ellas Roland Garrós atravesó en vuelo la Ciudad de México sobre un Blériot.

Prácticamente con los aviones de la Moisant salió de Veracruz, hacia el exilio europeo, el presidente Díaz. La Revolución, encabezada por Francisco I. Madero, había triunfado y en las elecciones, convocadas poco después, éste alcanzó la primera magistratura de la nación. Tomó posesión del cargo de Presidente de la República el 6 de noviembre de 1911. Por esos días llegaron a la Ciudad de México los nuevos integrantes de la Moisant que deseaban vender aviones a nuestro país y venían a promoverlos ante los nuevos gobernantes, amén de los ingresos que les reportaban las exhibiciones.

Esta vez los pilotos eran Andrés Houpert, Charles A. Willard, Donald P. Hamilton y George Dyot. Mas lo verdaderamente sensacional era que con ellos llegaron dos mujeres aviadoras; Matilde Moisant y Harriet Quimby. Los aeroplanos que traían eran Blériot/Moisant, equipados con motores de 50 hp, un Curtiss, un Deperdussin monoplaza con motor de 50 hp y otro biplaza con motor de 80 hp. Las exhibiciones se dieron, desde  el 16 de noviembre al 3 de diciembre. Luego volaron a Guadalajara y León.

El día domingo 30 de noviembre de 1911 se presentó en el campo de Balbuena el Presidente de la República, Francisco I. Madero para presenciar los vuelos. Como el piloto Dyot se acercara a saludarlo y lo invitara a volar, el señor Madero aceptó gustoso. En medio de la expectación general, el Presidente subió al avión y se colocó en el asiento delantero del Deperdussin de Dyot, este en el posterior con los controles.

Después de un despegue cuidadoso, el avión sobrevoló varias veces por el campo y sus alrededores para aterrizar tras diez minutos de vuelo.

El pueblo aplaudió entusiasmado a su Presidente, ya de por sí muy querido, pero algunos censuraron el acto, calificándolo de temerario. Puede que no fuera para menos ya que Francisco I. Madero se había convertido en el Primer Jefe de Estado en pleno ejercicio de sus funciones, que voló en un avión, en todo el mundo.

 

El Presidente Don Francisco I. Madero fue el Primer Jefe de Estado en el Mundo que voló en un avión, el 30 de Noviembre de 1911. (AA)

Posteriormente destacaron los nuevos vuelos de Braniff, esta vez con un Farman; y de oros entusiastas como Miguel Lebrija y Martín Mendía. En este ambiente aún deportivo es indispensable destacar al joven Juan Guillermo Villasana, que ya desde varios años atrás había iniciado sus aventuras aéreas y quién construyó entre otros modelos que tuvieron éxito relativo, un avión tipo Deperdussin biplaza, al que equipó con un motor Anzani de 80 hp. Este voló exitosamente varias veces durante mayo de 1912 hasta que en un aterrizaje se salió del campo, destruyéndose al caer en una zanja. Fue el primer avión funcional construido en un país de Latinoamérica.

Durante el gobierno del General Díaz se había enviado a Europa a varios alumnos a estudiar aerostación y aviación, pero no hubo oportunidad de obtener resultados prácticos ya que, entre otras cosas, no se contaba con aviones debido a la cancelación sorpresiva de un pedido importante de ellos a la casa Blériot.

Francisco I. Madero decidió acabar con el problema y mandó a estudiar a los Estados Unidos a cinco jóvenes mexicanos a la par que encargaba a la Moisant seis aviones. En el transcurso del año 1912 fueron a la Moisant Aviation School, de New Jersey, los jóvenes mexicanos Alberto Salinas Carranza, Gustavo Salinas Camiña, Horacio Ruiz Gaviño y los hermanos Juan Pablo y Eduardo Aldasoro Suárez, quienes se graduaron de pilotos obteniendo su “brevet” otorgado por el Aeroclub de América.

 

Los “cinco primeros” mexicanos en la Escuela Moisant, en Long Island, en octubre de 1912; Alberto Salinas Carranza, Gustavo Salinas Camiña, Juan Pablo Aldasoro Suárez, Horacio Ruiz Gaviño y Eduardo Aldasoro Suárez. (Foto familia del Gral. Salinas).

