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CÁPSULA CULTURAL... EXPEDICIÓN PUNITIVA: FIN DE INTENTO FALLIDO

Por Roberto Espinosa de los Monteros

Investigador del INEHRM

El 15 de marzo de 1916, el general estadounidense John Joseph Pershing, al mando de 5,800 soldados, incursionó en territorio mexicano. Su objetivo, disminuir las fuerzas de Francisco Villa; el motivo, vengar el ataque que el Centauro del Norte había perpetrado días antes en el poblado de Columbus, Nuevo México.

Durante los siguientes meses, la expedición punitiva buscó por todas partes a Villa sin lograr los resultados deseados, y en realidad, pocos fueron los enfrentamientos relevantes que sostuvo, incluso Pershing expresó su sentir: “Me siento un poco como un hombre que busca una aguja en un pajar”. De aquella expedición, dos fueron las acciones militares más memorables. La primera ocurrió el 12 de abril de 1916, cuando una columna proveniente de San Antonio Arenales penetró hacia el sur, hasta alcanzar las inmediaciones de la ciudad de Hidalgo del Parral.

En este lugar, más de cien soldados de caballería al mando del mayor Frank Tompkins hicieron un alto para hacerse de provisiones. La guarnición carrancista y las autoridades municipales entablaron conversaciones con el mayor para negociar su inmediata salida. No obstante, el pueblo se sintió indignado por la presencia del destacamento extranjero en aquel lugar, y comenzó a congregarse. A los gritos de ¡Viva Villa! y ¡Viva México!, agredieron a los soldados con armas y piedras, obligándolos a salir de la ciudad.

Otro incidente se verificó un par de meses después. El 21 de junio de ese año, dos escuadrones estadounidenses a las órdenes del capitán Charles T. Boyd llegaron al pueblo de El Carrizal, después de haber realizado una larga travesía desde Colonia Dublán. En su intento por cruzar, la centena de hombres de Boyd fue detenida por los 260 soldados que integraban la Brigada Canales y que estaban bajo el mando del general constitucionalista Félix U. Gómez.

Siguiendo las instrucciones del encargado del Poder Ejecutivo, Venustiano Carranza, de impedir el avance de los estadounidenses e incluso recurrir a la fuerza si se internaban en el estado de Chihuahua, Gómez exigió el retiro inmediato de la tropa. Sin embargo, Boyd hizo caso omiso de las advertencias y prosiguió su camino. A las 7 de la mañana, se entabló un combate entre los dos regimientos que duró cerca de dos horas y del que resultó vencedor el ejército mexicano. Al inicio de la batalla, perdió la vida el Gral. Félix U. Gómez; en su lugar tomó el mando el Tte. Cor. Genovevo Rivas. También murieron en la acción el Cap. Francisco Rodríguez, el Tte. Daniel García, el Tte. Evaristo Martínez, el Subtte. Juan Lerdo y 26 soldados mexicanos más.

Los estadounidenses, por su parte, tuvieron 14 muertos, entre quienes se contó el Cap. Boyd. El ejército mexicano hizo prisioneros a 17 soldados, que entregó al gobierno de Washington unos días después, en el puente de Ciudad Juárez. También devolvió los pertrechos de guerra capturados durante la batalla.

Los primeros informes remitidos al presidente de EE.UU., Woodrow Wilson, distorsionaban la realidad: señalaban que los mexicanos habían comenzado el ataque, por lo que el mandatario estadounidense preparó un mensaje para solicitar al Congreso permiso de ocupar militarmente todo el norte de México. Pero la tensión disminuyó cuando Wilson fue informado de lo que realmente había ocurrido en El Carrizal, además, temía entrar en guerra con México, debido a las crecientes tensiones con Alemania. Para Friedrich Katz, Estados Unidos optó por enfrentar al enemigo europeo y no invertir esfuerzos en su aventura mexicana.

Por parte de México, Venustiano Carranza estaba consciente de que este primer enfrentamiento entre los ejércitos de ambas naciones podía desatar la guerra contra Estados Unidos, por lo que se dispuso a sumar fuerzas con los mexicanos que se oponían a su gobierno. El 22 de junio, al día siguiente de lo ocurrido en El Carrizal, hizo un llamado a todos los rebeldes del país para que se incorporaran a su ejército, dejando fuera a aquellas personas que con anterioridad habían sido declaradas fuera de la ley y a los principales cabecillas de los movimientos opositores, entre los que se encontraban, por supuesto, Francisco Villa y Emiliano Zapata.

