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BATALLA DEL FUERTE DE SAN DIEGO EN ACAPULCO

 

"¡Viva España!, pero hermana no dominadora de América" fueron las palabras con las que Don José Maria Morelos y Pavón corono la victoria insurgente en el fuerte de San Diego el 20 de agosto de 1813 después de un sitio que comenzaría el 6 de abril y se prolongaría ininterrumpidamente hasta el 17 de agosto, que es cuando los insurgentes entran en el fuerte, pero es hasta el 20 cuando cesa la resistencia de sus ocupantes.

Al iniciarse la Guerra de Independencia en 1810, José María Morelos recibió de Don Miguel Hidalgo y Costilla, la encomienda de extender el movimiento de rebelión por todo el sur del país, y como primera misión y la más importante, tomar Acapulco y el Fuerte de San Diego.

Morelos inició las hostilidades en Acapulco, el 6 de abril de 1812, contando con 2,000 hombres y algunas piezas de artillería. Por su parte, la plaza de Acapulco era defendida por el Coronel Pedro Vélez, quien ordenó cerrar las principales avenidas y que basó la defensa de la plaza, en el llamado castillo de San Diego, que se encontraba rodeado por bergantines y pequeñas embarcaciones armadas, lo que ofreció a los realistas características de refugio, además de que contaban con 90 piezas de artillería.

Los insurgentes invitaron al Coronel Vélez a rendirse, a lo cual contestó negativamente con altivez y se dispuso a rechazar el asalto. Las tropas de Morelos se dividieron en tres columnas o secciones, la primera la comandó el Coronel Pablo Galeana, la segunda el Teniente Coronel Felipe González y la tercera el General Brigadier Julián Ávila.

Galeana asaltó la Casa-Mata, mientras que el General Ávila, tras un intenso combate, tomó la cumbre del cerro de la Mira. Al tomarse estas dos posiciones, se dio un duro golpe a los realistas, en vista de que tuvieron que concentrarse en el centro de la plaza. En esta posición, resistieron el sitio desde el 7 hasta el 12 de abril de 1812, durante el cual los insurgentes no cesaron en sus intentos por tomar la plaza, dada la capacidad de fuego de la artillería española.

El General Ávila ordenó a su columna atacar el baluarte del Hospital, donde sufrió una herida en la pierna, y la guarnición de españoles huyó, refugiándose en el fuerte de San Diego, en las primeras horas de la noche del 12. Los triunfadores entraron a la ciudad en completo desorden, lo cual Morelos consideró como un grave error, ya que temía que los realistas aprovecharan el desorden y organizaran un contraataque.

Morelos distribuyó sus tropas en las casas aledañas al fuerte de San Diego, sin poder protegerse efectivamente del fuego de la artillería realista, que por poco cobraba la vida de nuestro héroe, ya que estando cubierto en una de las casas, una bala de cañón golpeó mortalmente a su ayudante Felipe Hernández, quedando Morelos cubierto de sangre.

Los 90 cañones españoles escupían fuego contra los insurgentes y éstos, a su vez, contestaron el fuego con las culebrinas que  abandonaron los realistas en el fortín del Hospital, además de que mandó construir un camino cubierto, que partía de San José y atravesaba la plaza, concluyendo cerca del castillo, y mandó preparar una mina, con el objetivo de destruir parte de las murallas; todo esto lo realizó con material que mandó traer de Oaxaca.

Sin embargo, dadas las condiciones de escasez de víveres y el clima insano, las tropas insurgentes tuvieron que enfrentar brotes de peste. Morelos convocó una Junta de Guerra, en la que propuso el Teniente Coronel Pedro Irigaray, que el único medio de  tomar el castillo era ocupar la Isla de la Roqueta, y con ello privar a los españoles de los auxilios que recibían del exterior.

Para la captura de la Roqueta Morelos comisiono al coronel Pablo Galeana que fue apoyado por su tío Hermenegildo Galeana que contaba con 2 piezas de artilleria, al ataque dio inicio el 9 de junio de 1813.

La columna de Galeana estuvo conformada como sigue: como segundo al mando el Teniente Coronel Isidro Montes de Oca, el Capitán Montoro y 80 soldados. Sin embargo, como mencionamos anteriormente, no contaban con transporte marítimo adecuado, así que debieron actuar con sigilo y mediante varios viajes en una canoa, logró reunirse en un sitio de la Roqueta, que les protegía con un muro de peñascos; de este modo tuvieron que escalar dicho obstáculo, ya que la parte accesible a la isla, se encontraba fuertemente resguardada.

