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HIDALGO VS. ALLENDE

MIGUEL HIDALGO

Miguel Hidalgo e Ignacio Allende son personajes inseparables en las páginas de la historia de Independencia en México. Si bien ambos compartían el anhelo de libertad y la determinación de levantarse en armas para lograr tal empresa, las diferencias entre estos personajes -que van más allá de los 16 años de edad que los separaban y de la vocación que profesaban- pudieron haber provocado que Allende pasara a la historia como asesino del Cura Hidalgo.

Los hechos que dejaron al descubierto estas diferencias comenzaron con la manera improvisada en que dio inicio el movimiento, viéndose obligados a aceptar en las filas del ejército insurgente a todo aquel que quisiera hacerlo, incluyendo criminales. Ante los ojos de Allende este grotesco tumulto indisciplinado y mal armado, lejos de robustecer el movimiento lo debilitaba, mientras que Hidalgo pensaba que éste era un mal necesario que no sólo había que sostener sino agradecer.

Hidalgo toleraba los excesos del ejército insurgente argumentando que el rigorismo volvería la causa odiosa para los rebeldes y que la posibilidad de saquear era para ellos un aliciente para permanecer en el movimiento. Allende se dejaba llevar por la ira y explicaba su furia contra los insurrectos objetando que el saqueo y el desorden desvirtuaban la naturaleza del movimiento. Hidalgo odiaba el trato áspero que Allende le daba al pueblo, Allende renegaba del alcahueteo de Hidalgo. Para Hidalgo los indios eran sus armas, para Allende eran su perdición.

Hidalgo era un eclesiástico respetable, la voz religiosa que sería escuchada por las masas con respeto y sumisión; Allende era un joven entusiasta, un militar audaz hasta la temeridad. Personalidades complementarias, necesarias ambas para la subsistencia de la insurrección, sin embargo el carisma y obstinación del Cura Hidalgo fueron más poderosas que los conocimientos militares del Capitán Allende. La separación de mandos en político y militar, que parecía haber quedado establecida desde un principio, no se llevó a la práctica.

 

IGNACIO ALLENDE

La negativa de Hidalgo de tomar la Ciudad de México después del triunfo en el Monte de las Cruces seguido del humillante fracaso militar en Aculco, -ambos hechos contrarios a la voluntad de Allende- provocaron que Hidalgo y Allende quedaran cada vez más desavenidos y físicamente distanciados. Mientras Hidalgo se autoproclamaba Alteza Serenísima en Guadalajara, Allende huía de Calleja después de su fallido intento de recuperar Guanajuato. Hidalgo se negó a dar ayuda a Allende, Allende lo acusó de egoísta y traidor.

Con todo y argumentando falta de opciones, Allende decidió alcanzarlo en Guadalajara e Hidalgo le recibió con una cordial y abrumadora bienvenida. Si para Allende era antipático el apelativo de Alteza Serenísima, lo que provocó que sus sentimientos hacia el Cura Hidalgo rayaran en el odio fue descubrir que más de trescientos españoles fueron ejecutados en Guadalajara por órdenes de Hidalgo, sin motivo aparente y sin proceso alguno. Según dice Allende en su proceso, para salvar el movimiento independentista la única solución era deshacerse del cura. Convencido, adquirió el veneno para hacerlo y lo dividió en tres porciones que fueron repartidas entre él, su hijo Indalecio y Joaquín Arias. Es obvio decir que ninguno de ellos pudo acercarse al Cura para cumplir su cometido, aún después de que éste fue despojado del mando tras el fracaso de la Batalla de Puente de Calderón.

El final de sus días fue el mismo para ambos: murieron fusilados en 1811 y sus cabezas se acompañaron en la alhóndiga de Granaditas hasta 1821.

Fuente: Wikipedia. Sandra Molina Arceo. Relatos e Historias de México, número. 18, febrero 2010. Creative Commons.

 
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