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CARLOTA 2° EMPERATRIZ DE MÉXICO

 

Maximiliano y Carlota fueron coronados el 10 de abril de 1864 en la Catedral de la Ciudad de México, fue emperatriz consorte de México, cabeza del Segundo Imperio Mexicano.

Nació en el castillo de Laeken cerca de Bruselas, Bélgica, el 7 de junio de 1840. Fue la única hija del matrimonio formado por el Rey Leopoldo I de los Belgas y la Princesa Luisa María de Francia (hija del rey Luis Felipe I de Orleáns, descendiente de Luis XIII, y de María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, hija a su vez de Fernando I de Borbón, Rey de las Dos Sicilias y de Nápoles).

Llamada así en honor a la primera esposa de su padre, la Princesa Carlota de Gales, que había muerto durante el parto, Carlota tenía tres hermanos: Luis Felipe, que murió en la primera infancia, Leopoldo II, que después de la muerte de su padre se convirtió en Leopoldo II de Bélgica y el Príncipe Felipe Conde de Flandes. Era también prima hermana tanto de la Reina Victoria I del Reino Unido como de su marido, Príncipe Alberto, así como de Fernando II de Portugaly el zar Fernando I de Bulgaria.

Su abuela favorita María Amalia de Borbón-Dos Sicilias, reina de Francia, era la consorte de Luis Felipe de Francia, y sobrina de María Antonieta. María Amalia era la confidente cercana de Carlota, y durante su boda en 1857, llevó una pulsera con un retrato en miniatura de su abuela y mantuvieron correspondencia con regularidad, sobre todo más tarde mientras Carlota se encontraba en México.

Cuando Carlota tenía diez años, su madre, Luisa María de Francia, murió de tuberculosis y Carlota fue confiada a la Condesa de Hulste, una amiga cercana de la familia. Aunque joven, la princesa tenía su propia casa pero durante unas semanas al año, Carlota se quedaba en Claremont (casa de campo) con María Amalia y el resto de la familia de su madre en el exilio.

Pertenecía a la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha que tomó su nombre del diminuto ducado alemán que era la patria de su padre, el primer rey de Bélgica.

El 27 de julio de 1857, Carlota contrajo matrimonio con el archiduque de Austria, Fernando Maximiliano de Habsburgo, el idealista hermano menor de Francisco José I, Emperador de Austria, convirtiéndose posteriormente en Archiduquesa de Austria. En la Corte de Viena ella fue muy apreciada por su suegra, que veía en ella el ejemplo perfecto de una esposa de un Archiduque austriaco. Carlota tuvo aversión a la Emperatriz Elizabeth (conocida como Sissi), la esposa de Francisco José I). Aparentemente ésta sentía rechazo por la profunda conexión que existía entre Carlota y Maximiliano.

Más adelante por presiones de su padre el rey Leopoldo I, se decide darle a Maximiliano el Reino de Lombardía-Venecia. Carlota pasó varios años relativamente felices en Italia como la esposa de Maximiliano mientras el archiduque sirvió como el gobernador de las provincias de Lombardía y Venecia. Aunque Lombardia y Venecia estaban bajo el dominio del Imperio austríaco, ni Maximiliano ni Carlota tuvieron verdadero poder, y ambos estaban impacientes por papeles más desafiantes en la vida.

Años después la joven pareja aceptó la oferta del trono de México hecha por un grupo de conservadores mexicanos (opuestos al gobierno republicano encabezado por Benito Juárez), entre ellos Juan Nepomuceno Almonte y el Doctor José Pablo Martínez del Río. Ellos anhelaban un imperio para solucionar la inestabilidad política de México.

A principios de la década de 1860, Napoleón III de Francia inició la Intervención francesa en México. Francia, impaciente en convertir a México en un Estado satélite, buscó un testaferro adecuado para servir como el emperador nominal. El archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo aceptó la propuesta y la pareja navegó para el Nuevo Mundo. Fueron coronados en la ahora Catedral Metropolitana el 10 de abril de 1864 y escogieron como Residencia Imperial el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. La princesa de Bélgica Charlotte, archiduquesa de Austria, tomó el nombre español de Carlota Amalia de México al convertirse en emperatriz. Carlota, como nueva emperatriz, comenzó junto a su esposo Maximiliano a configurar una corte, con un rígido protocolo influenciado de su vida juntos en Austria. Carlota presidía junto a Maximiliano los grandes bailes y recepciones que se celebraban en el Palacio Nacional de México y su nueva residencia imperial, Chapultepec.

