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EPIGMENIO GONZÁLEZ

 

EPIGMENIO GONZÁLEZ (1778-1858)

En 1778, la ciudad de Querétaro vio nacer a un joven que pronto se convertiría en un entusiasta comerciante. Su posición en la clase media de la sociedad novohispana le permitió conseguir una educación aunque esta no fuera de gran calidad.

Mientras mantenía una tienda de abarrotes en la Plaza de San Felipe, participaba también en las reuniones literarias que se organizaban en casa del corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez junto con su esposa Josefa Ortiz, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, los militares Ignacio Allende, Juan Aldama, Ignacio Aldama, Mariano Abasolo, Juan Nepomuceno y Juan Arias entre otros.

Desde el inicio de su participación en la Conspiración de Querétaro, destinó varios de los recursos económicos que producía su negocio para apoyar a la causa insurgente. Al mismo tiempo se desempeñaba como secretario, compartiendo las actividades secretariales con Mariano Galván, un joven poco experto en las artes bélicas.

En el segundo semestre de 1810 instaló en su casa los aditamentos necesarios para fabricar cartuchos y armas que apoyarían al ejército insurgente en los enfrentamientos bélicos. Su hermano Emeterio le ayudaba en las labores de diseño y forjamiento de las mismas. El negocio de abarrotes era excelente señuelo ya que el flujo de personas disimulaba el taller armamentista ubicado en la trastienda.

Acercándose la fecha en que estallaría el movimiento insurgente, había tanta gente involucrada en él, que las reuniones de la conspiración se convirtieron en un secreto a voces del cual estaban todos enterados menos la autoridad.

Finalmente se dieron una serie de denuncias por parte de diferentes actores. Una se le atribuye a Mariano Galván; otra al canónigo Iturriaga y una tercera al español Francisco Bueras. Ninguna prosperó demasiado, pero fue hasta la traición de Juan Arias el 10 de septiembre de ese mismo año que las autoridades obligaron al corregidor Domínguez a catear la casa de Epigmenio en busca de las armas.

Como era su deber, llevó a cabo la búsqueda  y las municiones fueron encontradas y confiscadas. Inmediatamente los dos hermanos González fueron aprehendidos y enviados a la Ciudad de México, donde se les aplicó un juicio por parte del alcalde Ochoa y el oidor Collado; sin embargo, a pesar de los constantes ofrecimientos de indulto por parte de las autoridades, Epigmenio no delató a ninguno de los conspiradores.

Lamentablemente el cuerpo del delito estaba tan bien fundamentado que fue enviado a las Filipinas, (islas del pacífico que se encontraban bajo el mando español). Mientras esperaba  que llegara el buque para trasladarlo, en la capital los hermanos González se unieron a un grupo de conspiradores entre los que se encontraba el Licenciado Antonio Ferrer y tenían como propósito secuestrar al Virrey y llevarlo ante Ignacio López Rayón para que firmara un acta de rendición del gobierno a favor de las causas insurgentes.

Sin embargo, fueron descubiertos y enviados al puerto de Acapulco desde donde partió a las islas Filipinas. Se sabe que durante su traslado, Epigmenio tuvo grilletes en los pies y esto a la larga le causó daños severos, como la inmovilidad total de las extremidades inferiores. 

Permaneció en una celda hasta 1836, año en que se firmó el acta definitiva que marcaba el final de la lucha armada y reconocía al movimiento independista como indiscutible y definitivo. Entonces González recobró su libertad en la ciudad de Manila; aunque tuvieron que pasar varios años antes de que consiguiera el dinero suficiente para tomar un buque que lo trajera de vuelta a la tierra que lo vio nacer.

Recién llegado a la ciudad de México, se enfrentó con la realidad de que aquí ya nadie lo recordaba, sus amigos y familiares habían muerto casi todos y no tenía recursos suficientes para tener una vida decorosa. En su paso por Querétaro, se encontró con varios sobrinos, hijos de una hermana suya y a una tía ya anciana.

Fue hasta julio de 1839 (cuando Nicolás Bravo ocupaba la silla presidencial), que pudo recuperarse. Bravo hizo que se le pagasen todas sus propiedades y negocios que tenía antes del estallido de la insurgencia, se le asignó una pensión de cien pesos mensuales y se le nombró vigilante de la Casa de la Moneda en Guadalajara.

Casi al final de su vida, la larga espera en la prisión filipina hizo estragos en su salud mental y en la ciudad de Guadalajara era tomado por loco.

Epigmenio González falleció el 19 de julio de 1858, a los 80 años de edad. En 1890 sus restos fueron trasladados al Panteón Municipal.

Fuentes: Wikipedia. Villaseñor, Alejandro. Biografías de los héroes y caudillos de la independencia. México, 1910. Biografías de los héroes y caudillos de la independencia. México, 1910.; prenta “El tiempo” de Victoriano Agüeros. páginas 15-18.; en breves biografías de mexicanos célebres. España, 2004. Berbera editores. páginas 116-117. Creative Commons.

 
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