El combate de El Carrizal marcó la etapa de declive de la expedición, por lo que las relaciones con Estados Unidos se volvieron más tensas. Sin embargo, aunque el presidente Wilson protestó por el ataque sufrido por sus fuerzas, llegó a acordar con Venustiano Carranza sobre la convocatoria a una conferencia que resolviera de manera pacífica y diplomática el problema.

Las negociaciones comenzaron en septiembre de 1916 y tuvieron tres sedes diferentes: Nueva York; New London, Connecticut, y Atlantic City, Nueva Jersey. Como representantes del gobierno estadounidense asistieron Franklin K. Lane, secretario del interior y jefe de la delegación, el abogado George Gray y el secretario general del comité internacional de las Asociaciones Cristianas de Jóvenes, John R. Mott. Por su parte, el gobierno de Carranza designó a Luis Cabrera, quien, además de fungir como presidente de la comisión mexicana, poseía un extraordinario don de diplomacia y negociación; a Alberto J. Pani, cuya sociabilidad le permitió entablar relaciones más amistosas con los estadounidenses, que fueron útiles para el desarrollo de las negociaciones, y a Ignacio Bonillas, quien con su franqueza dejó en claro la posición mexicana.

A finales de septiembre, Lane entregó a la delegación mexicana un memorándum basado en tres puntos: el primero concernía a la protección de las vidas y propiedades de los extranjeros en México que debería garantizar el gobierno de Carranza; en segundo término, Estados Unidos creía conveniente el establecimiento de una comisión de reclamaciones por daños sufridos por la Revolución.

El 10 de octubre, los representantes de EE.UU. enviaron otra propuesta con otros puntos que no sólo les interesaban a ellos, sino que la balanza se estableció un poquito hacia el lado mexicano. La propuesta contenía la protección de la frontera en ambos lados con la responsabilidad de cada parte por vigilar su propia frontera; también se propuso que, en caso de ocurrir otro incidente como el de Columbus, sólo mediante un mutuo acuerdo se debería sofocar cualquier disturbio en la línea fronteriza; y en caso de necesitarse una exploración conjunta, estaría bajo la autorización escrita y abarcaría tan sólo un radio de 10 millas en cada lado de la frontera.

Pero el punto que más anhelaba México, el del retiro de las tropas estadounidenses, fue rechazado, debido a que la propuesta de EE.UU. señalaba el retiro gradual sus tropas transcurridos 90 días a partir de la firma del convenio, o bien, el retiro definitivo hasta el 15 de marzo de 1917, con la condición de que no se presentara un asalto alrededor de 100 millas sobre la posición norteamericana en Chihuahua.

Las negociaciones continuaron, y el 26 de octubre la representación estadounidense planteó el retiro de las tropas y el resguardo de la frontera, con la condición del cumplimiento de las leyes de neutralidad; la protección de vidas y propiedades de ciudadanos estadounidenses; a cambio de que el gobierno de EE.UU. otorgara garantías a los mexicanos residentes en su territorio; y la formación de una Comisión de Reclamaciones. Pero los norteamericanos se reservaban el derecho de volver a penetrar en México si éste no cumplía con la protección acordada.

Una nota amañada fue enviada el 19 de diciembre a la representación mexicana. En ella se aseguraba que si el gobierno de México aceptaba el convenio anterior, Estados Unidos retiraría inmediatamente sus tropas del territorio nacional. Las acciones del vecino del norte a todo ponían condiciones, por lo que la propuesta principal de los delegados mexicanos al insistir una y otra vez en el retiro inmediato de las fuerzas norteamericanas fracasó.

Finalmente, el presidente Wilson ordenó la salida de las tropas estadounidenses estacionadas en México, las cuales salieron por el mismo sitio por donde entraron: Las Palomas, el 5 de febrero de 1917, cruzando la frontera con Estados Unidos. La vuelta a casa obedeció a que para Estados Unidos fue inevitable su entrada en la Primera Guerra Mundial.