La nueva emperatriz intentó, desde un principio, mantener una activa actitud hacia los asuntos políticos. Con un carácter decidido, Carlota intervino en la política imperial (más crítica cada día que pasaba), mientras Maximiliano se evadía en sus proyectos para reformar México. Llevando a cabo actuaciones para intentar frenar la inestable situación que se vivía fuera de la ciudad de México, sobre todo con respecto a los grupos guerrilleros y el ejército liberal fiel a Benito Juárez, Carlota intentó ayudar en todo lo posible al emperador Maximiliano. En el ámbito privado, la pareja imperial fue distanciándose con el paso de los meses. Carlota y Maximiliano disponían de aposentos y camas separadas y cada vez fue menos frecuente la visita del emperador a las habitaciones de su cónyuge. Por otro lado, pronto surgieron rumores de infidelidades de Maximiliano, fascinado por las jóvenes mexicanas. Además, la pareja no había tenido un hijo que pudiese herederar el imperio. Fue por ello, por lo que Maximiliano se decidió a apadrinar y educar en palacio a uno de los hijos del que fuese el emperador Agustín I de México. Este hecho afectó mucho a Carlota, que vio cómo cada vez su esposo se distanciaba más de ella, llegando incluso a serle imposible visitar las habitaciones de su esposo. Fue por ello, por lo que Maximiliano fue privándola de participación de la política, aislándola cada vez más a un ámbito privado.

El Segundo Imperio Mexicano (1864 - 1867), fue breve y agitado debido a los choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. Desde el principio los emperadores, no pudieron equilibrar sus políticas liberales con la plataforma de los intereses conservadores que les habían llamado a gobernar. Tan sólo pocos meses después de la coronación, Napoleón III comenzó a señalar su abandono a Maximiliano. En 1866 Francia, bajo la amenaza de Prusia, la presión de los Estados Unidos y especialmente las derrotas que sufrían frente a los guerrilleros de Benito Juárez, retiró sus tropas. Este obstáculo estratégico fue un golpe fatal a la monarquía mexicana y el Imperio se vino abajo. La situación fue exacerbada por un bloqueo de los Estados Unidos que impidió acudir a los refuerzos franceses.

La emperatriz Carlota Amalia, que ya se había destacado como atrevida viajera yendo a la Península de Yucatán para conocer a los mayas y las ruinas de Uxmal en 1865, decidió cruzar el Océano Atlántico en búsqueda de ayuda en Europa en una tentativa desesperada de salvar el trono de su marido, entrevistándose con la nobleza europea en París y Viena, a quienes recordaba en vano el compromiso contraído cuatro años antes; pero el poco éxito de su petición pudo ser una de las razones por las que comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio mental, ayudado por los continuos desplantes del emperador francés Napoleón III. Desde Francia, se dirigió a Trieste para descansar y después a Roma, con la intención de conseguir el apoyo papal e inclinar a los conservadores mexicanos a su causa. Acudió al Papa Pío IX, a quien imploraba un concordato para el imperio tambaleante, sin embargo, del Papa únicamente consiguió promesas vagas que la desesperaron. Fue así como Carlota Amalia fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana. Desde ese momento, bajo presión, su locura fue incrementándose, con episodios de lucidez y demencia, agravados (si cabe) por el fusilamiento de su marido. Maximiliano I había sido aprehendido en Querétaro y en juicio por el estado de guerra en el país, se le condenó a muerte. La sentencia se cumplió el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas.

El Imperio se había derrumbado después de sólo tres años. El presidente de México Benito Juárez aprobó la ejecución de Maximiliano I en 1867 decidida por un Tribunal Militar. Las últimas palabras del depuesto Emperador sobre su esposa fueron: "¡Pobre Carlota!". Unos meses antes se le había notificado que Carlota estaba enferma, pero sin detallar los síntomas. El estado mental de Carlota siguió siendo pobre. Su hermano el Príncipe Felipe, Conde de Flandes, la tenía examinada por médicos, que la declararon demente. Ella pasó el resto de su vida en aislamiento, primero en el pabellón del jardín (el Gartenhaus) de su castillo de Miramar, luego en el Castillo de Tervuren y finalmente en el Château de Bouchout en Meise, Bélgica, donde finalmente fallecería. Durante la Primera Guerra Mundial, su propiedad belga fue rodeada por el ejército alemán, pero como Austria fue uno de los aliados principales de Alemania, y ella era la cuñada viuda del emperador austriaco, no fue atacada.

