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BATALLA DE SAN PEDRO DE LAS COLONIAS

ABRIL DE 1914

Una vez restablecido el orden y nombradas las autoridades civiles y militares correspondientes, en Torreón, Villa pensó en acabar con las tropas enemigas que se habían concentrado en San Pedro de las Colonias, Coahuila; a cuyo mando estaban los generales Javier De Maure, Arnaldo Casso López y otros, que días antes vinieran en auxilio de Torreón, pero que tras sangriento combate con las fuerzas de los valerosos generales revolucionarios Rosalio Hernández y Toribio Ortega, habían tenido que desistir de su intento y refugiarse en aquella plaza, quedando sitiados.

En virtud de que De Maure y los otros generales comprendieron que no podían continuar su marcha, ni atacar a los villistas que perseguían a José Refugio Velasco, consideraron necesario pedir ayuda a Monterrey y Saltillo, y pronto recibieron los refuerzos solicitados, con los que aumentaron su fuerza tanto en hombres como en recursos.

Francisco Villa consideró que Velasco era un hombre derrotado y que sus deseos por alcanzarlo y aniquilarlo podrían tener resultados desfavorables, y se decidió por atacar la plaza de San Pedro.

El 3 de abril ordenó Villa que salieran hacia San Pedro de las Colonias las siguientes tropas: la brigada del general Robles, la brigada del coronel Raúl Madero y parte de las fuerzas de los generales Maclovio y Luis Herrera.

Días mas tarde salió la brigada Zaragoza con parte de la artillería, que transportaron por tierra, así como los famosos cañones El Niño y El Chavalillo, que marcharon sobre la vía férrea en sus plataformas. Todo este contingente iba a las órdenes de Tomas Urbina, a quien Villa otorgó el mando de las operaciones.

Mientras Villa organizaba el resto de su gente, las fuerzas federales en San Pedro seguían recibiendo refuerzos, y ya en aquella plaza se encontraban, además de las fuerzas del general De Maure, las tropas de los generales Romero y Paliza, la llamada División del Norte federal, al mando del general García Hidalgo y la División del Bravo que Comandaba el general Maass, a quien se consideraba como uno de los mejores y más valientes generales que integraban las filas del usurpador Victoriano Huerta.

De acuerdo con los informes de los correos que Villa tenia destacados, las fuerzas enemigas estaban integradas de la siguiente manera: el general De Maure tenia unos 1,700 hombres y 4 cañones; el general García Hidalgo, también con aproximadamente 1,700 hombres y 2 cañones; el general Maass con 1,300 hombres y 4 cañones; El general Romero con unos 500 hombres, y aproximadamente unos 800 al mando de otros generales y jefes de menor graduación, lo que sumaba no menos de 6,000 hombres y 10 piezas de artillería, así como algunas secciones de ametralladoras muy bien abastecidas.

Conforme iban llegando a San Pedro las brigadas que el general en jefe despachaba de Torreón, estas se unían con entusiasmo a las que ya estaban en la contienda. Formaban el centro de la línea de combate las brigadas de Tomas Urbina, Resalió Hernández, José Rodríguez y Maclovio Herrera; integrando el ala derecha, que sé extendía por el sur, marchaban las fuerzas de Calixto Contreras, José Isabel Robles, Eugenio Aguirre Benavides y Raúl Madero, y cubriendo él a la izquierda, rodeando por el norte, avanzaban las tropas de Toribio Ortega, Miguel González y Toribio de los Santos.

El 5 de abril, concentradas en el sitio la mayor parte de las tropas constitucionalistas, se ordenó que el centro avanzara, y tras de fragorosa lucha que duro hasta las primeras horas del día 6, los revolucionarios se colocaron en su avance a unos 500 metros de la estación del ferrocarril, así como de las casas inmediatas, donde al amparo de gran cantidad de pacas de algodón se atrincheraban las tropas federales.

Mientras esto sucedía en San Pedro de las Colonias, el general José Refugio Velasco, que se organizaba en Viesca, ordenó que la caballería de Argumedo marchara al norte, en tanto que el trataría de mover sus tropas en un intento por re unirse con De Maure, García Hidalgo y los demás jefes federales. Villa se enteró de la marcha de la caballería de Benjamín Argumedo, y luego tuvo conocimiento de que esta fuerza había entrado en San Pedro de las Colonias, tras breves tiroteos con las avanzadas de las tropas constitucionalistas.

El día 7 se intentó mandar a Velasco un convoy que transportaba municiones y bastimentos, escoltado por la caballería de Argumedo, pero como este movimiento fue advertido por las fuerzas constitucionalistas que sé encontraban entre Santa Elena y la Candelaria, éstas se lanzaron contra la gente de Argumedo, causándole grandes bajas en sus filas y obligando al convoy a retroceder en busca del refugio de la ciudad.

El día 8, sin embargo, volvieron a insistir los federales en la salida del convoy, pero esta vez escoltados por una columna de 2,000 hombres, y con el apoyo de una batería con la que se atacaron las posiciones de Santa Elena. Trabándose en reñidísimo combate, la artillería revolucionaria causó grandes estragos en la columna federal, en tanto que la infantería rechazaba al enemigo, haciéndolo huir en desordenada fuga y a no ser por el auxilio de una nueva columna, de 2,000 hombres también, los federales hubieran perdido su artillería. Esta temeraria acción costó al ejército federal la pérdida de más de 200 hombres.

Viendo que era imposible la salida del convoy que llevaba bastimento y municiones a Velasco, el general Joaquín Maass realizó un valeroso ataque sobre el ala derecha de los villistas, movimiento que aprovechó Argumedo para salir con el multicitado convoy.

En esta ocasión los federales vieron coronados sus esfuerzos, pero a costa de la pérdida de más de 300 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, sin contar que sus soldados comenzaron a des moralizarse pues comprendían que sólo podrían resistir el empuje revolucionario al amparo de poderosas fortificaciones.

En Soledad, hacienda de ese nombre, Velasco recibió medio millón de cartuchos y el bastimento que venía en el convoy escoltado por Argumedo, y se unió a los generales De Maure y Paliza, cuyas tropas integraban el refuerzo de la columna de Argumedo. Luego de municionar a su gente, Velasco, De Maure, Paliza y Argumedo salieron rumbo al norte.

El 9 de abril llegó el general Villa frente a San Pedro de las Colonias, trayendo el resto de sus fuerzas y de su artillería. Enterado por el general Urbina de la situación, se hizo acompañar del general Felipe Ángeles en el recorrido de la línea de combate para hacer el reconocimiento y planear el dispositivo de combate, y ambos estuvieron de acuerdo en que había de reconcentrarse hasta el último soldado de la División del Norte, puesto que su intento era el de tomar la plaza en un término que no excediera de 24 horas.

La madrugada del 12, las tropas de Villa emprendieron el ataque final. Los federales, en un intento desesperado, intensificaron las cargas de artillería y ordenaron escaramuzas de la caballería, pero sus empeños no rindieron frutos.

La noche de ese mismo día, en medio de incendios y humaredas, las fuerzas huertistas abandonaron San Pedro, cargando a sus espaldas una derrota que parecía definitiva en el Norte de la República.

Fuente: Wikipedia. Las Grandes Batallas de la Division del Norte. Luis y Adrían Aguirre Benavides, Editorial Diana, 1965. Creative Commons.

 
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