Inmediatamente que este grupo regresó a México se produjo el asesinato de Francisco I. Madero, en febrero de 1913 y tomó el poder mediante la usurpación el General Victoriano Huerta.

Contra este atentado a las leyes e instituciones se rebeló el Gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, a quien se unieron numerosos elementos civiles y militares que organizaron el Ejército Constitucionalista para derrotar a Huerta y crear un gobierno democrático. Alberto Salinas Carranza y Gustavo Salinas Camiña, recién graduados de pilotos y sobrinos del señor Carranza, se incorporaron al movimiento como tenientes de Ingenieros.

Gustavo Salinas fue enviado a Hermosillo para integrarse al Estado Mayor de Álvaro Obregón, comandante del Cuerpo de Ejército del Noroeste. Al producirse el movimiento constitucionalista los líderes sonorenses adquirieron diversas armas en Estados Unidos, incluyendo un avión con su piloto y mecánico. Era un biplano Marin “Pusher”, equipado con motor Curtiss de 50 hp, el piloto franco americano Didier Masson y el mecánico James Dean. Avión, piloto y mecánico estuvieron volando sobre los barcos huertistas anclados en la Bahía de Guaymas, desde donde batían con su artillería a las tropas de Obregón que no podían tomar la estación del ferrocarril para continuar su viaje hacia el sur, con destino a la ciudad de México. Ninguno de estos vuelos tuvo éxito por lo que Masson decidió abandonar la comisión y regresar a California. En eso se presentó Gustavo Salinas ante Álvaro Obregón, quien al saber que era piloto, lo puso en contacto con Masson, para que le diera instrucción de cómo volar el biplano.

De esta forma Salinas Camiña quedó como piloto del avión, al que bautizaron con el nombre de “Sonora”.

 

Los “cinco primeros” mexicanos en la Escuela Moisant, en Long Island, en octubre de 1912;Alberto Salinas Carranza, Gustavo Salinas Camiña, Juan Pablo Aldasoro Suárez, Horacio Ruiz Gaviño y Eduardo Aldasoro Suárez. (Foto familia del Gral. Salinas).

Uno de los barcos huertistas se pasó al constitucionalismo, fue el cañonero “Tampico”, al mando del capitán Hilario Rodríguez Malpica. Los restantes barcos, el cañonero “Morelos” y “Guerrero” y los transportes artillados “Oaxaca” y  “Demócrata”, salieron en su persecución. Viéndose en inferioridad numérica, el “Tampico” decidió buscar refugio en la bahía de Topolobampo, cuyo estrecho canal de entrada cubría con sus cañones. Como no podían entrar, los huertistas decidieron dejar de vigilancia al “Guerrero” y los demás barcos regresaron a defender Guaymas y Mazatlán.

El 14 de marzo de 1914, el capitán Rodríguez Malpica, del  “Tampico”, decidió enfrentarse al “Guerrero”, pese a que tenía menos cañones que éste y eran de menor calibre. El combate fue tremendo, llevando la peor parte el “Tampico” que herido regresó a su refugio en la bahía, pero quedó encallado en uno de los bajos del canal. El “Guerrero” permaneció vigilante desde prudente distancia, aunque también tenía considerables daños.

Con objeto de estimular a los bravos marinos del “Tampico”, que trabajaban intensamente en repararlo para ponerlo nuevamente a flote, el General Álvaro Obregón decidió hacer una visita al cañonero, llegando hasta él en una lancha. Como el capitán del barco ordenara enarbolar la insignia de que el comandante en jefe se encontraba a bordo, en el “Guerrero” se organizó todo para tratar de rematar al barco herido, que solamente podía defenderse con el cañón de popa, y destrozarlo con todo y Álvaro Obregón adentro. El cañonero huertista se acercó lo máximo posible con sus dos cañones haciendo fuego, que sembraron de metralla al “Tampico”, que a pesar de las adversas circunstancias combatía heroicamente.

