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JOSEFA ESPEJO SÁNCHEZ ESPOSA DE EMILIANO ZAPATA

Josefina nació en San Miguel de Anenecuilco, el miércoles 19 de marzo de 1879, sus padres fueron: Fidencio Espejo Avelar y Guadalupe Sánchez Merino, ambos originarios y vecinos del lugar.

La familia Espejo Sánchez, se caracterizó en la región por pertenecer al grupo de los hacendados porfiristas, con una economía en auge y con poder político. La casa que habitaron se ubicó en los terrenos que asomaron por el Camino Real a Villa de Ayala justo al poniente, a las faldas del cerro El Mirador, teniendo como frente el canal de Los Tomases.

Josefita como le llamaron de cariño vivió una infancia desahogada sin preocupaciones económicas y con una estrecha vigilancia familiar, ya que el momento histórico que le tocó vivir así lo promulgaba; tal cuidado se conjugaba con una preparación religiosa que explicaba su proceder en la familia, en la casa y desligaba del ámbito de la política y de las decisiones de un pueblo.

Para las mujeres pertenecientes a la clase dominante fue necesaria la preparación en los términos de la lectura y escritura, ya que algunas corrientes de la época demandaban de la mujer una función de preceptoras en el hogar; de esta forma Josefa aprendió a leer y escribir en su propia casa, pues un lugar fuera de ella estaba prohibido.

Su profesora fue María de Jesús Rivera Sandoval, abuela del profesor Abraham Rivera Sandoval, vecina de la ciudad de Cuautla, a quien por encargo de don Fidencio, un peón del rancho la traía y la llevaba a caballo. De esta forma aprendieron a leer y escribir Josefa, sus hermanos y vecinos.

La vida de la familia Espejo transcurrió sin mayor sobre salto en la llamada “paz porfiriana”, hasta que Josefa se involucró amorosamente con Emiliano Zapata.

El noviazgo de una mujer que pertenecía a la élite porfirista con un hombre como él, que en años siguientes comandaría un ejército en contra de los hacendados y opresores de campesinos es sancionado por su familia y por su clase, logrando estos últimos represalias contra los Espejo, la antigua amistad desaparece.

Para don Fidencio, Josefita merecía una relación de noviazgo con un sujeto de su clase que le ofreciera las condiciones de vida a las que ella estaba acostumbrada y que simpatizara también con los defensores del régimen dictatorial, por lo que en versiones de la familia, el padre le advertía lo siguiente:

“Emiliano no te conviene; es un verdadero barrendero, jugador, mujeriego que no tiene ni burro que montar”.

No obstante estas dificultades, la pareja se las ingenió para tener momentos felices. A la usanza de la época, el noviazgo creció entre tecorrales y “manías”; se sabe por ejemplo que cuando la señorita Josefa salía a lavar las vasijas en las aguas del apantle Los Tomases, que quedaba frente al rancho de sus padres, Emiliano acompañado de un amigo (previo acuerdo entre ellos) colocaba una carta de amor dentro de la copa de su sombrero y lo dejaba correr por el agua de tal manera que Josefa tomara el mensaje amoroso unos metros abajo y dejara el sombrero en el curso de la corriente, hasta que el amigo de Emiliano lo recuperara para luego partir al final del recorrido los dos compañeros.

Para sus citas la señal cambiaba, si una noche se escuchaba el silbido de Emiliano y un caballo trotando a todo galope, Josefa sabía que al día siguiente debía buscar algún mensaje debajo de la piedra del tecorral que únicamente ellos sabían.

Buscando mejores condiciones de vida la familia Espejo se trasladó en 1909 a Villa de Ayala para habitar la casa marcada con el número 28, en la Avenida Lázaro Cárdenas; esto facilitó el noviazgo de la pareja y permitió el tener acciones más atrevidas como lo fueron las serenatas, las cuales el enamorado llevaba en compañía de la banda de viento que dirigía el profesor Pablo Torres Burgos; también se hacía acompañar de Cándido Muñoz Vélez, su “concuño”; éste resaltaba por la cercanía que tenía entonces con Emiliano, ambos coincidían en tener una novia de nombre Josefa, sólo que el apellido de la otra mujer era Placencia Avila, por tal situación de homonimia, ellos bromeaban de las serenatas de las “Josefitas”.

Muerto don Fidencio, la relación llegó a matrimonio. Sin mayor objeción que la cancelación de los “lazos de amistad” con los hacendados porfiristas de la región se llevó a cabo la boda de Emiliano con Josefa en el mes de agosto de 1911 en la Parroquia de San José, del poblado de Villa de Ayala; su fotógrafo fue el señor Salvador Medina y la modista que confeccionó el vestido la señora Olaya Naranjo, originaria y vecina de San Pedro Apatlaco.

Este evento resultó importante no sólo para que la pareja sino para la población en general, ya que como padrinos tuvieron a dos personajes de importancia nacional: Francisco Indalecio Madero y Sara Pérez de Madero, quienes obsequiaron como regalos de bodas, un anillo con juego de aretes y camafeo hechos de oro con incrustaciones de coral (las dos últimas piezas aparecen en la pintura); la fiesta se realizó después de la ceremonia al medio día, se cuenta que tocaron dos bandas de música de viento y en el banquete hubo arroz y frijoles ayocotes hasta para la gente que no pudo ir a la ceremonia religiosa por miedo al ver tanta tropa dentro y fuera del pueblo resguardando la figura de Madero.

Por los testimonios familiares se conoce que Emiliano Zapata pidió a la novia no usar el vestido que le hiciera Olaya, pues se mostraba lujoso para las costumbres del pueblo, en su lugar se vistiera con las prendas que los campesinos utilizaban para esta ceremonia religiosa y que si ella lo deseaba el otro atuendo lo llevara al banquete de su casa.

Esta boda tuvo como marco el movimiento armado de “los alzados” con Pablo Torres Burgos y Emiliano Zapata y los intentos de pacificación por parte de Francisco I. Madero, para este último el compromiso filial significaba la adhesión sin cuestionamiento de las tropas rebeldes zapatistas al proyecto maderista; sin embargo, para Zapata sólo representaba una relación personal que no condicionaba sus objetivos de lucha llegando posteriormente a desconocer el gobierno de “su padrino”.

Josefa procreó dos hijos de su matrimonio con Emiliano. El primero tuvo por nombre Felipe; éste nació en el cerro El Jilguero y murió a la edad de cinco años en uno de los tantos refugios que como familia tuvieron. Su muerte fue trágica ya que no fue fácil evadir los peligros del monte y menos aún para un pequeño a quien el juego se apetece en cualquier lugar. Felipe fue mordido por una víbora de cascabel y su salvación resultó prácticamente imposible.

La segunda hija fue Josefa; ella nació el Tlaltizapán y su suerte no fue distinta a la de su hermano: su muerte resultó por la picadura de alacrán, su vida culminó un año antes que la de Felipe; de esta forma Josefa quedó sin hijos en poco tiempo pero además con la constante angustia de perder en cualquier momento la vida ya que ser la esposa del “caudillo del sur” le causó múltiples persecuciones por los gobiernos del general golpista Victoriano Huerta y por la de Venustiano Carranza.

Este último resultó de importancia para su vida, pues sus fuerzas armadas (federales) son las que apresan a su madre doña Guadalupe Sánchez Merino, a sus hermanas: Félix, Juana e Ignacia (las llevaron presas junto con su pequeño hijo Angel) y su tía Gabriela Espejo Avelar, todas ellas fueron llevadas a San Ildefonso en la ciudad de México, siendo detenidas en la población morelense de Yautepec.

En su traslado Félix fue cortejada por el coronel federal de apellido Pérez, hecho que les salva de la prisión y de perder la vida, ya que fueron liberadas de “sus cargos” tiempo después.

La vida de Josefa en los años de revolución fue un constante ir y venir por sitios de “seguridad”, evitando caer prisionera o muerta en alguna emboscada, tal situación le impide a ella al igual que a un número considerable de mujeres tener vida como la habían aprendido de pequeñas, es decir, sin participación en la dinámica y acciones que se realizarán fuera del hogar.

Muerto Zapata y licenciados los ejércitos rebeldes, Josefa es conocida como “La Generala”, por ser la viuda del General.

En los años posteriores a la Revolución, ella regresó al hogar a ejercer sus tradicionales tareas y a cuidar de sus hermanos quienes continuaron con el trabajo de la ganadería, herencia de su padre.

En los siguientes 49 años después de 1920, doña Josefita fue vista con alta estima y respeto jerárquico por todos aquellos que sobrevivieron al movimiento revolucionario agrario. De entre ellos, se recuerdan las visitas que cada 30 de septiembre le hiciera hasta su muerte, el famoso guerrillero de Acamilpa, Ceferino Ortega, mejor conocido como “El Mole”, quien antes de presenciar desde un balcón del hotel La Paz el famoso desfile del 30 en Cuautla, pasaba a saludarla.

Otra de las visitas que destaca es la del general michoacano Gildardo Magaña Cerda, quien a la muerte del General suriano, fue nombrado por los guerrilleros del sur en uno de sus campamentos por el rumbo de Real de Huautla, el sucesor de Zapata en la lucha por cumplir y hacer cumplir el Plan de Ayala en México.

La vida de Josefa Espejo Sánchez, sus peligros, sus angustias, miedos y todos los sentimientos que una revolución generó para mujeres educadas en una visión de la vida donde no cabían como sujetos con decisión, con voz y voto. Fue la vida de un centenar de mujeres que en un momento se vieron involucradas en una revolución que no las incluía más que como menores de edad a quienes había que “cuidar” y que sin embargo debían sortear todos los riesgos que las armas implicaron además de que debían tomar decisiones importantes al verse inmersas en situaciones como detenciones, interrogatorios e incluso tortura y un descarado abuso sexual.

La presencia de Josefa en esta obra es en este sentido, un recordatorio de que la mujer ha estado en todos los momentos relevantes en la vida de el estado y aún más del país.

Años después de haber concluido la revolución, Josefa fue distinguida y presentada como la viuda del general Zapata, teniendo como marco la toma de protesta como Presidente de la República del general Lázaro Cárdenas del Río, el 1º. de diciembre de 1934.

A partir de ese momento fue invitada a eventos políticos y a congresos, lo cual continúa hasta los gobiernos de los licenciados Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, quienes la presentan como la voz de la mujer mexicana en diversos eventos de gran relevancia.

Una de las acciones que le tocó emprender a Josefa al culminar el movimiento armado fue la construcción de la escuela secundaria “Tierra y Libertad” en la Villa de Ayala.

El viernes 8 de agosto de 1968 muere “La Generala” en su casa ubicada en Avenida Lázaro Cárdenas No. 28 en la Villa de Ayala, sus restos reposan en el Panteón Municipal de Anenecuilco a un costado del lado sur de la Iglesia de San Miguel”.

Fuente: Wikipedia. Photo: Colección Casasola: Fototeca del INAH. Fondo Casasola: 63952. (1)

(1) Lucino Luna Domínguez y Efraín Escarpulli Limón. Anenecuilcayotl. Anenecuilco Desconocido. Unidad Regional Morelos de la Dirección General de Culturas Populares. Consejo del Patrimonio Histórico de Anenecuilco, A.C. Dirección de Centros Regionales, Universidad Autónoma Chapingo. México, 1997. p. 170.

 
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