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JOSÉ CARLOS CHÁVEZ FLORES

JOSÉ CARLOS CHÁVEZ FLORES (1892-1970)

Nació en San Nicolás de Carretas, o Gran Morelos, el 7 de agosto de 1892. Fueron sus padres José S. (Salomé) Chávez Valdez y Francisca Flores Nava[1].

Comenzó sus estudios primarios en su pueblo natal, pero la escuela se tuvo que cerrar y José Carlos fue enviado a estudiar el segundo año en Guerrero, donde tuvo la fortuna de aprender del gran maestro don Mariano Irigoyen. Pero apenas terminó a Guerrero el segundo año cuando sus padres lo mandaron a Chihuahua, a estudiar en el Colegio Palmore. En este plantel cursó tercero, cuarto y quinto de primaria. Desgraciadamente el aventajado alumno, que tantas esperanzas había puesto en el estudio, tuvo que interrumpir sus estudios antes de terminar la Primaria. Su carrera de médico, en la que tanto había soñado, quedaría olvidada para siempre. La razón fue que los negocios de su padre iban de mal en peor en Carretas por causa de la decadencia del pueblo.

Siendo adolescente, su familia cambió su domicilio a La Junta (Estación López Mateos), donde su padre, que era comerciante, abrió una tienda de abarrotes. A ella se entregó José Carlos con todas sus fuerzas.

En 1913, José Carlos fungía también como agente de Correos de la localidad. El 24 de febrero de ese año sucedió un hecho que muestra la inestabilidad que prevalecía en el estado por causa de la Revolución. Ese día, a las dos de la tarde, estando José Carlos en la Oficina de Correos, se presentó un revolucionario, Maximiliano Lucero, y le exigió la entrega de todo el dinero que hubiera en la caja. Ese día se habían vendido $18.00 pesos de timbres. José Carlos no tuvo más remedio que obedecer sus órdenes, pero de inmediato se fue a ver al presidente de la Sección Municipal para levantar un acta de lo sucedido y quedar así libre de toda responsabilidad.

En 1914, por ese mismo ambiente de guerra que prevalecía, la tienda de los Chávez fue saqueada como tantos otros negocios. Entonces José Carlos, al quedar en la calle, decidió participar también él en la Revolución, alentado por los ideales de Madero. Junto con Jesús Sáenz, Juan Lerma y Rosendo Estrada, hijos de los dueños de las haciendas de “El Rosario”, “La Herradura” y “La Boquilla”, se va a Chihuahua para ponerse a las órdenes del general Agustín Estrada, pariente de los otros tres jóvenes mencionados. Pero el general los rechazó, tal vez para no exponerlos al peligro de la guerra y para no dejar sin su ayuda a sus familias. José Carlos optó por irse a El Paso, donde consiguió trabajo en 1915 como empleado de una compañía de seguros, la American National, para no volver a casa con los bolsillos vacíos. En 1916 regresó a La Junta, donde comenzó de nuevo a prosperar en los negocios.

En una de las entradas de Pancho Villa al pueblo, el general exigió a los vecinos más pudientes del pueblo fuertes sumas de dinero “para combatir a los gringos”. Al padre de José Carlos le exigió la enorme cantidad de cinco mil pesos. Al no poder este juntar tal cantidad, Villa le exige que se enrole en su ejército. José Carlos entonces, con gesto de gran valor, le pide al general Julio Acosta, que lo enliste a él en lugar de su padre y su proposición fue aceptada. La tropa villista parte a Namiquipa y de allí a San Antonio de los Arenales. En esta población el muchacho se escapa sabiendo que Villa va hacia el sur y que la vida de su padre no corre peligro. De ahí se va a Casas Grandes y otra vez a El Paso. Sigue siendo el año de 1916.

Después de dos años regresa otra vez a su pueblo de La Junta, que siempre tira de él. En 1918 comienza a ejercer en La Junta un cargo público en el habría de durar, con pocas interrupciones, más de cincuenta años: el de encargado del Registro Civil. En ese tiempo, 1918 a 1922, fue también Recaudador de Rentas en su pueblo.

