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DE PUEBLOS MINEROS A PUEBLOS TURÍSTICOS

El descubrimiento de los recursos minerales que guardaban celosamente las entrañas de estas tierras, fue el hecho determinante para la conquista española de la Tarahumara y de toda la región que forma actualmente el estado de Chihuahua.

Al llamado de los metales preciosos acudieron los colonizadores que dieron origen a muchos de los pueblos que siguen existiendo y algunas ciudades del Estado Grande de México, como la propia ciudad capital de Chihuahua, Hidalgo del Parral, San Francisco del Oro, Batopilas y Cusihuiriachi y Uruachi, entre otros.

Ayer poblados donde la abundancia de los metales preciosos los colocó tempranamente a la vista de negociantes y comerciantes de todo el mundo, como en el caso Hidalgo del Parral y de la fortuna de don Pedro de Alvarado o bien hizo posible la construcción de bellas edificaciones, casonas, haciendas y palacios; hoy estos antiguos asentamientos han casi agotados sus riquezas mineras y luchan para sobrevivir.

Sin embargo una nueva veta ha ido creciendo en importancia poco a poco en los últimos años gracias al esfuerzo compartido de autoridades estatales y municipales, pobladores de esos lugares y particulares, quienes impulsan el aprovechamiento de esta  nueva veta que todavía está por ser explotada en todo su potencial; la del turismo.

Estos son algunos de los sitios en Chihuahua en donde la actividad minera ahora es parte de su historia y sus habitantes y autoridades le apuestan a la actividad turística como fuente de ingresos y subsistencia para quienes viven ahí, conservando no solamente las antiguas tradiciones de los pueblos mineros, sino el espíritu de sus propias comunidades y sus antiguas construcciones, iglesias, plazuelas y calles empedradas que tanto gustan al turismo extranjero que llega a Chihuahua.

BATOPILAS

Las minas de Batopilas fueron descubiertas desde 1709 y de esa época es la fundación del poblado. Sin embargo, la explotación alcanzó su mayor auge durante la época porfirista, tiempo en el que se construyeron sus más notables obras arquitectónicas como la antigua casa de Manuel Gómez Morín, quien fuera rector de la UNAM y fundador del Partido Acción Nacional; la presidencia municipal, que data de 1890; la hacienda de San Miguel o Hacienda Shepherd, enorme construcción de fines del siglo antepasado y que fue casa del estadounidense Alexander Robert Shepherd, llamado El Magnate de Plata, debido a la enorme fortuna que hizo con la mina de La Bufa, así como el edificio del hotel Riverside Lodge.

Otras construcciones importantes que datan de antes del esplendor porfirista son: la Casa Barffuson, construcción que data de fines del siglo XVIII y residencia del Marqués de Bustamante al ser comisionado por el Rey de España, Carlos III, en la región; la Casa Bigleer, de principios del siglo XIX y que desde 1873 hasta ahora conserva gran parte de su mobiliario antiguo; el Templo de la Virgen del Carmen, del siglo XVIII y cuya fachada es muy bella.

También está la actual escuela Sor Juana Inés de la Cruz que ocupa una construcción de fines del siglo XVIII, que antiguamente fue casa de raya y la Casa Morales, actualmente Casa Cural que data de fines del siglo XVIII.

Imposible sería siquiera nombrar las múltiples e importantes obras de arquitectura vernácula y civil que hay en Batopilas: casas, puentes, acequias y túneles son algunos ejemplos. Es especial el viejo canal de piedra que construyera Mr. Shepherd para generar electricidad en el pueblo.

Batopilas fue la segunda población en el país, desde la ciudad de México, que tuvo en 1873 energía eléctrica. En el antiguo pueblo minero de Cerro Colorado, a ocho kilómetros al norte de Batopilas, se pueden admirar también numerosos vestigios del siglo pasado, especialmente en obras mineras como puentes, túneles, canales, acequias y tahonas. A este pueblo sólo se llega a pie o a caballo. En Batopilas y La Bufa es viable visitar con seguridad varias mineras ahora abandonadas.

