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COMUNICADOS ENTRE VENUSTIANO CARRANZA, FRANCISCO VILLA Y LOS GENERALES DE LA DIVISIÓN DEL NORTE

Comunicados intercambiados entre Venustiano Carranza, Francisco Villa y los generales de la División del Norte, días antes de la batalla de Zacatecas en 1914.

“Señor general Francisco Villa: Me comunica el general Natera que hoy empezará su acción sobre Zacatecas, y que son muy grandes las esperanzas que cobija acerca de su triunfo. Le mando a usted que el jefe de las fuerzas suyas más cercanas a Zacatecas esté listo para  su auxilio al dicho general si las peripecias de la batalla así lo requieren.

— El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza.”

“Señor: Me llega su mensaje sobre las operaciones que emprende hoy el general Natera. Le contesto que ya tomo mis providencias, y que se cumplirán las órdenes que me envía. Lo saludo con mi mayor afecto.

— Francisco Villa.”

“Señor General Francisco Villa: Ayer le ordené que enviara al general Natera la ayuda de un refuerzo para el ataque sobre Zacatecas. Si todavía no ha mandado usted ese refuerzo, disponga que salga para allá no menos de tres mil hombres y dos baterías de cañones.”

“Le hablo señor, de su mensaje sobre el movimiento de tropas para mandar mi ayuda al ataque y toma de Zacatecas. Creo conveniente, salvo lo que usted opine, que debo hacer movimiento de toda mi división, para asegurar así el logro de estas operaciones y disminuir en lo posible el sacrificio de nuestros soldados, que, según usted comprende, sufren menos y caen menos conforme es más rápida y más victoriosa la acción a que se les lleva. Saliendo yo para Zacatecas con todas mis tropas llevaría también todo mi bastimento y todo el material y provisiones de que dispongo, sin lo cual, según me dice mi conocimiento de la guerra, no puede darse bien esa batalla. Espero, señor, que no estimará mala mi proposición, y si no yerro en esto, también le propongo que ordene al general Natera la suspensión de su ataque hasta mi llegada para que no sigan perdiéndose vidas sin ningún fruto, pues ya estoy recibiendo informes de que Natera ha sido rechazado en los intentos de su ataque. Usted resolverá y me dará órdenes para que yo las cumpla.

— Francisco Villa.”

“Señor general Francisco Villa: Ayer le ordené que mandara en ayuda del general Natera un refuerzo de tres mil hombres, más de dos baterías, con lo cual se consumará la toma de Zacatecas. Hoy me dice el general Arrieta que nuestras tropas han conquistado muy buenas posiciones alrededor de la dicha plaza, y que también necesita parque y artillería para ocuparla. Espero que habrá usted movido sobre la dicha ciudad las fuerzas de que le hablaba, pero si esas fuerzas todavía no hacen su salida, ordene usted que inmediatamente avancen al mando del general José Isabel Robles, pues sería yerro perder lo que ya tenemos ocupado en aquella ciudad y no considerar cómo ya sólo hace falta un pequeño esfuerzo para que la toma de la plaza se consiga. En vez de los tres mil hombres que le decía, puede usted enviar cinco mil, y si le es posible, envíe también parque máuser y treinta-treinta, para que las tropas de los generales Arrieta y Natera se municionen.

Lo saludo con mi afecto.”

Conferencia Telegráfica

Francisco Villa: “Dígale que yo digo: Señor Carranza, buenos días le dé Dios.”

Venustiano Carranza: “Buenos los tenga usted, señor general Francisco Villa. Y dígame pronto el motivo de esta conferencia que acaba de solicitarme y que yo le concedo.”

FV:“Señor, no puedo mandar mi ayuda al general Natera antes de cinco días, porque no está en mi mano mover mis tropas en menos del dicho plazo. ¿Quién les mandó a esos hombres, señor, que fueran a meterse a lo barrido sin tener antes la seguridad del logro completo de sus propósitos? ¿No sabían ellos, ni sabía usted, señor, que yo dispongo aquí de todos los elementos necesarios para conseguir bien ese triunfo?”

“El problema que usted me pone es difícil por lo siguiente: primero, que José Isabel Robles no puede ir porque ya lleva días de estar en la cama; segundo, que si mando la gente con Tomás Urbina nada se conseguiría, pues mi compadre no congeniaría con Arrieta. Ahora dígame usted, señor, si quiere que saliendo yo con la división de mi mando vaya a quedar bajo las órdenes de Arrieta o Natera, y si ha de ser deber mío tomar plazas para que otros entren a ellas y las consideren conquistas suyas y manden allí. Porque es lo cierto que si al entrar a una plaza como aquélla las fuerzas de los dichos generales se desmandan, no lo permitiré, estando presente. O sea, que de esta forma todos los pasos que damos son para atrás.

