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"LA DIVISIÓN DEL NORTE TRIUNFO Y DERROTA"

Fue en abril de 1915, en los campos de Celaya, Irapuato y León, se desarrollo la batalla que habría de definir el destino de México durante el siglo XX y el nuevo sistema político. La temible División del Norte, en la cumbre de su gloria y poderío militar de la época, legitimada por la Convención de Aguascalientes, se enfrentó al ejército constitucionalista  de Álvaro Obregón.

Después de  muchos días de combate, la caballería villista no pudo derrotar a las fuerzas de Obregón, que recurrieron a la guerra de trincheras  para detenerlos.

Tras la derrota, la División se desbandó, Villa huyó de regreso a Chihuahua y sus jefes continuaron la guerra de guerrillas hasta que uno a uno fueron cayendo prisioneros y murieron fusilados y traicionados.

Con esto llegaba a su fin la historia del puñado de hombres que iniciaron la revolución del 20 de noviembre de 1910.

 La tierra, el cielo, las estrellas los hombres y la historia de un ejército del pueblo, el brillo y la aureola de leyenda de Pancho Villa y su Generales ha opacado la importancia que los jefes militares de Chihuahua y La Laguna jugaron en la configuración del que ha sido llamado el máximo ejército revolucionario de América.

Precisamente el 29 de septiembre de 1913, llegaron a junta los guerrilleros regionales de Chihuahua, Durango y el suroeste de Coahuila, convocados por Villa, y convencidos de que sólo la unión podía beneficiarlos.

Todos ellos llevaban más de tres años combatiendo. Los villistas antes que nada fueron maderistas, y se levantaron en armas puntualmente el 20 de noviembre de 1910. Incluso Toribio Ortega, en Cuchillo Parado, Chihuahua, tiene el honor de haberse rebelado cuatro días antes  a que Aquiles Serdán cayera asesinado en Puebla por las balas de la policía.

Los Generales  como Maclovio y Luis Herrera ,Guillermo Baca uno de los primeros, Rosalío Hernández en el sur de Chihuahua, Tomás Urbina en  Durango, Calixto Contreras y Orestes Pereyra en el oriente del estado, Eugenio Aguirre Benavides y José Isabel Robles en la zona coahuilense de La Laguna y Torreón, así como Villa en el centro de Chihuahua y Ortega en  Ojinaga, eran caudillos regionales, hoscos, violentos, herederos de una tradición de “defensores de la frontera” forjada durante las guerras apaches del siglo XIX, que con la llegada de la “paz” porfirista vieron cómo su independencia política y económica, ganada incluso desde la época colonial eran mancillada por una nueva élite capitalista.

De todos ellos pasa revista Salmerón en su libro, mostrando que la historia del villismo es una que se remonta muchos años antes de la Revolución, donde se encuentran las causas de por qué estos hombres decidieron tomar las armas en respuesta a los agravios que tuvieron que soportar durante el porfiriato.

Es por eso indispensable de cara al centenario de la Revolución Mexicana. Antes y después se presenta  la espléndida figura de Villa, cuya leyenda de el y sus Generales se dan por todos los territorios, los generales de las brigadas de la División del Norte: rancheros, maestros, obreros, mineros del norte lanzados a las armas y unificados por la Junta de la Loma, en que se designó a Villa como el general en jefe de todas las fuerzas de Chihuahua, Durango y Coahuila.

No fueron únicamente solo los rancheros y obreros se unieron a Villa. Hemos dicho que los villistas eran antes que nada maderistas, por lo que la élite intelectual maderista no tardó en hallar junto a Villa su lugar natural. Hombres como Luis Aguirre Benavides, quien sería secretario particular del general Villa; Roque González Garza, quien llegaría a ser Presidente interino de la República; o del propio Felipe Ángeles, educado artillero y nato estratega militar. Incluso uno de los hermanos de Madero, Raúl, fue el segundo al mando de la Brigada Zaragoza de Eugenio Aguirre Benavides.

El villismo, fue un movimiento derrotado. Los campos de Guanajuato son testigos de su gesta final, pero su influencia ha sido determinante en los movimientos sociales y agraristas que se produjeron en el norte de México en la post-revolución.

Además, la gesta villista de 1914 sigue presente en el imaginario popular de modo que el culto a la figura de Villa como santo popular va en aumento. Dos estatuas ecuestres de Villa parecieran adornar la cima de sus mayores glorias. Una de ellas se encuentra en el Cerro de la Pila, una pequeña loma de Gómez Palacio, Durango, tomada a sangre y fuego el 25 de marzo de 1914 en una de las acciones más violentas de la Revolución, que ayudaría a definir la toma de Torreón. La segunda de ellas se encuentra en la cima del Cerro de la Bufa, tomada por las fuerzas de Villa el 23 de junio del mismo año, durante la toma de Zacatecas.

 Detrás de ambas acciones de guerra esta el pundonor de los hombres de la División del Norte, de la unión de las brigadas de Tomás Urbina, Calixto Contreras, Maclovio Herrera, Toribio Ortega, Eugenio Aguirre Benavides, José Isabel Robles, Rosalío Hernández, José E. Rodríguez, Trinidad Rodríguez, Juan E. García, Manuel Chao y Orestes Pereyra, sin quienes la caída de Huerta hubiera sido imposible y cuyos nombres siguen siendo ignorados por gran parte de los mexicanos.

Fuente: Julio C. Molina, gracias a los Archivos Históricos de  Parral. Acervo: SINAFO INAH.

 
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