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FUSILAMIENTO DE MAXIMILIANO, MIRAMÓN Y MEJÍA

El emperador perdió, poco a poco, todo apoyo. Intentó mejorar el gobierno, alentó el estudio de los monumentos arqueológicos e históricos mexicanos, embelleció la ciudad de México y abrió la Calzada del Emperador, ahora conocida como Paseo de la Reforma. Pero nada impidió la caída del Imperio.

Pronto, sólo quedaron leales al emperador los generales mexicanos Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez. Con ellos se estableció en Querétaro al mando del ejército imperial. El ejército liberal atacó y derrotó a sus tropas. El emperador y los que lo rodeaban cayeron en manos del ejército liberal.

A las siete y cinco de la mañana del 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas en Querétaro, Maximiliano, Miramón y Mejía fueron fusilados por un pelotón de soldados republicanos del ejército del general Mariano Escobedo.

A continuación, las últimas palabras que dirigió Miramón a las tropas liberales antes de ser pasado por las armas:

Mexicanos: en el Consejo, mis defensores quisieron salvar mi vida; aquí pronto a perderla, y cuando voy a comparecer delante de Dios, protesto contra la mancha de traidor que se ha querido arrojarme para cubrir mi sacrificio. Muero inocente de ese crimen, y perdono a sus autores, esperando que Dios me perdone, y que mis compatriotas aparten tan fea mancha de mis hijos, haciéndome justicia.

¡Viva México!

Referencias: 1. Libro, LA SAINT-NAPOLÉON, Quand le 14 Juillet se fêtait le 15 Août, de Sudhir Hazareesingh.- Édictions Tallandier, 2007 (ISBN 978-2-84734-2)

Fuente: Wikimedia. Creative Commons.

 
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