historia.jpg

Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
CAPSULA CULTURAL... BATALLA DE SANTA ISABEL, COAHUILA

El 2 de marzo de 1866, en Santa Isabel, hacienda localizada en las inmediaciones de Parras, Coahuila, tropas mexicanas derrotaron a una columna francomexicana al mando de Paul Brian (1828-1866), comandante de la Legión Extranjera. Parapetados tras unas rocas y en las azoteas de las casas de la hacienda, los republicanos diezmaron a sus enemigos, quienes realizaron una carga que, sin exageraciones, merece el calificativo de suicida. En su carrera contra las posiciones republicanas, de pronto se vieron detenidos por el cauce de un arroyo, en esa temporada seco, que existe en el lugar. Fue una trampa mortal. Numerosos seguidores del Imperio murieron intentando trepar las paredes del arroyo.

No fue la única ventaja de los vencedores, que también contaban con armamento más moderno: carabinas de repetición de ocho tiros procedentes de los Estados Unidos. Además de una capacidad de fuego superior, las carabinas de repetición permitían disparar pecho a tierra, lo cual resultaba imposible para los imperialistas, obligados a ponerse de pie o al menos con rodilla en tierra para recargar por la boca sus rifles, ofreciendo un magnífico blanco a los fronterizos.

Tres décadas después de la acción de armas, redactores de El Espectador, diario de Monterrey, y del semanario La Gaceta de Parras, se enfrascaron en una discusión sobre a quién correspondía la gloria de haber comandado las fuerzas liberales en Santa Isabel, si al general coahuilense Andrés S. Viesca o al nuevoleonés Gerónimo Treviño, quien era coronel al ocurrir la batalla. La discusión rindió material suficiente para publicar, en 1897, un "folleto histórico" donde se recogieron las versiones esgrimidas por uno y otro bando.

Al margen de la vieja disputa, cada 1 de marzo, los habitantes de Parras de la Fuente conmemoran la acción de armas y rinden homenaje al general Viesca. La ceremonia se lleva a cabo frente a un pequeño obelisco levantado a unos cientos de metros del hoy ruinoso casco de la hacienda de Santa Isabel.

Andrés S. Viesca rindió un lacónico parte de la batalla al Ministro de la Guerra, "donde se halle", el 9 de marzo de 1866. Lo fechó en Cuatro Ciénegas, sitio al que había desplazado sus tropas. Gracias al historiador Jean Meyer, hoy es posible confrontar el parte de Viesca con la versión del subteniente de la Legión Extranjera Ernest Moutiez, hecho prisionero en Santa Isabel.

El subteniente Moutiez relata los pormenores de la jornada del 1 de marzo en extensa carta escrita a sus padres, la cual pertenece ahora al archivo del Servicio Histórico del Ejército de Tierra, Chateau de Vincennes, Francia.

En su espléndido libro Yo, el francés. La Intervención en primera persona (Tusquets Editores, México, 2000), Meyer publicó fragmentos de la carta de Moutiez, que ahora se reproduce completa en traducción de Carlos Recio Dávila.

Parte oficial de la Batalla de Santa Isabel que rinde el general Andrés S. Viesca Ministerio de Guerra y Marina. Gobierno y Comandancia Militar del Estado Libre y Soberano de Coahuila de Zaragoza.

—Después del parte detallado que tuve el honor de dirigir a ese Ministerio con fecha diez y ocho del próximo pasado, tengo la satisfacción de rendir a Ud. cuenta de un segundo y completo triunfo que obtuvieron nuestras armas el día ig. del corriente, y de las últimas operaciones emprendidas por la brigada de mi mando, reunida a la División de Caballería del cuerpo del Ejército del Norte, a las órdenes del ameritado y entendido coronel, ciudadano Gerónimo Treviño.

Evacuada por mí la plaza de Parras, al echárseme encima una columna de franceses que la ocupó el dieciséis de febrero último, me dirigí a La Laguna, con el objeto de concluir con los restos destrozados de las fuerzas imperialistas y para evitar que éstas se concentrasen con los franceses. No pude lograr este doble fin, porque los traidores verificaron su fuga con bastante rapidez, dando una vuelta de más de cien leguas por las fronteras de Durango y Zacatecas, y volviendo por último a Parras, donde se reunieron a la fuerza francesa. Me limité, en consecuencia, a permanecer en observación de Parras, al mismo tiempo que se me aproximaron de Durango y Chihuahua dos columnas también de franceses, formando un total de ochocientos a novecientos hombres.