Sírvase, pues, decirme, señor, qué es lo que vamos a  hacer.”

VC: “Le ordené a usted antier que mandara tropas en ayuda del general Natera, que ataca Zacatecas, porque así conviene a las operaciones y porque el dicho refuerzo será bastante para la toma de aquella plaza. Sucede que cuando estuve en Sombrerete el general Natera y sus jefes me declararon cómo sus fuerzas y las del general Arrieta podían consumar juntas aquella operación, y su ánimo creció según empezaron el avance, pues ya unidos las tropas de esos dos generales, fueron derrotando las guarniciones de los pueblos próximos a la referida plaza, y luego vieron que todas las tropas enemigas corrían a ampararse en ella, combatiendo unas, y otras sin combatir. Ahora, empezado el ataque de Zacatecas, los nuestros tienen en su poder las posiciones de Guadalupe y las Mercedes, más otras próximas al Grillo, pero han sido rechazados en su intento de ocupar la Bufa y la Estación.

Le digo, señor general, que no es éste el momento de afear a dichos jefes su impulso de ir a tomar Zacatecas sin todas las garantías del triunfo, porque ellos, lo mismo que usted, obran por su mucho amor a nuestra causa, que desean ver vencedora, y a la que quieren contribuir, y buscan arrebatar del enemigo los elementos de guerra que nos faltan y que nosotros no logramos tener más que al precio de las mayores dificultades.

Usted sufrió también yerro igual cuando atacó Chihuahua en noviembre de 1913, y cuando después de varios días de pelea tuvo que retirarse. Tampoco habría usted dominado Torreón si yo no hubiera dispuesto que fueran a ponerse bajo sus órdenes los generales José Isabel Robles, Calixto Contreras y Tomás Urbina, más las fuerzas del general Arrieta mandadas por el general Carrillo, y otras tropas bajo jefes de inferior graduación. O sea, que así como dispuse entonces que todos esos jefes le llevaran a usted la ayuda de sus tropas, para que atacara al enemigo y lo venciera en los triunfos que usted y sus hombres han conseguido, así ahora tengo por conveniente que una parte de las tropas suyas salgan a reforzar al general Natera en su ataque contra Zacatecas.

Por mis palabras comprenderá usted que no busco ponerlo bajo las órdenes de aquel general, sino que sólo dispongo de una fracción de las fuerzas de usted para que ayuden a Natera en la toma de la dicha plaza y dejen así franco el paso de usted rumbo al sur.

Tocante a su separación del mando que ahora tiene, no es necesaria ni la estimo buena; pero si tuviese yo que considerar tal determinación, crea que obraré en mis actos conforme al bien de nuestra causa y del Ejército Constitucionalista, que me honra teniendo por Primer Jefe. Espero, señor general Villa, que desoyendo cualquier consideración de poca importancia ante los grandes hechos de que hablamos, y allanando la salida del refuerzo, formulará usted sus medidas para enviarlo, y luego moverá sus tropas hacia Zacatecas. Le indicaba yo que el mando de las fuerzas de auxilio lo llevara el general Robles por su conocimiento de aquellos terrenos, y porque entre él y Natera no brotarían dificultades. Mas si el general Robles se halla enfermo, puede ir el general Contreras, o cualquiera otro que usted juzgue conveniente. El general Natera me dice que puede resistir dos días más en las posiciones que ya ocupa; es decir, que hay tiempo de que lleguen los refuerzos y de que se evite la pérdida del terreno conquistado.

Procederá usted a despachar la ayuda conforme le ordeno, avisando al general Natera el momento de la salida de las tropas, y el de su probable llegada frente a Zacatecas.”

FV: “Señor, estoy resuelto a retirarme del mando de esta división. Sírvase decirme a quién la entrego.”

VC: “Señor general Francisco Villa: Con toda la pena de mi ánimo me veo forzado a aceptar su retiro como jefe de la División del Norte. Espero, señor general, que pasará usted ahora a ocuparse del gobierno de Chihuahua, y que recibirá con gusto el agradecimiento que le envío, a nombre de nuestra nación, por los muchos servicios que sus armas han consumado en beneficio de la causa constitucionalista. Procedo ya a nombrar el jefe que recibirá de usted esas fuerzas, pero antes quiero que se reúnan en junta, para que hablen conmigo desde esa oficina telegráfica donde se encuentra usted, los generales Felipe Ángeles, Eugenio Aguirre Benavides, José Rodríguez, Maclovio Herrera, Trinidad Rodríguez, Toribio Ortega, Rosalío Hernández, Calixto Contreras, Severino Ceniceros, Orestes Pereyra, Mateo Almanza, Martiniano Servín y Máximo García. Le pido que los mande llamar y que me avise así que se hallen juntos, pues aquí quedo yo esperándolos.

