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CHIHUAHUA PREHISPÁNICO E HISPÁNICO: LOS PRIMEROS HABITANTES

Según los estudiosos, el hombre apareció en América desde hace 60,000 a 30,000 años, y en México específicamente, desde hace unos 21,000 años. En Chihuahua, se han encontrado restos de culturas indígenas en el Rancho Colorado de Samalayuca, de 11,000 años de antigüedad.

A los grupos étnicos del norte de México y sur de los EU., se les denomina Culturas del Desierto o Culturas de Áridoamérica, para diferenciarlas de las del centro y sur de México, denominadas Culturas Mesoamericanas.Las primeras de clima árido y semiárido, tuvieron un desarrollo cultural más lento y tardío, en donde privó el tipo de vida nómada y una agricultura rudimentaria.

A la llegada de los primeros españoles en 1,533 aprox., a lo que sería el estado de Chihuahua, éste contaba con aproximadamente cien grupos étnicos, de entre los que se conocen: Ancavistas, anchanes, apaches de las parcialidades: coyoteros, chiricahuas, chilpaines, faraones, guileños, garlanes, lipanes, mezcaleros, mimbreños, llaneros, mogolloneros, navajoes, tontos y xicarillas; además otros como: arigames, babos, acoclames, baburigamis, cabezas, cacalotes, caihuas, comanches, conchos, cánceres, coclamas, cocobiptas, cocoyomes, colorados, conejos, comeperros, cuampes, cutegos, chinguaguanes, chinarras, chínipas, chiros, cholomes, chizos, echuticas, guazapares, guazárachis, guilopos, hizos, husarones, janches, ihíos o ijíos, janos, jovas, jocomis, julimes, joyas, jumiles, jumanos, gavilanes, jamanis, llamparicas, maquiaquis, mansos, mamites, mejuos, mezquites, mecos, muares, nures, oposines, orejones, otaquitamones, pacheras, pajalaes, pajuchis, pananas, pajalmes, pimas altos, pimas bajos, polames, piros, poerames, púliques, pulimas, salineros, sisimbres, síbolos, sumas, supis, tecolotes, tapacolmes, tiguas, tarahumaras, tecargonis, témoris, tepehuanes, tepuchis, tintis, tobosos, tochos, tubares, varojíos y yecaromes; y algunos más no identificados. Hasta aquí se han mencionado cien, casi todas ellas pertenecientes al tronco ópata-pima.

De esta constelación de etnias en el estado, algunas serían mayormente numerosas, tales como: al Noreste: los jumanos, a lo largo del río Bravo. Al Centro: los conchos, a lo largo del río Chuviscar. Al Centro y Región Sureste: los tobosos y los chizos, en las márgenes del río Florido. Al Centro y Suroeste: los tarahumaras, tepehuanos y varohíos (guarojíos o varojíos), tubares, chinipas y guazapares. Y al Oeste: los pimas bajos, y los jovas.

Destacó de entre ellas, la cultura paquimeita de la tribu suma, que alcanzaron un gran desarrollo y construyeron la ciudad de Paquimé; que significa “casas grandes”, un portento para su tiempo. Situada a un kilómetro al sur de la actual Casas Grandes; y que florecería, del año 700, al 1,340 de nuestra era, cuando fue quemada y abandonada. Fueron 640 años de esplendor, llegando a abarcar 36 hectáreas, de casas de uno y dos niveles, plazas, acueductos, canchas para juego de pelota, drenaje, etc. Y a desarrollar las artesanías y la agricultura, cerámica, alfarería, trabajos en cobre, pirita y turquesa; teniendo intercambio comercial con los pobladores de otras zonas; con los anasazi o los hohokam, del suroeste de los EU., y con los pueblos del Golfo de California, de donde obtenían conchas y caracoles, aves, etc.

Aunque todas las etnias eran guerreras, se destacaban por su belicosidad, las tribus nómadas, mientras que las sedentarias, la mayoría eran pacíficas. Los mismos tarahumaras, escenificaron serios levantamientos durante la Colonia y los apaches y comanches, fueron la pesadilla de las llanuras. Los apaches sobre todo, de la raza atabascana con sus tribus más temidas y sanguinarias: los mezcaleros, guileños, navajoes y lipanes, pelearían contra los colonos peninsulares, criollos y mestizos, durante casi 350 años; todavía en 1891, sería arrojado oficialmente el último grupo bárbaro. De ahí, que nos venga el mote de “los bárbaros del norte”, ya que los chihuahuenses, sonorenses y coahuilenses, sostuvieron esta lucha por más de tres siglos, sin apoyo significativo del gobierno del centro. Estos grupos de apaches, fueron utilizados extraoficialmente por los EU., para asolar y despoblar las regiones del norte de México, que les interesaba arrebatarnos, lográndolo para nuestro mal, algunas veces.

Durante la Colonia, en 1775, el Caballero de Croix, estableció un premio de cien pesos, por cada apache de guerra muerto; lo que debería comprobarse con la presentación de las orejas. Ya en la república, en 1849 fue tan grave el estado de postración en que se hallaba Chihuahua, que contra la oposición del gobernador Ángel Trías (p), la Legislatura local, puso precio a las cabezas de los apaches; doscientos pesos por cada indio de armas muerto, doscientos cincuenta por prisionero y ciento cincuenta por india o menor de catorce años; debiendo presentarse la cabellera del occiso; se les llamaron “contratas de sangre”.

En justa reciprocidad, los apaches a su vez, empezaron a arrancar como trofeos las cabelleras de los blancos; aunque debe reconocerse que este sistema fue inaugurado por los blancos y no por los indios. Casi todas estas tribus desaparecieron por su interrelación con el blanco; sobreviviendo al siglo XIX, sólo los tarahumaras, tepehuanes, guarojíos y pimas. Tribus que hace 4,0000 años ya estabán aquí como tales. En 1983 se consideraban según censo: 50,000 tarahumaras, 3,000 tepehuanes, 2,000 guarojíos y 403 pimas. Qué debemos incorporar a la cultura y dinámica de nuestro tiempo, sin menoscabo de que puedan y deban perpetuar sus valores y tradiciones.

Fuente: 3 Siglos 3 Fiestas.; Ernesto Visconti Elizalde, Consejero Cultural Tres Siglos Tres Fiestas A.C.; Creative Commons.

 
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