Continué, sin embargo, en mis posiciones, dispuesto a hostilizar al enemigo, hasta el día 27 de febrero, que recibí comunicaciones de los coroneles ciudadanos Gerónimo Treviño y Francisco Naranjo, en que me avisaban su aproximación a Parras con la División de Caballería para que obráramos en combinación.

Desde luego me puse en movimiento dividiendo la brigada en dos columnas, para que por distintos caminos avanzasen a las goteras de Parras, donde debíamos unirnos con la División de Caballería. Así se verificó, en efecto, por la primera columna; la madrugada del primero del corriente, tomando posiciones en el campamento que ocupaba en Santa Isabel, la fuerza del ciudadano coronel Treviño, a tres leguas de la plaza, después de una marcha de treinta leguas sin descanso.

Dos horas después de hallarnos en el campamento, empezaron a oírse los tiros que sostenían nuestras avanzadas con el enemigo. Al principio creí que no pasarían de fuegos parciales de las avanzadas; pero a poco se recibió parte formal de que una fuerte columna enemiga se lanzaba sobre nuestras posiciones. En el acto acordé la resistencia con el ciudadano coronel Treviño, y muy pronto tuve el gusto de ver que estábamos listos para el combate.

Entre tanto, nuestra fuerza avanzaba, compuesta de cuarenta hombres al mando del bizarro teniente coronel, comandante de escuadrón, ciudadano Joaquín Garza Leal, resistía denodadamente el empuje de doscientos quince franceses y más de cuatrocientos traidores, sosteniendo en retirada para nuestro campo, un fuego bastante vivo por más de hora y media, con el mayor orden, regularidad y bizarría.

Replegada a nuestras posiciones la fuerza del ciudadano teniente coronel graduado, comandante Garza Leal, sin pérdida de ninguna clase, emprendió el enemigo un ataque brusco y obstinado, con dos columnas de infantería, sobre nuestro centro y por el ángulo izquierdo de la posición, lanzando a la vez una tercera columna de caballería, con el designio de doblar nuestra retaguardia.

El combate quedó empeñado inmediatamente, y nuestros bravos opusieron una resistencia vigorosa, logrando rechazar casi simultáneamente las columnas enemigas, dejando el campo sembrado de muertos y heridos, abandonando sus trenes y quedando prisioneros el resto de los franceses y considerable número de imperialistas, en la persecución tenaz que les hicieron los cuerpos "Legión del Norte", "Supremos Poderes" y "Lanceros de Parras", como se servirá usted ver por el parte que adjunto del ciudadano coronel Treviño. También incluyo una relación de las muy insignificantes pero sensibles pérdidas que tuvimos, lo mismo que de las grandes experimentadas por el enemigo, juntamente con una lista nominal de los prisioneros franceses que se hallan en nuestro poder.

El triunfo de nuestras armas no pudo ser más completo en esta gloriosa jornada, y me es muy grato felicitar al ciudadano Presidente de la República, por el respetable conducto de usted, por la benéfica influencia que este brillante suceso ejercerá inconcusamente sobre nuestras operaciones futuras. El comportamiento en general, de todos los ciudadanos jefes, oficiales y tropa, que concurrieron al hecho de armas que me ocupa, ha sido el que debía esperarse de los valientes, sufridos y leales mexicanos que combaten por el decoro y libertades de la patria.

Todos han cumplido con su deber; todos han compartido las fatigas con abnegación y el peligro con serenidad; y en todos brillaba la fe del triunfo, arrancando a la victoria un laurel inmarcesible, y al enemigo la triste confesión de su derrota. No me detendré, por tanto, en hacer recomendaciones especiales, cuando todos estos bravos se han hecho acreedores a la consideración del supremo gobierno, mereciendo bien de la patria.

Pero no puedo dispensarme de rendir un homenaje a la serenidad y pericia del digno coronel, ciudadano Gerónimo Treviño, lo mismo que a la impetuosidad y brío del ciudadano coronel Francisco Naranjo y teniente coronel Antonio Pérez Villarreal, en la carga a la bayoneta con que intimidaron al enemigo, momentos antes de su fuga, y cuando al paso de carga y lleno de osadía, -había trepado a más de la mitad del cerro que defendíamos, donde quedaron algunos de sus muertos al pie de nuestros soldados.

Todo lo que me honro en comunicar a usted, para conocimiento del ciudadano Presidente de la República.

Independencia y Libertad.— Cuatro Ciénegas, marzo 9 de 1866. — Andrés S. Viesca.— C. General Ministro de Guerra.— Donde se halle.

Fuente: Wikipedia. Santa Isabel: Las dos visiones; Javier Villarreal Lozano. Creative Commons.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia