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LOS PRIMEROS LEVANTAMIENTOS REVOLUCIONARIOS

Se ha convertido en un lugar común afirmar que el 20 de noviembre de 1910 “no pasó nada” y que, por lo tanto, esa fecha no sirve como punto de referencia para indicar que entonces inició la revolución mexicana. Y es que con demasiada frecuencia se invoca la experiencia del propio jefe del alzamiento quien vivió aquella jornada como una verdadera “comedia de equivocaciones”, a decir de Charles Cumberland, uno de sus más conspicuos biógrafos. Sin embargo, un acercamiento más detallado a aquellos días nos lleva a comprobar que no sólo en esa fecha sino desde días antes y, por supuesto, en los días y semanas posteriores ocurrieron levantamientos que hicieron eco de la convocatoria del Plan de San Luis.

Ciertamente el modo en que le salieron las cosas a Francisco I. Madero en el día y hora señalados para dar inicio a la revuelta poco serviría de ejemplo a sus seguidores. De acuerdo con un testimonio, aquel día Madero partió a la una de la madrugada del rancho Indio, en Texas, a la cabeza de un pequeño grupo. A las ocho de la mañana se encontraba a la margen del río Bravo cerca de Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras), Coahuila, donde lo esperaba un pariente suyo, Catarino Benavides, con diez hombres montados y armados. Allí pasaron las horas esperando el contingente que nunca llegó, por lo que Madero, “ansioso de entrar en acción”, cruzó la frontera sin conseguir ninguna ayuda. En vista de aquel fracaso, el grupo se disolvió y Madero tuvo que ocultarse nuevamente en Estados Unidos.

Otro testimonio asienta que el jefe de la revolución se vio obligado a permanecer en territorio estadunidense, pues de los 300 hombres que se supone estarían esperándolo para efectuar el cruce de la frontera hacia México, sólo acudieron a la cita diez, “de los cuales cuatro o cinco iban armados con carabina, los demás con pistola y todos escasos de cartuchos”. Como sea, el hecho es que Madero no tuvo éxito en la intentona inicial. No obstante, otros seguidores suyos tuvieron suertes distintas.

No debe perderse de vista que el levantamiento tenía como antecedente todo el entramado de redes que el movimiento antirreeleccionista había construido desde la segunda mitad de 1909, cuando Madero había realizado la primera gira por el país con el fin de fundar clubes opositores, y que se había fortalecido desde abril de 1910 cuando estos y otros clubes trabajaron a favor de la candidatura del coahuilense a la presidencia. Tras la aprehensión de su candidato y su posterior huida a San Antonio, Texas, desde donde se decidió transitar de la oposición política a la lucha armada, muchas de estas células partidistas devinieron en focos conspirativos.

La rebelión, como tal, comenzó a organizarse desde finales de octubre, una vez que fue concluido el Plan de San Luis y circuló precisamente en estas redes antirreeleccionistas que cubrían una parte importante del país. Paralelamente, la junta revolucionaria de San Antonio envió representantes a diversos puntos de México con el fin de sincronizar el levantamiento. Como puede verse, la suerte estaba echada y sólo cabía esperar que dieran las 6 de la tarde del domingo señalado.

Sin embargo, muy pronto las autoridades supieron del plan insurreccional y se dieron a la tarea de perseguir a los involucrados y desbaratar los núcleos de potenciales rebeldes. Cada célula revolucionaria, si bien tenía la consigna de atenerse al plan general, en los hechos debió actuar de acuerdo a las circunstancias.

Así, por ejemplo, en Cuchillo Parado, Chihuahua, Toribio Ortega tuvo que pronunciarse el 14 de noviembre al enterarse que el presidente seccional iba a aprehenderlo. El día 17, Pancho Villa y Tomás Urbina sostuvieron un hecho de armas al introducirse en Rancho de Chavarría, también en Chihuahua, en busca de provisiones y para presentar resistencia al administrador del establecimiento. Cerca de Cuatro Ciénegas, Coahuila, Cesáreo Castro se pronunció desde el día 18.

Sin duda el enfrentamiento más conocido es el protagonizado por la familia Serdán en Puebla en esta última fecha al ser descubiertos sus planes y enfrentar resistencia al cateo de su casa, episodio que concluyó con la muerte del líder maderista Aquiles Serdán al día siguiente. Precisamente el 19 de noviembre también ocurrieron acciones rebeldes adelantadas en Miñaca, Chihuahua, encabezadas por Pascual Orozco, en San Pablo de Monte y Santa Cruz, Tlaxcala, bajo el mando de Juan Cuamatzin, así como en Paso del Macho y San Juan Coscomatepec, Veracruz, dirigidas por Cándido Aguilar, Rosendo Garnica y Enrique Colmenares.

De los eventos anteriores, el ataque a los hermanos Serdán fue el que mayor impacto tuvo al ser ampliamente difundido por la prensa. De acuerdo con algunos autores, la muerte de Aquiles desincentivó algunos alzamientos que estaban preparados en el eje que conforman los estados de Puebla, Tlaxcala y Veracruz, pues infundió temor entre los revolucionarios en ciernes; de acuerdo con otros estudiosos, su deceso sirvió como aliciente a quienes dudaban si había quien pudiera llegar al sacrificio por defender sus ideales.