Galeana y siete soldados más escalaron el muro de peñasco, haciendo fuego inmediatamente sobre los realistas, mientras los demás aprovecharon el factor sorpresa y dieron la vuelta, desembarcando por el lado opuesto, de más fácil acceso. Ante la sorpresa, lograron provocar desorden y conseguir la victoria sobre los españoles, los cuales huyeron despavoridos en sus embarcaciones, refugiándose en el fuerte de San Diego. Galeana supo que, si lograban su cometido, ahora el sitio se tendría

que sostener desde la nueva posición, así que, ni tardo ni perezoso, les dio alcance, haciéndolos prisioneros, consiguiendo además 3 cañones, la goleta Guadalupe y once canoas.

A pesar de tal triunfo, el sitio del fuerte se prolongó dos meses más; se presentó el bergantín San Carlos, procedente del Puerto de San Blas, comandado por el General José de la Cruz, con socorros de víveres, por lo cual Galeana lo atacó la noche del 9 de  julio, con dos canoas. Sin embargo, pese a que les causó serias bajas, lograron repeler el ataque y retornaron a San Blas,  después de haber logrado descargar los víveres.

Los españoles la estaban pasando muy mal, ya que carecían de leña, y tuvieron que utilizar como tal, todo aquello que no sirviera, pero llegó el momento que sólo quedaban las puertas, además de que las enfermedades por el hacinamiento iban en aumento, y únicamente estaba de pie la gente indispensable para el servicio. Ante tal situación, el 17 de agosto, el oficial español Lorenzo Liquidano, quien se desempeñó como Oficial Primero de la Contaduría del Castillo, se fugó del fuerte y se unió a Morelos, otorgándole información detallada de las condiciones en que se hallaba la fortaleza.

De esto modo, Morelos decide dar el golpe mortal, como el mismo lo relata:

“Estando al concluir la mina para volar el castillo, me acordé por séptima vez de la humanidad y caridad del prójimo. Sabía que en la fortaleza se encerraban más de diez inocentes… Quise más bien arriesgar mi tropa que ver la desolación de inocentes y culpables… El 17 de agosto de 1813 en la noche determiné que el señor Mariscal Hermenegildo Galeana, con una corta división, ciñera el sitio hasta el foso por el lado de los Hornos, a la derecha del castillo; y al siempre valeroso Teniente Coronel don Felipe González, por la izquierda, venciendo éste los grandísimos obstáculos de profundos voladeros que caen al mar rasando al pie de la muralla y dominando del fusil que le disparaban en algún número.

Supérose todo, no obstante la oscuridad de la noche, y a pesar de que el señor mariscal pasó por los Hornos dominado del cañón y de todos sus fuegos, sin más muralla que su cuerpo, hasta encontrarse el uno con el otro, y sin más novedad que un capitán y un soldado heridos de bala de fusil.”

Después de negociar Morelos y el Coronel Pedro Vélez, los realistas capitularon, entregando las llaves del Fuerte de San Diego al Mariscal Galeana, el 20 de agosto de 1813. El botín de guerra fue: 90 piezas de artillería, 500 fusiles y un número considerable de municiones, además de que se les puso como condición a los españoles, que juraran no volver a tomar las armas contra la independencia, y se les dieron todas las facilidades para el viaje, y a los mexicanos se les concedió retirarse a otros países, siempre y cuando esas tierras no estuvieran ocupadas por los realistas.

Fuente: Wikipedia. Aguilar Razo, Antonio, “José María Morelos y Pavón; “El Siervo de la Nación””, en Reseña Histórica del Generalísimo.; Don José María Morelos y Pavón; “Siervo de la Nación”, Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional, Bóveda, México, 2001, Tomo I.; Arteaga, Benito, El héroe olvidado; rasgos biográficos de Don Ignacio Allende. Secretaría de la Defensa Naconal, México, 1993.; Frías, Heriberto, Episodios militares mexicanos (1ª Parte); Como nos hicimos independientes, Librería de la Vda. de Ch. Bouret., México, 1901.; Lemoine, Ernesto, “Hidalgo y los inicios del movimiento insurgente”, en Historia de México: Guerra y crisis, Salvat Editores de México, S. A., México, 1986, Vol. 10.; León Toral, Jesús de, “Antecedentes del Ejército Mexicano hasta la consumación de la Independencia”, en León Toral, Jesús de, El Ejército Méxicano, Secretaría de la Defesa Nacional, México, 1979, Tomo I, pp. 88-91.; López, Manuel, La violencia en la historia de México, Ediciones El Caballito, México, 1976.; Ortiz Lanz, José Enrique, Arquitectura militar de México, Secretaría de la Defesa Naciaonal, México, 1993.; Riva Palacio, Vicente, México a través de los siglos, Editorial Cumbre S. A., México, 1977, Tomo III. Creative Commons.

 
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