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INTENDENCIA DE GUADALAJARA

La Intendencia de Guadalajara fue una de las subdivisiones administrativas del virreinato de Nueva España entre 1786 y 1821. Su superficie corresponde a los actuales estados mexicanos de Jalisco, Nayarit, Colima y la parte sur del de Zacatecas. Se llamó así a partir de la división en Intendencia de Guadalajara e Intendencia de Zacatecas en el año de 1786 según la Real Ordenanza de 1786. Se conformó de 26 subjurisdicciones, verificándose con los años diversos reajustes en su división política interna.

El 4 de diciembre de 1786, el rey Carlos III expidió la ley que establecía el sistema administrativo de intendencia en Nueva España, titulada “Real Ordenanza para el Establecimiento e Instrucción de Intendentes de Ejército y Provincia en el Reino de Nueva España” Con base en este ordenamiento legal el antiguo Reino o Provincia de Nueva Galicia quedó mutilado y a partir de entonces fue conocido bajo el nombre de Intendencia de Guadalajara, teniendo como capital a la ciudad de su título. Este nuevo sistema político-administrativo perduró hasta las primeras décadas del siglo XIX, sufriendo algunas modificaciones y reformas hasta la consumación de la Independencia (Historia de Guadalajara, México).

La Nueva España se dividió en las intendencias de México, Durango, Guanajuato, Guadalajara, Michoacán, Puebla, Oaxaca, San Luis Potosí, Sonora, Veracruz, Yucatán y Zacatecas. (Real Ordenanza de Intendentes, 1786).

Alrededor de 1713, la población de Guadalajara llegaba a unos siete mil habitantes, en tanto que para 1738 se estimaba en alrededor de 12 mil habitantes, 20 mil a mediados de siglo y casi 35 mil al comenzar el siglo XIX (Muriá, 2004, 129) Guadalajara se transformó rápidamente en un centro de comercio privilegiado. Las alcaldías mayores y los corregimientos pasaron a denominarse "partidos", permaneciendo sujetos a su respectiva intendencia mediante subdelegados impuestos por el propio intendente (Muriá, 2004, 131). Se pensaba acabar con el antiguo contubernio de comerciantes y alcaldes, así como imponer orden en el manejo oficial y, sobre todo, en evitar la evasión de impuestos. La Caja Real de Guadalajara engrosó beneficios, aumentando, por ejemplo, al doble sus ingresos entre 1770 y 1800 (Muriá, 2004, 134).

Con un total de 26 partidos políticos, inició en su comando la Intendencia de Guadalajara, pero no tardaron en suscitarse algunos cambios importantes. Después de 1803, Juchipila y Aguascalientes se unieron a Zacatecas; Colima pasó a Guadalajara, y desapareció por completo el gobierno de las fronteras de San Luis de Colotlán, cuyo territorio se adhirió al partido de Bolaños, aunque el subdelegado fijó su residencia en Colotlán. Finalmente, Compostela y el departamento naval de San Blas se convirtieron también en partido de la Intendencia de Guadalajara (Muriá, 2004, 131-134).

La Audiencia de Guadalajara, que desde el siglo XVI ejerció jurisdicción sobre los reinos de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya, y más tarde sobre Nuevo México y las Californias, a partir del siglo XVIII englobó también, dentro de su competencia, las antiguas posesiones novohispanas sw los pueblos de Ávalos, Zapotlán, Amula, Autlán y Etzatlán, pero sin alcanzar a Colima. Así mismo, hacia la costa del Pacífico, controló las provincias de Nayarit y Sinaloa. Por el norte sus límites continuaron siendo los de la colonización española (Ma. Muriá, 2004, pág. 129).

La estructura civil neogallega fue modificada al crearse las intendencias en 1786. En el Occidente de México la nueva demarcación se asemejó al modelo implantado por los franciscanos en 1606; una configuración que se adecuaba mejor a las características del área. Así, el territorio denominado por los frailes Provincia de Nuestra Señora de los Zacatecas casi coincidió con la Intendencia del mismo nombre, otro tanto sucedió a la Provincia de Santiago de Xalisco respecto de la Intendencia de Guadalajara (Ma. Muriá, 2004, pág. 131).

De esta forma perdió Guadalajara su potestad sobre una vasta zona del Noroeste; pero en cambio ganó por el sur las posesiones antaño novohispanas -Etzatlán, Zapotlán, Sayula, Amula y Autlán con su puerto de la Navidad- que ya desde pocos años atrás dependían de su Audiencia (Ma. Muriá, 2004, pág. 131).

Las alcaldías mayores y los corregimientos pasaron a denominarse partidos, permaneciendo sujetos a su respectiva intendencia mediante subdelegados impuestos por el propio intendente. No de otro modo se pensaba acabar con el antiguo contubernio de comerciantes y alcaldes, así como poner orden en el manejo oficial y, sobre todo, en evitar la evasión de impuestos (Ma. Muriá, 2004, pág. 131).

Fuente: Wikipedia. Commons, Áurea (1993). «II. División territorial de las Intendencias según la Ordenanza de 1786» (en Castellano). Las Intendencias de la Nueva España (Primera edición). Ciudad de México: UNAM. pp. 66-73. ISBN 968-36-2957-1.; Murià, José María (2004). «V. Nueva situación de la Nueva Galicia en el s. XVIII» (en Castellano). Sumario Histórico de Jalisco (Tercera edición). Ciudad de Guadalajara: Colegio de Jalisco. pp. 119-143. ISBN 968-6255-87-7.; Toscano Aguilar, Carlos Alonso, et al (2009). «Las Intendencias» (en Castellano). Geografía Histórica de Jalisco (Primera edición). Ciudad de Guadalajara: Instituto Jalisciense de Antropología e Historia. pp. 75-86. Creative Commons.

 
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