— Venustiano Carranza.”

VC: “Señores generales de esa división: Los saludo a ustedes con mi mejor cariño y les comunico que en este momento acabo de celebrar conferencia con el señor general Villa, y que habiéndome ofrecido él la renuncia de su mando, yo he considerado de mi deber aceptársela. Ahora los convoco a que se reúnan y los invito a que me digan en junta, según su opinión, cual de ustedes es el general que debe escogerse por jefe interino de esas fuerzas. Si hay ahí algún otro general de quién no tenga yo noticia, dispongo que también le citen ustedes a la dicha reunión. Sé que el general José Isabel Robles se halla enfermo, y que el general Tomás Urbina está ausente. Al general Robles le comunicarán el objeto con que los hago reunir y mi deseo de que su parecer me lo remita por escrito.

Si, como creo, el general Villa está presente, entérenlo del contenido de este mensaje.”

“Señor, le rogamos a usted con nuestro mayor acatamiento revoque su resolución de aceptar la renuncia del señor general Francisco Villa como jefe de estas fuerzas. Se lo pedimos porque al desamparar él la dicha jefatura vendrían hechos muy graves y se causarían muy grandes trastornos para nuestra causa no sólo en el interior de nuestra república, sino en el exterior. Señor, reflexione usted con nosotros y no defraude el buen ánimo que nos impulsa.

— Toribio Ortega, Eugenio Aguirre Benavides, Maclovio Herrera, Rosalío Hernández, Severino Ceniceros, Martiniano Servín, José Rodríguez, Trinidad Rodríguez, Mateo Almanza, Felipe Ángeles, José Isabel Robles, Tomás Urbina, Calixto Contreras, Orestes Pereyra, Máximo García, Manuel Madinabeitia, Raúl Madero.”

“Señores generales de la División del Norte: Al aceptar yo el ofrecimiento de renuncia del señor general Francisco Villa como jefe de esas tropas he considerado todas las peripecias que la dicha separación puede traer a nuestra causa. De forma que les mando ponerse inmediatamente de acuerdo tocante al jefe que ha de sustituir al dicho general y que ha de dar cumplimiento a mis providencias de auxilio en el ataque contra Zacatecas, según lo tengo ordenado.

— Venustiano Carranza.”

“Señor: Podríamos todos nosotros, al igual del señor general Villa, dejar los mandos que ejercemos, con lo que se acarrearía la disolución de esta tropas vencedoras. Pero no debemos, ni queremos, privar a nuestra causa de su elemento de guerra más poderoso, que es la División del Norte, según lo ponderan las obras, no nuestras palabras. Por eso, señor, vamos en estos momentos a declarar al jefe de esta división cómo su deber es seguir la lucha contra el gobierno de los usurpadores, y esperamos convencerlo de que nos oiga, y confiamos en verlo otra vez al frente de estas tropas, cual si los malos hechos de hoy no hubieran pasado. También a usted lo amonestamos, señor, y lo exhortamos a que proceda de la misma manera, pues la sola obligación de todos, de él, de usted y nosotros, se limita a destruir el enemigo que nos es común.”

“Señores generales: Me duele advertirles que no consiento cambiar de juicio tocante a dar por buena la renuncia del señor general Villa como jefe de la División del Norte. Si yo no lo hiciera así, la disciplina de nuestro ejército sufriría, y con la mala disciplina todas las filas nuestras buscarían mandarse solas. Sepan ustedes que hace tres días ordené al general Villa el envío de refuerzos al general Natera, y que hasta ahora no me ha obedecido, cuanto más que bien pudo no mandar gente de la División del Norte, que es la suya, sino las tropas de Calixto Contreras, José Isabel Robles, Orestes Pereyra, Eugenio Aguirre Benavides, Máximo García o José Carrillo, que no pertenecen a la dicha división, aunque anden agregados a ella por mi orden y la ayuden en sus triunfos. Los convoco, pues, al cumplimiento del deber, como buenos hombres militares, lo mismo a ustedes que al señor general Villa, y les aconsejo que se inclinen delante de todas mis órdenes. Si, contra lo que supongo, se han concertado ustedes en presencia del dicho general al tomar sus acuerdos, yo les mando que no lo hagan así, sino que solos consideren su parecer y sólo adopten la decisión que acuerden comunicarme.”

