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BERNARDO REYES UN MILITAR EXCEPCIONAL

Bernardo Reyes fue un militar excepcional, hombre leal y político brillante. Su inteligencia y sentido del orden le permitieron sobresalir en el mediodía porfiriano, sin embargo, un giro inesperado de la historia lo llevaría a convertirse en antihéroe y generador involuntario del cuartelazo que daría inicio a la contrarrevolución y causaría la muerte de Francisco I Madero.

La historia de su familia en nuestro país se remonta a 1829, cuando su abuelo, Doroteo Reyes, llegó a Guadalajara desde Nicaragua. Poco después se le unió su hijo Domingo, un militar y ferviente liberal quien se casó en segundas nupcias con Juana Ogazón. De este matrimonio nació Bernardo, el 20 de agosto de 1850.

Reyes se enlistó en el ejército a la corta edad de catorce años y logró ascender rápidamente gracias a su interés en la táctica militar. Como soldado participó en las tomas de Calvillo, Zacatecas y Querétaro, además de ser testigo del fin del Segundo Imperio Mexicano.

Su carrera militar avanzó a la par de la república restaurada. Durante estos años se desempeñó brillantemente en misiones de gran peligro, además de haber sido asignado como ayudante del general Donato Guerra durante el sofocamiento de una rebelión en Zacatecas.

Se unió asimismo al general Ramón Corona en el combate contra Manuel Lozada, el famoso "Tigre de Alica", lo que le ganó su promoción a comandante de escuadrón. Una vez terminado el periodo presidencial de Sebastián Lerdo de Tejada, tuvo que demostrar su lealtad al régimen de Porfirio Díaz, para poder recibir su ascenso a coronel.

Así, en 1880 fue comisionado para sofocar una rebelión en Mazatlán, en la que nuevamente mostró gran valor, a pesar de haber sido seriamente herido. Después de obtener el rango de general de brigada, fue asignado a la comandancia militar del Noroeste del país.

Su gestión no fue fácil, pues tuvo que combatir a los indios apaches en el norte de Sonora e incluso medió en el conflicto entre indios yaquis y mayos, lo que le permitió ser considerado como un oficial capaz y confiable.

Es por ello que, para 1885  -y luego de un breve periodo en San Luis Potosí- Porfirio  Díaz le encomienda la comandancia militar de Nuevo  León con el objetivo de mantener el orden en la inestable región y asegurar la paz porfiriana.

Luego de la renuncia del gobernador del estado, Genaro Garza García, y de la desaparición de su segundo a bordo, Mauro Sepúlveda, Reyes fue designado como gobernador provisional del estado el 12 de diciembre de 1885.

Bernardo ocupó este cargo hasta el 3 de octubre de 1887, cuando por ley debió entregar el poder al nuevo gobernador, Lázaro Garza Ayala. Sin embargo, logró mantenerse como comandante de la tercera zona militar, posición que le permitió acrecentar su influencia en el círculo político local, algo que quedó demostrado cuando la legislatura local lo nombró “ciudadano nuevoleonés”.

Con esto y la publicación de una ley que permitía la reelección, quedó allanado el camino para que regresara al poder en 1889,  perpetuándose en ese cargo hasta 1906, con excepción del periodo comprendido entre los años de 1900 y 1902, cuando encabezó el ministerio de Guerra y Marina.

Durante sus seis periodos gubernamentales, Bernardo Reyes logró el clima de paz necesario para que las industrias locales pudieran desarrollarse, además de impulsar la inversión extranjera a través de diversas exenciones fiscales y saludables finanzas públicas. El crecimiento de la industria también ayudó a la modernización urbana de Monterrey, lo que se tradujo en un aumento de su población, atraída por la pujante economía.

Reyes hizo numerosos esfuerzos por mejorar la educación pública, e incluso estableció  con gran éxito la escuela secundaria y profesional para mujeres en 1896. Asimismo, expidió numerosas leyes de protección a la salud y la vacunación obligatoria contra la viruela.

 Además de su labor en el frente de batalla, también tuvo tiempo de plasmar sus ideas sobre la milicia en diversos documentos. Entre sus escritos está uno dedicado a describir los atributos de un verdadero soldado, además de su “Ensayo sobre un nuevo sistema de reclutamiento para el ejército y organización de la Guardia Nacional”.

Su destacado trabajo en el gobierno de Nuevo León no sólo aumentó su popularidad entre la población, también atrajo el odio del grupo más cercano al poder, Los Científicos, quienes veían en Reyes a un peligroso rival a la sucesión presidencial.

De hecho, fueron los miembros de este grupo quienes lograron su remoción como secretario de Guerra y Marina a principios del siglo XX, luego de una disputa con el entonces secretario de Gobernación, José Ives Limantour.

Ya para 1908, y luego de la famosa entrevista de Díaz con James Creelman, comenzaron a acomodarse los diversos actores políticos del país para luchar por un lugar en el nuevo gabinete, pues se creía que ésta podría ser la última reelección del ya muy anciano Díaz.

Así, se fundaron los clubes reyistas, conformados por estudiantes, masones y contrarios al régimen con la intención de apoyar su posible candidatura a la vicepresidencia del país. También se creó el Partido Democrático, a pesar de que Bernardo nunca declaró públicamente sus aspiraciones políticas.

Llegado el momento, Díaz tuvo que elegir al que sería su segundo al mando en la nueva elección. Los contendientes eran el propio Reyes y Ramón Corral, quien a la postre ganó la designación debido a que Díaz consideraba como un peligro la creciente popularidad de Bernardo.

La intensidad de las manifestaciones a favor de Reyes, trajo el desprestigio para el propio gobernador y la represión para sus adeptos, quienes confundidos ante la falta de reacción del militar decidieron abandonar las filas reyistas para unirse a las de los antireeleccionistas.

Sin capital político ni partidarios, Bernardo Reyes fue destituido del gobierno de Nuevo León y enviado al exilio a Europa. A su regresó, en junio de 1911,  las cosas habían cambiado. Madero era el candidato favorito, Díaz estaba exiliado y del ex gobernador muy pocos se acordaban.

Sin embargo, Reyes se sentía el sucesor natural a la presidencia, por lo que intentó oponerse a Madero, primero en México y luego en el exilio en los Estados Unidos. Ahí urdió un plan para rebelarse contra el gobierno maderista y así obtener el mando del país. Lo llamó El plan de la Soledad y lo puso en práctica a su regreso a México en diciembre de 1911.

No obstante,  el destierro lo había dejado sin seguidores y su conjura no tuvo el éxito anhelado. Así,  recorrió a salto de mata el norte del país, hasta que finalmente fue apresado y enviado a la cárcel de Tlatelolco, acusado de sedición.

En la prisión, Bernardo se enteró de un plan creado por diversos jefes militares del país para derrocar a Madero. Reyes se unió a los disidentes, quienes proyectaron la liberación del caudillo en la mañana del 9 de febrero de 1913, como parte de un ardid para tomar Palacio Nacional y derrocar al presidente.

Decisiones equivocadas eliminaron  el factor sorpresa y cuando Reyes finalmente llegó al Zócalo capitalino, ya lo estaba esperando el general Lauro del Villar. Eran las ocho de la mañana cuando Bernardo, cabalgando a su querido "Lucero", se acercó a la puerta principal. Presintiendo que todo estaba perdido, el romántico se lanzó hacia las fuerzas que protegían el lugar, cayendo herido de muerte en medio de la balacera, dando así inicio al cuartelazo que desembocaría en la Decena Trágica.

Fuente: Wikipedia. Creative Commons.

 
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