Los diarios del 21 de noviembre dieron noticia de lo que cabía esperar: el país se encontraba en calma. Sin embargo, El Imparcial no pudo dejar de registrar que el día anterior habían sucedido “algunos desórdenes” en Córdoba y Orizaba, así como que en Guerrero, Coahuila, había tenido lugar un inusual movimiento de tropas, pues cerca de ese punto se había visto por última vez a Francisco I. Madero; también informó acerca de cateos en diversos domicilios en la capital y de diez aprehensiones en Monterrey, acciones vinculadas con las investigaciones relativas a la anunciada revolución.

En efecto, en lo general el país estaba en calma, pero en una calma relativa. Aquel día en que Madero tuvo que regresar a Estados Unidos sin hacer un solo disparo, hubo 13 hechos de armas, la mayoría de ellos en Chihuahua. Personajes como José de la Luz Blanco en Santo Tomás, Pascual Orozco en Labor de San Isidro, Maclovio Herrera en Parral o los magonistas –convertidos a poco en maderistas– Luis A. García y Heliodoro Olea en Bachíniva, respondieron al llamado a las armas en aquel estado. En Durango, los hermanos Domingo, Mariano y Eduardo Arrieta harían lo propio en su natal Canelas, mientras que los veteranos antirreeleccionistas Rafael Cepeda y Pedro Antonio de los Santos se pronunciaron en el mineral de San Pedro, San Luis Potosí; Camerino Mendoza, Rafael Tapia y Gabriel Gavira, por su parte, entraron en acción en Río Blanco, Orizaba y sus cercanías, respectivamente.

Al día siguiente continuaron los pronunciamientos en Chihuahua: en Ojinaga al mando de Abraham González, jefe del antirreelecionismo en el estado; Ciudad Guerrero, sin duda el ataque rebelde de mayor importancia en esos días encabezado por Pascual Orozco y  Albino Frías; Tejolócachi y Temósachi; y San Andrés, donde Pancho Villa sorprendió a las fuerzas federales que iban en auxilio de los defensores de Ciudad Guerrero. También ese día ocurrieron enfrentamientos en el área de influencia directa de la familia Madero: en San Pedro de las Colonias, en Gómez Palacio y en Lerdo, así como un poco más lejos en Cuatro Ciénegas.

Los días y semanas posteriores continuaron la misma tendencia y fueron haciendo evidente que esta primera fase de la revolución se concentraría básicamente en el norte de Chihuahua (a lo largo del Ferrocarril del Noroeste) y en la región lagunera. También quedaban claros los límites de las acciones rebeldes: protagonizadas por grupos poco numerosos, se reducían a tomar pequeñas poblaciones, cambiar las autoridades y después salir a buscar adeptos y pertrechos. Pronto el ejército fue movilizado hacia esas regiones, a donde fueron enviados cerca de cinco mil efectivos, de modo que al exitoso ataque revolucionario de Ciudad Guerrero, siguieron varias derrotas a manos de los federales en Malpaso y Janos –donde murió Práxedis Guerrero en la acción del 29 de diciembre–, así como enfrentamientos violentos en Ojinaga y Batopilas.

No obstante centrarse la lucha en Chihuahua y la frontera entre Coahuila y Durango, el movimiento revolucionario tuvo diversas manifestaciones fuera de esta área entre finales de noviembre y el mes siguiente. En Veracruz, las fuerzas bajo la dirección de Rafael Tapia y Cándido Aguilar lograron hacerse de San Juan de la Punta y establecieron ahí su cuartel general. Por su parte, en Coahuayutla, Guerrero, los hermanos Alfredo, Leonel, Héctor y Homero López Mena se pronunciaron a favor del Plan de San Luis. El 16 de diciembre, el grupo encabezado por Juan Cuamantzin protagonizó una escaramuza en San Miguel Contla, Tlaxcala, que resultó en la dispersión de los insurrectos.  Un par de días más tarde un grupo de rebeldes logró tomar pacíficamente Sahuaripa, Sonora.

Muy al sur del país, en Tabasco la rebelión pareció tener un despunte prometedor. Tras pronunciarse el 19 de diciembre en San Felipe Río Nuevo, Ignacio Gutiérrez Gómez, Daniel Gavilla, Cruz Santanón, Pascual Santiago y Carmen Torres se dedicaron a recorrer la región en busca de adeptos. Otros pronunciados atacaron Santana un par de días después y en los días siguientes asaltaron las haciendas El Provo, Pico de Oro, San Fernando e incluso la población de Cárdenas. Sin embargo, el 23 de diciembre fueron enviadas a la zona fuerzas federales desde Veracruz, las que para el último día del año habían terminado con los actos de insubordinación.

Al finalizar 1910 la actividad revolucionaria había decrecido notablemente, al punto que las autoridades presumían haber acabado con la revuelta. Lo que ocurriría en las semanas siguientes era lo que pocos esperaban: que el movimiento se mantuviera vivo y, más aún, que fuera creciendo hasta poner en jaque al gobierno federal. En ese proceso, los eventos descritos fueron de la mayor importancia pues construyeron el puente entre aquel domingo 20 de noviembre aciago para Madero y la esperanza del triunfo de la revolución.

Fuente: Wikipedia. Pablo Serrano Álvarez; INEHRM- Bicentenario. The C. L. Sonnichsen Special Collections Department - University of Texas at El Paso Library. Creative Commons.

 
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