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CRUELDAD REALISTA, LA MUERTE DELOS INSURGENTES: JOSÉ DE LA CRUZ

“Cruz, cruel y sanguinario con los vencidos como poco animoso en los campos de batalla.”

Vicente Riva Palacio.

José de la Cruz fue uno de los militares realistas que le hizo ver su suerte a los insurgentes y se caracterizó por su crueldad.

En los inicios de la guerra de Independencia, la relación entre el virrey Francisco Javier Venegas y Félix Maria Calleja empezaba a tornarse áspera, las decisiones unilaterales y voluntariosas de Calleja ponían en peligro la autoridad de Venegas. El virrey buscó entonces ponerle en frente un rival: José de la Cruz (1786-1856), cuya crueldad e infamia eran comparables a las de Calleja, pero que estaba muy lejos de tener la reputación militar de la que gozaba el gran vencedor de Hidalgo.

Al mando de una tropa de reserva, salió José de la Cruz el 16 de noviembre de 1810 hacia Valladolid para apoyar a Calleja. Bajo amenazas de exterminio si se hallaba a cualquier persona en posesión de armas, si se encontraban más de seis personas reunidas, o si se degollaba a los españoles presos, logró recobrar Valladolid en diciembre de 1810.

Dejó la ciudad michoacana para unirse con Calleja en Guadalajara, libró bajo las órdenes de éste la batalla de Puente de Calderón, y mientras Hidalgo y los demás jefes insurgentes eran capturados en Acatita de Bajan, Calleja y De la Cruz siguieron hasta Guadalajara para reprimir a los insurrectos de esta región.

Antes de partir hacia Saltillo, Calleja ordenó a de la Cruz, recuperar Tepic y San Blas, y castigar duramente al insurgente José María Mercado. El 31 de enero de 1811, Mercado murió en forma accidental y los demás jefes de su tropa fueron ejecutados. “Vamos a esparcir el horror y la muerte por todas partes”, es el fragmento de una carta que le envió De la Cruz a Calleja confirmando el cumplimiento de su deber.

Como favorito del virrey Venegas, José de la Cruz fue elegido para hacerse cargo del gobierno de la provincia de Nueva Galicia, donde permaneció diez años, mismos en los que no cesó su severa crueldad para con los insurgentes.

En 1812, Pedro Celestino Negrete, uno de sus hombres, logró acabar con el insurgente José Antonio Torres. El “amo” Torres, fue sorprendido en Palo Alto, cuatrocientos hombres que le acompañaban fueron ejecutados en el lugar, acuchillados o quemados en las trojes donde se guarnecían. Sólo Torres fue llevado con vida a Guadalajara,  bajo las órdenes de De la Cruz, fue ahorcado, descuartizado su cadáver y quemados sus restos.

Sin importarle su pasado como cazador de insurgentes, en 8 de mayo 1821, José de la Cruz mantuvo una entrevista secreta con Agustín de Iturbide, pero su propia inactividad e indecisión de unirse a la causa de independencia, propiciaron que fuera Pedro Celestino Negrete quien se adhiriera a Iturbide sublevándose contra José De la Cruz.

El otrora realista huyó de Guadalajara, se dirigió a Zacatecas donde se detuvo sólo el tiempo necesario para apoderarse de los fondos depositados en las cajas reales, y siguió su fuga hasta Durango, donde resistió hasta que fue vencido por Negrete.

José De la Cruz regresó a la ciudad de México, donde obtuvo de Agustín de Iturbide un salvoconducto para volver a España.

Fuente: Wikipedia. Molina Arceo, Sandra, 101 villanos en la historia de México, Grijalbo, 2008. Creative Commons.

 
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