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LEONOR VILLEGAS DE MAGNON

LEONOR VILLEGAS RUBIO DE MAGNON (1876-1955)

Leonor Villegas, nació en Nuevo Laredo, México, el 12 de junio de 1876, hija de Joaquín Villegas y Valeriana Rubio. Fue educada en Estados Unidos.

La muerte prematura de la madre de Leonor y el nuevo matrimonio del padre, empañó la felicidad de la familia, rompiéndose la unidad familiar. Eloisa, la madrastra de origen y costumbres “americanizadas”,[1] convenció a don Joaquín de que Leonor y sus hermanos debían ser enviados a internados en Estados Unidos para recibir una esmerada educación, y fue así que dio comienzo la separación de los hermanos y su acomodo en distintos colegios.

Leonor ingresó al convento de las monjas ursulinas en San Antonio, Texas, para estudiar educación. Terminó la carrera de educadora en 1895 graduándose con brillantes notas y regresó a Laredo con la idea de impartir clases.[2] Eloisa que se encargó de mantener alejados a los hijos de don Joaquín mientras vivió, según la percepción de Leonor y que exploró en sus memorias autobiográficas, fue también la causante del largo viaje que realizó la familia Villegas por Europa, ritual que practicaban las familias burguesas en la Belle Époque porfiriana.[3]

El 10 de enero de 1901, Leonor Villegas contrajo matrimonio con Adolfo Magnón, ciudadano franco-estadounidense, mudándose a la Ciudad de México, lugar de residencia y de negocios del esposo que era agente comercial de varias compañías de barcos de vapor. Leonor vivió en la capital nueve años y se refiere a ellos como la época de esplendor y riqueza de la burguesía porfiriana.

Leonor empezó a documentarse, leyó y supo de la existencia del Partido Liberal Mexicano y de los magonistas, de la represión de los trabajadores en las huelgas de Cananea y Río Blanco, del encarcelamiento de los hermanos Flores Magón y de Antonio I. Villarreal, así como del trabajo político periodístico de las hermanas de Antonio, María Andrea y Teresa [4] que denunciaba la deplorable miseria del pueblo mexicano y los mecanismos represivos del dictador. Leonor vivió y conoció distintos Méxicos y pudo percibir críticamente el tan laureado “orden, paz y progreso” porfirista.

Después del nacimiento de sus tres hijos, Leonor se incorporó al antirreeleccionismo. Asistía a las reuniones clandestinas -sin que su esposo lo supiera- en el Café Colón, donde conoció personalmente a Francisco I. Madero que en unión de otros liberales organizaba la campaña de oposición. Inspirada en los ideales democráticos vertidos en dichas reuniones, Leonor empezó a participar escribiendo “artículos incendiarios” en contra de la dictadura, firmados con su nombre de soltera.[5]

La grave enfermedad de su padre la llevó de regreso a la frontera en agosto de 1910, poco antes de que estallara el movimiento armado. En el lecho del moribundo padre, fallecido el 20 de agosto, la tranquilizó saber que él admiraba su valentía, aunque también le dijo que su adhesión al Maderismo provocó que las propiedades familiares que poseían en México y que eran la mayoría, resintieran las consecuencias de un movimiento revolucionario.[6] A partir de este momento Leonor Villegas selló un compromiso de apoyo a la Revolución.

Los sucesos armados no permitieron el regreso de Leonor a la Ciudad de México, y fue en la frontera donde se integró a los grupos disidentes.

Entonces conoció personalmente a María Andrea y Teresa Villarreal: en sus memorias hace patente su admiración hacia ellas, a las que llama “heroínas de las avanzadas ideas femeninas de tendencias democráticas y liberales”.[7]

En Laredo, Leonor al lado de su amiga Jovita Idar incursionó en el periodismo de oposición, sus escritos políticos aparecieron desde 1910 en El Progreso, La Crónica y El Radical en apoyo al movimiento armado, ellos son testimonio de su filiación primero maderista, después constitucionalista.[8]

En 1913 Nuevo Laredo es escenario de los embates de la Revolución Mexicana que provocan la salida de muchos de sus habitantes. La madrugada del 17 de marzo de 1913,  Leonor “La Rebelde” despertó de su intranquilo sueño al oír resonar los primeros tiros en ambos Laredos.

Movida por una influencia extraña a la que no prestó resistencia, se vistió precipitadamente [...] Eran las seis de la mañana, las calles desiertas no la desanimaron, se dispuso a ir inmediatamente a auxiliar a los heridos.[...] resuelta a cumplir este patriótico y piadoso deber no vaciló; sin esperar, abordando un automóvil que pasaba en esos momentos al tiempo que llegaba otro con un grupo de señoritas que venían huyendo de Nuevo Laredo para escaparse de las balas, le dijeron que toda la población estaba ya cruzando el puente para el lado americano.