De los 113 cargos públicos que desempeñó con gran eficiencia y honradez, destaca el de juez del Registro Civil, que ejerció durante cincuenta años, a partir de 1918, por el que fue sumamente conocido por la sociedad chihuahuense. Se calcula que casó personalmente a más de cincuenta mil parejas chihuahuenses, por lo que se le llamaba con afecto “el casamentero mayor de la historia de Chihuahua”.

Fue varias veces diputado entre 1923 y 1929 por el VII Distrito ubicado en Guerrero.   Pero por lo que será siempre recordado, pues sus obras hablan por él, es por su aportación a la historiografía chihuahuense. Su gran amor a la historia lo llevó a dedicar largas horas a la investigación de nuestro pasado, especialmente la Colonia y la Revolución.

Miembro desde su fundación en 1938 de la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos, fue, junto con Francisco R. Almada y León Barrí, uno de los pilares de la misma.

Al ser propuesta en la Sociedad Chihuahuense de Estudios Históricos la elaboración de un escudo que sirviera de identificación a la misma, se encargó el proyecto a una comisión de socios, entre los que se encontraban León Barrí y José Carlos Chávez, los cuales elaboraron una propuesta. Fue indudablemente José Carlos Chávez quien más trabajo dedicó al proyecto hasta dejar terminado el escudo definitivo adoptado por la Sociedad.

Después, cuando ese escudo fue adoptado por el Municipio de Chihuahua en 1941, él mismo se encargó de hacerle las modificaciones pertinentes hasta dejarlo como está en la actualidad. Este mismo escudo fue adoptado después por el estado.

Escribió numerosos trabajos de investigación histórica, así como cuentos y leyendas, con un estilo claro, ameno y elegante. Como libro, publicó solamente Peleando en Tomochi, pero al morir tenía ya preparados para la imprenta varios libros, cuyos capítulos se habían publicado y se siguen publicando en numerosas revistas, periódicos y libros. Entre ellos están:  Crónicas de San Felipe el Real de Chihuahua, Cuentos Serranos, Los Apaches en Chihuahua, Sucesos de la Colonia y Chihuahua, cuna de la Revolución.

Don José Carlos Chávez murió en la ciudad de Chihuahua el 26 de julio de 1970.

Referencia: 1 Por línea paterna, José Carlos, gracias a su afición por la historia, logró trazar su ascendencia hasta el sargento mayor don Pedro Durán de Chávez, de Nuevo México, casado con Elena Domínguez de Mendoza, que fueron padres del capitán Tomás de Chávez (1661-1750). Este, por causa de la devastadora sublevación de los indios pueblos en 1680, tuvo que huir de Santa Fe hacia el sur, al igual que todos los españoles e indios cristianos que sobrevivieron. Muchos se avecindaron en la región del Paso del Norte. Otros, entre ellos Tomás de Chávez, se aventuraron a poblar tierras más al sur del Río Bravo, llegando hasta la región de Cusihuiriachi, cuyas minas acababan de ser descubiertas. Las autoridades del lugar se inconformaron con la llegada de los nuevos colonos alegando una cédula real que ordenaba que los colonos huidos de Nuevo México debían concentrarse no más debajo de Santa María de las Carretas, en la región de Janos, para que pudieran desde ahí partir a la reconquista de la región ocupada por los indios rebeldes. Don Tomás y su caravana tuvieron que partir hacia el sitio señalado por las autoridades, pero después de hacer dos penosas jornadas llegaron a un pacífico y solitario valle donde se estacionaron el 10 de septiembre de 1685. “El lugar de su destino señalado por el mandato real quedaba a larga distancia y era necesario para alcanzarlo, hacer largas y penosas jornadas, además de una perspectiva insegura de llegar a la meta; así que Don Tomás, tomando una brava y firme resolución, exclamó: ‘¡Aquí es Carretas!’”. Y ahí se quedó, en lo que llamaron San Nicolás de Carretas.

Fuente: Wikipedia. Investigación realizada por Dizán.; VázquezUnidad de Estudios Históricos y Sociales, Extensión Chihuahua  U.A.C.J.; Creative Commons.

 
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