En el momento en que parecía que la batalla se inclinaba fatalmente del lado del cañonero constitucionalista, apareció en escena el biplano  “Sonora” tripulado por Gustavo Salinas, a quien acompañaba como bombardero Teodoro Madariaga, mecánico del “Tampico”. Las rudimentarias bombas habían sido fabricadas por ellos mismos, empleando granadas, dinamita y barras de hierro. Al producirse el choque de la bomba explotaban las granadas y la dinamita, transformando los hierros en metralla. El avión volaba dando vueltas sobre el “Guerrero” y en cada pasada dejaba caer una bomba. Todas explotaron en el agua pero muy cerca del barco, haciendo gran estruendo, lo que preocupó al comandante que ordenó hacer virajes evasivos para las granadas aéreas, ofreciendo los costados en los que entraron varios cañonazos del “Tampico”. Estimando muy arriesgada la situación, el capitán del “Guerrero” ordenó abandonar la batalla.

El avión “Sonora” y sus aguerridos tripulantes regresaron a tierra casi sin gasolina y con varios impactos de bala, debido a los disparos que les habían lanzado desde el “Guerrero” con armas cortas. Fue un día histórico: 14 de abril de 1914, ye que el combate relatado es nada más y nada menos, que el primer combate aeronaval del mundo.

En Coahuila y Chihuahua, Alberto Salinas Carranza logró convencer a Venustiano Carranza de la conveniencia de contar  con aviones militares para equipar a la División del Norte que, al mando de Francisco Villa, se preparaba para atacar Torreón. Se pidieron tres aviones Morane/Moisant, equipados con motores Gnome de 80 hp. El primero de estos llegó por Ciudad Juárez, con el mecánico italiano Francesco Santarini, quien también lo había contratado Alberto Salinas. Los otros dos aviones llegaron por barco a Tampico y se enviaron a Saltillo, a donde también llegaron Salinas y Santarini con el primero de los aviones, todos ellos a las órdenes directas de Carranza, que ya había tenido serias desavenencias con Villa. Estos aviones no tuvieron oportunidad de acción debido a la rapidez con que se desarrollaban los acontecimientos. En tren llegaron a la Ciudad de México aviones, pilotos y demás personal el 25 de agosto de 1914.

Al producirse la ruptura de las fuerzas constitucionalistas como resultado de la Convención de Aguascalientes, Venustiano Carranza se refugió en Veracruz, a donde llegaron los integrantes de la aviación y su equipo, formando parte de las tropas que lo acompañaban. En Veracruz inició Carranza una nueva campaña militar que habría de culminar con la victoria total de su causa, a cambio de una nueva y sangrienta guerra.

El 5 de febrero de 1915, el señor Carranza firmó un acuerdo mediante el cual se creaba el Arma de Aviación en el Ejército Constitucionalista, nombrando jefe de la misma al mayor Alberto Salinas Carranza. Así, el grupo de pilotos, aviones y mecánicos, integró la que se llamó Flotilla Aérea del Ejército Constitucionalista. 

Las aportaciones más importantes de este grupo aéreo fueron su participación en las campañas de Campeche, Yucatán y la defensa de El Ebano. En Campeche y Yucatán la Flotilla tuvo una destacada actuación, formando parte de las tropas que mandaba el General Salvador Alvarado, quien en los meses de marzo y abril de 1915 sometió a la región.

Culminada exitosamente esta misión, la Flotilla regresó a Veracruz y de allí fue enviada urgentemente a Tampico para colaborar con las tropas que defendían el paso de El Ebano, para impedir que Francisco Villa tuviera acceso a la rica zona petrolera. La aviación participó activamente en estos decisivos combates llevando mensajes, haciendo observaciones, bombardeando y ametrallando al enemigo y volando a los más altos mandos, incluyendo al General Pablo Gonzáles, comandante del cuerpo de Ejército del Noreste. Su participación fue reconocida por todos como sumamente exitosa.

 

Tres monoplanos Kanter-Moisant fueron los integrantes de la “Flotilla Aérea del Ejército Constitucionalista”, en esta foto también se ve el auto plataforma de marca Protos, apodado “la Cucaracha”, que junto con los monoplanos prestó invaluables servicios.  (OFRAMex1).