La Rebelde les hizo ver que debían regresar, convencidas, bajaron del coche para unirse a Leonor. En ese grupo venía Jovita Idar, periodista que había pasado la noche en Nuevo Laredo y estaba al tanto de los sucesos. Frente al edificio del semanario La Crónica, Jovita bajó a avisar a su padre, mientras tanto la Rebelde vio sobre el respaldo de una silla una toalla blanca que tomó junto con una brocha que contenía pintura roja, salió corriendo y pintó una cruz en el cristal. Así se inició el servicio de la ambulancia que habría de dar eficaz ayuda al movimiento revolucionario.[9]

 

La toalla blanca fue la bandera que estrujó en sus manos y la acompañó durante el combate. Entre las balas y el rugir de los cañones, recordaba las palabras de su madre en sus juegos infantiles: “también las mujeres van a la guerra y llevan la bandera blanca, ellas cuidan de los soldados heridos”.[10]

Leonor transformó su hogar, cochera y escuela de Laredo en hospitales para los soldados heridos que cruzaron el río. Más de 100 de los hombres de Venustiano Carranza fueron tratados en las salas improvisadas.

Cuando funcionarios americanos intentaron arrestar a los combatientes, Leonor organizó el escape de varios pacientes entreteniendo a las autoridades americanas mientras los heridos que se podían mover eran vestidos con ropa civil para hacerlos huir.

No obstante, cuarenta hombres heridos fueron tomados en custodia y encarcelados en la fortaleza Mcintosh.

Es entonces que Leonor Villegas, contrata un abogado para obtener la liberación de los combatientes, consiguió una audiencia con el gobernador Oscar B. Colquitt para solicitar su intervención a favor de los soldados; pero ese intento fracasó.

Más tarde, la Secretaria de Estado a través de Guillermo Jennings Bryan consiguió la libertad de los soldados.

Más adelante, Leonor Villegas de Magnon y 25 enfermeras se sumaron al ejército de Carranza en Ciudad Juárez y viajaron con ellos a la ciudad de México como parte del contingente militar.

Al triunfo de la Revolución Mexicana le fueron concedidas a Leonor Villegas cinco medallas al valor.

Leonor Villegas murió en la ciudad de México el 17 de abril de 1955.

Referencias: [1].Eloisa fue entregada en matrimonio a Joaquín Villegas después de la negociación que él sostuvo con el padre de ella. Nacida en Nueva Orleáns, vivía con su familia en San Antonio, Texas y acató la decisión del padre. Costumbre frecuente entre las familias burguesas porfirianas era arreglar los matrimonios entre los padres. Este asunto es narrado por Leonor en forma crítica y lo desaprueba en sus Memorias. Leonor Villegas, ‘La Rebelde’, pp. 39-40.; [2].Ibidem, p. 49.; [3].Véase María Teresa León de Martínez. Cartas, 1996.; [4].Leonor Villegas, ‘La Rebelde’, p. 66. En el artículo de José Ávila Ávila, ‘Presencia revolucionaria de María Andrea Villarreal González’, menciona a su hermana Teresa. La vida de ambas estaría indisolublemente ligada a la de su hermano Antonio I. Villarreal. El relato de Villegas habla de las hermanas, al referirse a Andrea la llama la profesora María Villarreal, y al finalizar el relato se refiere a ella como la señora María Villarreal de Heredia. Nombra a las hermanas María y Esther, la primera aparece a lo largo del texto y fue una profesora de Monterrey integrante de la Cruz Blanca Nacional. En las memorias no se corrigió el error de Esther cuando en realidad se trata de Teresa. Véase: Memoria del Congreso Internacional sobre la Revolución Mexicana, 1991, pp. 198-203., [5].El comprobante de la participación en la Revolución de Leonor que extiende Melquiades García, menciona que ‘desde 1910 ella se distinguió como activa propagandista de las ideas libertarias’. En el texto en inglés The Rebel, Clara Lomas menciona que Leonor escribió artículos incendiarios y lo entrecomilla, sin embargo los artículos no han sido localizados. Dada su formación académica y la simpatía hacia la causa revolucionaria, no es de dudar que realmente hayan surgido de su pluma.; [6].Leonor Villegas, ‘La Rebelde’, pp. 71-72.; [7].Ibidem, pp. 66-67. Andrea Villarreal además de colaborar en Regeneración, fue fundadora de la revista La mujer moderna, de San Antonio, Texas en diciembre de 1909, que además de estar dedicada a ‘la propaganda de ideas que faciliten la evolución de la mujer’, -ideas que sustentan el feminismo liberal en esta época-, buscaba despertar en los hombres el ansia de sacudirse la explotación y servidumbre en que vivían, y luchar por la libertad y la justicia. ‘Misión sublime de la mujer moderna -pensaba Andrea- era formar hombres rebeldes’. Véase Ana Lau y Carmen Ramos (comps.), Mujeres y Revolución, 1900-1917, 1993, pp. 192-193.; [8].Expediente D-112/C-222 Leonor Villegas de Magnón. Archivo Histórico, Sección Veteranos, Secretaría de la Defensa Nacional. En lo sucesivo haremos referencia a este archivo con las siglas AHSDN. [9].Leonor Villegas, ‘La Rebelde’, pp. 88-89.; [10].Ibidem, p. 89.

Fuente: Wikipedia. Erika Cervantes cimac | México, DF., www.dimensionantropologica.inah.gob.mx. Creative Commons.

 
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