Mientras la enfermedad de Carlota progresó, su paranoia se fortalecía. Permaneció profundamente enamorada de su marido. Después de su muerte, atesoró todos los bienes restantes de lo que habían disfrutado en común. Se convenció a si misma de que Maximiliano aun estaba vivo y pronto volvería. Se dice que dormía con una pequeña muñeca en su cama, a la que llamaba "Max" y llegó a decir que tenían una niña llamada Carlota Maximiliana. El resto de su vida (1867-1927) creyó que todavía era la emperatriz de los mexicanos. Jamás regresaría al país que adoptó como suyo, México. 

La emperatriz Carlota moriría 60 años después de su esposo, el 19 de enero de 1927, víctima de una pulmonía.

Sigue siendo considerada como una figura romántica y trágica, víctima de la política mundial y el sexismo de su época.[1]

Sus restos reposan en la cripta de la Iglesia de Laeken, lejos de los restos mortales de su marido, que descansan en la Cripta Imperial de la Iglesia de los Capuchinos en Viena.

Existe la teoría de que la causa de la locura de Carlota fue debido a la ingesta de la seta teyhuinti, se dice que Carlota fue con una herbolaria de la Ciudad de México a la cual le pidió ayuda para poder concebir.[1] Llevaba oculta su identidad con un velo, pero la herbolaria, partidaria de Benito Juárez, la reconoció.

Al teyhuinti se le conoce como “la carne de los dioses“, se emplea en soluciones muy diluidas, como un tónico, porque a concentraciones altas puede producir un estado de locura permanente.

Referencias: 1. Canudas, Enrique (2000) Viaje a la república de las letras: la historia de México a través de sus fuentes literarias, Volumen 2, Conaculta, ISBN 978-970-18-4788-6, p.982.; Literatura Bibesco, Princesse Marthe: Charlotte et Maximilien. París 1962.; Castelot, André: Maximiliano y Carlota. La Tragedia de la Ambición. México 1985.; Corti, Conte Egon Caesar: Maximilian und Charlotte von Mexiko. Nach dem bisher unveröffentlichten Geheimarchive des Kaisers Maximilian und sonstigen unbekannten Quellen. 2 Vols. Zurich, Leipzig, Viena 1924.; Corti, Conte Egon Caesar: Maximilian von Mexiko. Die Tragödie eines Kaisers. Fráncfort del Meno 1953.; Desternes, Suzanne; Chandet, Henriette: Maximilien et Charlotte. París 1964.; Gómez Tepexicuapan, Amparo: “Carlota en México.” En: Igler, Susanne; Spiller, Roland (eds.): Más nuevas del imperio. Estudios interdisciplinarios acerca de Carlota de México. Fráncfort del Meno 2001. (=Erlanger Lateinamerika-Studien. 45). p. 27-40.; Miguel de Grecia: La Emperatriz del Adiós. El trágico destino del emperador Maximiliano y su mujer Carlota. Barcelona 2000.; Harding, Bertita: Phantom Crown. The story of Maximilian and Carlota of Mexico. 3a edición. México 1967 [1935].; Haslip, Joan: The Crown of Mexico: Maximilian and his Empress Carlota. 2a edición. Nueva York 1972.; Hyde, Montgomery H.: Mexican Empire. The history of Maximilian and Carlota of Mexico. Londres 1946.; Igler, Susanne: Carlota de México. México 2002. (=Grandes Protagonistas de la Historia Mexicana) [segunda edición: 2006].; Igler, Susanne: De la intrusa infame a la loca del castillo: Carlota de México en la literatura de su 'patria adoptiva'. Frankfurt: Peter Lang 2007 (Studien und Dokumente zur Geschichte der Romanischen Literaturen, 58).; Kerckvoorde, Mia: Charlotte. La passion et la fatalité. París 1981.; Maria y Campos, Armando: Carlota de Bélgica. La infortunada Emperatriz de México. México 1944.; Praviel, Armand: La vida trágica de la emperatriz Carlota. Buenos Aires 1937.; Perfors Barradas, Gerardo: 60 Años de locura. Universiteit van Ámsterdam 2009.; Ratz, Konrad (ed.): Vor Sehnsucht nach dir vergehend. Der private Briefwechsel zwischen Maximilian von Mexiko und seiner Frau Charlotte. Viena, Múnich 2000.; Del Paso Fernando: Noticias del Imperio. México 2008

Fuentes Aguirre, Armando (Catòn) : La otra historia de Mèxico, Juarez y Maximiliano, la roca y el ensueño.

 
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