“Señor, es firme, y no consiente cambio, nuestra resolución de seguir la pelea bajo las órdenes de nuestro general Francisco Villa, tal, y como si ningún suceso desagradable nos hubiera ensombrecido ayer. A más de eso, le decimos que es resolución bien meditada la que nos une en este propósito, y que la estuvimos considerando en ausencia del dicho general, y que sólo después de prohijarla todos nosotros, fuimos a presencia de él y le declaramos el deber suyo y el nuestro, los cuales comprendió y aceptó. Ahora el general Villa está resuelto a continuar por nuestro jefe, como hasta aquí, y con él a la cabeza nos disponemos todos a salir rumbo al sur. Por si hubiere duda, le expresamos que todos los generales firmantes de este telegrama pertenecemos a la División del Norte, y que de ella forman parte cuantas fuerzas estimamos nuestras.”

“Señores generales de la División del Norte: al ordenarles reunirse para que me nombraran el jefe que, según su parecer, había de sustituir en el mando al señor general Villa, seguí un buen impulso mío: evitar las dificultades que podrían surgir si, haciendo yo el dicho nombramiento, el jefe por mí escogido no resultaba del agrado de todos. Ustedes saben que entra en las atribuciones de esta Primera Jefatura hacer la referida designación, y que yo, ante el contenido del mensaje que acaban de ponerme, podría decidirme desde luego a ese nombramiento. Pero la verdad es que antes de proceder así, busco conservar todavía el concierto de todos ustedes, para lo cual estimo de interés se presenten en Saltillo mañana por la mañana, con ánimo de tratar conmigo este asunto, los generales Felipe Ángeles, Tomás Urbina, Maclovio Herrera, Toribio Ortega, Eugenio Aguirre Benavides y Rosalío Hernández.”

“Señor: Consideramos nosotros, por las expresiones de su último mensaje, que no ha entendido usted lo que decimos, o que no ha querido entenderlo. Lo que declarábamos, señor, es que nosotros no tomamos en cuenta la disposición suya tocante a que el señor general Villa deje el mando de estas tropas, y eso hacemos nosotros por estimar que la dicha providencia, a más de ser contraria a la ley de la política y de la guerra, hiere los principios que nos traen en armas y desconoce los deberes del patriotismo. Sepa usted, señor Carranza, que hemos convencido al general Villa de cómo sus compromisos con nuestra patria lo obligan a mantenerse al frente de esta división tal y como si usted no hubiera concebido la mala idea de desnudarlo del mando que nosotros le reconocemos porque él se lo ha hecho. También le decimos que el general Villa es el jefe de mayor prestigio entre cuantos defienden el progreso de nuestra causa, y que si él obedeciera la disposición de usted, y se retirara de donde está, el pueblo de México se lo afearía con razón, y se lo tomaría a muy grande debilidad, pues el dicho pueblo sólo quiere nuestro triunfo, como también lo acusaría a usted de ser el causante de tamaño yerro.

 

Luce clara como la luz del sol la verdad de que el señor general Villa no puede abandonar sus armas por el solo hincapié de la obediencia a un Primer Jefe que no mira en lo que manda, o que si mira, mira con pasión y con rencor, por lo que ya van desencantando al pueblo los actos de esa conducta, perturbadora de nuestra unión en todas las comarcas que él recorre, y autora de muchos desaciertos en el campo de los negocios internacionales. Esto más le decimos, señor: que sabemos bien cómo espiaba usted la ocasión de parar en sus hechos al general Villa, porque para usted es como un sol que no le deja luz ni brillo y porque él con sus actos propios y con sus hazañas, no favorece el propósito con que usted aspira a quitar del panorama revolucionario los hombres de poder que piensen sin que usted les ordene, y que no lo lisonjeen y alaben, y que luchen por los solos beneficios del pueblo, no por el engrandecimiento de usted, cualquiera que sea el fruto de esos beneficios. Mas ha de saber, señor, que por encima de los intereses y las ambiciones del Primer Jefe están los dolores y la necesidad del pueblo mexicano, del cual nosotros somos parte, y que ese pueblo nos dice que el general Villa no debe abandonarlo, por ser aún indispensables sus acciones triunfadoras.

Por estas palabras comprenderá usted que es firme nuestra decisión de marchar desde luego rumbo al sur y que ello impide que mañana por la mañana se presenten en esa ciudad los generales que usted convoca.”

Fuente: Wikipedia. Tomadas de Martín Luis Guzmán, Memorias de Pancho Villa, México, Compañía General de Ediciones, 1951, pp. 436-462. (Colección Ideas, Letras y Vida). Creative Commons.

 
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