Desde 1914, Estados Unidos había pospuesto una muy posible intervención armada en Europa. Empero los sucesos del 7 de mayo de 1915 alertaron a Wilson, cuando el Lusitania fue hundido por un submarino alemán en las costas de Irlanda y en donde perecieron 123 estadounidenses, entre ellos el millonario Alfred Vanderbilt, además de que el buque transportaba más de 420 millones de balas destinadas a los aliados.

El 21 de julio de 1915, Wilson pidió a sus secretarios de Guerra y Marina que establecieran programas de expansión para las fuerzas armadas, por lo que se comenzó la construcción de buques de guerra, cruceros, destructores y submarinos. De manera paralela, el mandatario tomó medidas para otorgar nuevos créditos a los aliados con el único fin de reactivar el comercio exterior. En marzo de 1916, Estados Unidos se estaba preparando para la guerra, cuando ocurrió el ataque de Villa a Columbus.

En ese mismo mes, un submarino alemán hundió al vapor Sussex, por lo que nuevamente las tensiones entre Alemania y Estados Unidos subieron de tono. Wilson presionó al Congreso para que aceptara la ley sobre la Armada, que fue aprobada el 21 de julio de 1916. Finalmente, el presidente creó el Ministerio de Marina el 15 de agosto.

El 12 de diciembre, Alemania propuso la paz a Estados Unidos, pero fue rechazada, por lo que reanudó la guerra submarina sin límites a partir del 8 de enero de 1917. Después de responder el 22 de enero mediante un discurso en el que hizo un llamado a las naciones a hacer suya la Doctrina Monroe, el presidente Wilson definió tres acciones: planteó un gobierno cimentado en el consenso de los gobernados, la libertad para navegar y la moderación de la carrera armamentista. A comienzos de febrero, Wilson declaró rotas las relaciones diplomáticas y solicitó al Congreso que se armaran los buques mercantes estadounidenses.

Sin contar con la aprobación del Congreso, Wilson dio a conocer el 26 de febrero un telegrama del ministro de Relaciones Exteriores alemán, Arthur Zimmerman, y que era dirigido al embajador alemán en nuestro país. El mensaje interceptado por la inteligencia británica proponía al gobierno de Carranza formar una alianza conjunta en contra de Estados Unidos, a cambio de apoyo financiero y la recuperación de los territorios perdidos en la guerra de 1847.

El 14 de junio, Wilson hizo la declaración de Guerra por la libertad y la justicia. Dos millones ochocientos mil hombres pasaron a formar parte del ejército profesional y entrenado en su mayor parte en el sur del territorio estadounidense. El general John “Black Jack” Pershing —el mismo que no encontró jamás a Villa— fue nombrado para encabezar las Fuerzas Expedicionarias Norteamericanas (AEF). Los primeros soldados estadounidenses arribaron a Francia en junio de 1917 para combatir en una de las guerras más terribles que ha conocido la humanidad.

El balance sobre la expedición punitiva fue enorme en la situación política mexicana. Por una parte, perjudicó las relaciones entre los gobiernos de Woodrow Wilson y el que encabezaba Venustiano Carranza, además de que éste perdió la posibilidad de adquirir armamento y financiamiento, dado que ningún otro país, debido al estado de guerra por el que se atravesaba, otorgaría recursos económicos al Primer Jefe. También es de resaltar que los movimientos opositores cobraron nueva fuerza. Por ejemplo, el puñado de 500 hombres con los que Villa atacó Columbus aumentó considerablemente a finales de 1916 a más de diez mil efectivos; asimismo, otro acérrimo enemigo de Carranza cobró poder: Emiliano Zapata contraatacó y en febrero, mes en el que las tropas estadounidenses salieron del país y se promulgó el nuevo pacto político social, dominaba el estado de Morelos, con excepción de la poblaciones más grandes.

Para Katz, la expedición punitiva “tuvo profundo efecto tanto en la historia mundial como en el desarrollo interno de la Revolución mexicana”.

Fuente: Wikipedia. Roberto Espinosa de los Monteros. http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=exp-expedicion-punitiva-articulo. Librería de Congreso E.U.A.

 
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