Ganada la guerra y establecido el gobierno provisional de Venustiano Carranza en la Ciudad de México, la flotilla se instaló en el antiguo Picadero de Artillería, en San Lázaro, junto a la estación del Ferrocarril.

Una vez que se efectuaron las elecciones y Carranza fue designado Presidente de la República, Alberto Salinas comenzó a trabajar con su equipo en la organización del Departamento de Aeronáutica, dependiente de la Secretaría de Guerra y Marina. El 15 de Noviembre de 1915 se inauguran los cursos de la Escuela Nacional de Aviación y se pusieron en servicio los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas, todo al mando del ya Coronel Alberto Salinas Carranza, ratificado como Jefe de la Aviación Militar. El mismo día 15 se dio de alta a los primeros alumnos de la Escuela, veintidós en total, muchos de ellos habían formado parte de la Flotilla como voluntarios y los restantes eran jóvenes militares procedentes de otras armas que se habían distinguido en la pasada campaña con el Ejército Constitucionalista.

El trabajo fue intensísimo, Alberto nombró a Francesco Santarini como Jefe de los Talleres, teniendo como auxiliar a Juan Guillermo Villasana. La Escuela estuvo atendida inicialmente por los pilotos extranjeros Leonnard Bonney y Jorge Puflea, que pronto fueron relevados por los mexicanos Horacio Ruiz, Juan Pablo y Eduardo Aldasoro.

Los Talleres a cargo de Santarini y Villasana fueron organizados conforme a las distintas especialidades. Se comenzó por preparar y tratar de poner en condiciones de vuelo a todos los aviones disponibles de las pasadas campañas y los civiles que estaban abandonados en Balbuena. Pero resultaba necesario mucho más equipo si se quería contar con una fuerza militar de cierto relieve. Como la situación económica del país era crítica como para adquirir material extranjero, se trabajó en el diseño de aeroplanos, hélices y motores que se pudieran fabricar totalmente en México. Así nacieron, los exitosos biplanos “Serie A” y los monoplanos “Serie H”, así como algunos otros experimentales, “Serie C” y “Serie G”; los motores “Aztatl”, “Trébol” y “SS México” y las diferentes  hélices “Anáhuac”.

El primer avión construido en los Talleres fue un parasol apodado “la libélula” N° 4, equipado con motor Gnome de 80 hp y hélice Anáhuac, inventada por Juan Guillermo Villasana, que por su diseño y novedoso tipo de construcción de láminas de madera contrachapadas de distintos tipos le daba mayor resistencia y le proporcionaba mucha mayor tracción a la altura de la Ciudad de México que las importadas.

El primer biplano “Serie A” voló el 20 de noviembre de 1916, todavía equipado con motor extranjero Gnome. Siguió ya incontenible el progreso y el “Serie A” N° 3, equipado con motor “Aztatl” (Garza Blanca en lengua náhuatl) y hélice “Anáhuac”, voló por primera vez con todo éxito el 16 de mayo de 1917, tripulado por Horacio Ruiz. Se trataba de un aeroplano, motor y hélice diseñados y construidos en México.

 

Un biplano “Serie A”, equipado con motor “Aztatl” y hélice “Anáhuac”, todos ellos diseñados y fabricados en México, voló el 16 de Mayo de 1917. Fue un avión muy confiable y maniobrable. (Casasola).

El avión “Serie A” probó ser muy exitoso y el Presidente Venustiano Carranza ordenó que se le regalara un ejemplar junto con sus repuestos a la República de El Salvador, para lo cual fue enviado por barco a ese país, acompañado de una misión de aviadores mexicanos. La entrega se efectuó el 13 de enero de 1917, después de haber efectuado una serie de vuelos de exhibición a cargo de Felipe Salinas Carranza; Igualmente, debido al éxito de las hélices “Anáhuac”, se ordenó se obsequiaran algunos ejemplares al Japón y a la República de Argentina.

Durante el período presidencial de Venustiano Carranza (1916-1920), la aviación militar tuvo una intensa actividad también en el campo de los vuelos, tanto en festivales como en  campañas militares. Para promover la Aviación Nacional, el Departamento de Aeronáutica Militar organizó la Flotilla de Exhibiciones Aéreas que efectuó vuelos en las ciudades de México, Toluca y Veracruz, con gran éxito, contribuyendo a hacer popular la aviación y dando a conocer los trabajos que se efectuaban en el país.

Durante esa época, el 6 de julio de 1917, se hizo el primer transporte de correo aéreo por aire entre las ciudades de Pachuca y México, empleándose un avión “Serie A”, tripulado  por Horacio Ruiz.

En este ambiente se lograron varios acontecimientos relevantes en nuestro medio. Samuel C. Rojas, con un biplano “Serie A”, hizo el 26 de junio de 1918 el primer “looping the loop”; el 21 de enero de 1918 el propio Rojas hizo por primera vez la maniobra conocida como “caída de las hojas” y el 16 de agosto, Amado Paniagua fue el primer mexicano en hacer la “vuelta Imelmann”, empleando también un biplano “Serie A”. Samuel Rojas logró un récord nacional de altura el 19 de noviembre, alcanzando 5,040 metros con otro biplano “Serie A”.

Lamentablemente, en esta etapa de aparente paz quedaba el trasfondo de varias pequeñas rebeliones en las que debió de intervenir el ejército, apoyado con éxito por la aviación  militar. La Flotilla Aérea de Operaciones en Campaña Número 1 estuvo en San Luis Potosí, Monterrey, Querétaro, Celaya y Guadalajara, con varias columnas militares durante los meses de marzo, abril y mayo de 1918. Posteriormente en los meses de julio y agosto actuó en la ciudad Puebla, Atlixco y Veracruz

La Flotilla Aérea N° 2 fue enviada a Sonora, en apoyo de las acciones militares del gobernador Plutarco Elías Calles, durante los meses de marzo y abril de 1918.

La Flotilla Aérea N° 3 fue destinada a las operaciones militares efectuadas en Las Huastecas, en los estados de Veracruz y de Tamaulipas, entre marzo y junio de 1918.

La Flotilla Aérea N° 4 participó en la Campaña del Norte, por Aguascalientes, Torreón, Jiménez, Parral y Chihuahua, de abril a junio de 1919.

Estas cuatro Flotillas estuvieron integradas por aviones mexicanos “Serie A” y “Serie H”, la mayoría de ellos equipados con motores nacionales y algunos con motores Hispano-Suiza.

Todos los pilotos fueron mexicanos y varias de estas unidades registraron bajas, pues realmente intervinieron en acciones militares con bombardeos y ametrallamientos, además de los vuelos de observación y enlace.

 

Parasol “Serie H”, matrícula 1-H-8, primer avión de la serie y número progresivo 8. Todos los aviones de producción llevaron los Motor “Aztatl” y Hélice “Anáhuac”,  excepto uno que se le instaló el motor “Trébol”. Según los registros y relatos de sus pilotos era un avión muy dócil y estable.

Estas campañas militares significaron un gran fogueo para los pilotos y una gran carga de trabajo para los Talleres, a donde regresaban los aviones, motores y hélices en malas condiciones para ser reparados.

Mientras tanto la Escuela continuaba su programa de graduación de alumnos. Desde su fundación, en noviembre de 1915, hasta mayo de 1920 se graduaron 40 pilotos aviadores militares y en los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas se fabricaron 58 aeroplanos y numerosos motores “Trébol”, “Aztatl” y “SS México” y gran cantidad de hélices “Anáhuac” de diferentes tipos.

El 21 de mayo de 1920 murió asesinado Venustiano Carranza, derribado por el Plan de Agua Prieta. El cambio de gobierno significó un cambio de política en materia de aviación, que afectó gravemente las construcciones nacionales.

El trabajo y el esfuerzo de mandos, pilotos, mecánicos y sus máquinas voladoras durante esos diez años llenan de orgullo a la Historia Aeronáutica de México.

Fuente: Wikipedia. Manuel Ruiz Romero. Miembro Fundador de la Academia de Historia Aeronáutica de México. La Aviación durante la Revolución Mexicana. Soporte Aeronáutico, Manuel Ruiz Romero, México, 1988. Colección de la “Revista TOHTLI”, (1916-1939). aviaciononline.com. Creative Commons.

 
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