CHINIPAS

La región de la barranca Oteros-Chínipas cuenta con algunos de los más viejos, hermosos y mejor conservados pueblos mineros que se puedan encontrar en el país. Tal es el caso de Chínipas que se inició como comunidad misional, pero desde el siglo XVIII adquirió su fisonomía de pueblo minero, al ser descubiertos en sus inmediaciones varios minerales.

Su arquitectura de adobe está muy bien conservada. En sus dos plazas señorean dos antiguas locomotoras, que traídas por los mineros ingleses en partes y a lomo de mula, fueron armadas ahí. También se puede admirar un acueducto construido en el siglo XIX, el cual ya no se utiliza y se encuentra en perfecto estado.

Cercano a Chínipas está el viejo mineral de Palmarejo, que data de 1818 y cuyas mineras aún producen. Aquí destaca su hermoso templo dedicado a Nuestra señora del Refugio.

El pueblo de Maguarichi fue fundado en 1749, cuando se encontraron sus minas de oro. Llaman la atención su templo de Santa Bárbara, de finales del siglo XVIII; el hospital viejo levantado en los primeros años del siglo XX; la Casa Banda, del billar y la tienda Conasupo, que son edificiaciones del siglo XIX, de dos pisos y en buen estado.

URUACHI

En Uruachi, pueblo minero que se originó en 1736, abundan las grandes construcciones de adobe de dos plantas, sendos muros y barandales de madera. Sus moradores acostumbran pintarlas de colores brillantes y contrastantes. Desde lejos se aprecian los techos de lámina de sus casas, rasgo característico de casi todos los lugares de la sierra.

En las cercanías de Uruachi esta el rancho El Rincón, donde se encuentran cavidades con hermosas pinturas rupestres. A corta distancia del rancho está el Cerro Blanco, con sus abrigos rocosos que conservan unas antiquísimas casas de adobe de una cultura ya olvidada y que recuerda un poco la Paquimé.

Antes de llegar a Uruachi, por la desviación de Aguateachi, se encuentra el Valle de Otachique, uno de los valles más hermosos de la sierra, rodeado de pinos y grandes paredes de piedra totalmente verticales. Otachique cuenta con una serie de cavidades entre las que destaca la cueva del Rincón del Oso y la  Cuerva de las Momias, ambas con vestigios arqueológicos, además de contar con cabañas u hostales para atender a los turistas que llegan a disfrutar de los hermosos sitios y paisajes naturales de esa región de la sierra .

OCAMPO

En las cercanía de Basaseachi, en la barranca de Candameña, se encuentran Ocampo, Moris y Pinos Altos, todos estos poblados conservan aún el estilo típico de los pueblos mineros de la sierra con una arquitectura de los siglos XVIII y XIX. En dichos lugares se pueden conocer grandes casonas de adobe de dos pisos con sus barandales de madera y pintadas de colores intensos y contrastantes.

Ocampo se estableció en 1821 cuando fueron descubiertas muchas minas, algunas de las cuales siguen operando hasta estos días. Moris fue pueblo misional que tornó a minero desde 1823, cuando cambió totalmente su fisonomía. Pinos Altos fue fundado en 1871 y tomó fama porque protagonizó una de la primeras huelgas mineras del país, la cual fue violentamente reprimida por las fuerzas porfiristas.

SANTA EULALIA

En 1707, un indio que venía de Nuevo México descubrió una mina de plata que sería el origen de la riqueza de Santa Eulalia, lugar que es el primer antecedente poblacional de nuestra actual capital del estado, la ciudad de Chihuahua.

Santa Eulalia se localiza a 15 kilómetros de Chihuahua, sobre la carretera que va a Delicias, por lo que hablando de antiguos pueblos mineros que son hoy un atractivo para el turismo nacional y del extranjero, es el sitio más cercano a la ciudad de Chihuahua, lo que le da un gran potencial de aprovechamiento en este aspecto.

Juan Fernández de Retana, su fundador, lo denominó Real de Santa Eulalia de Mérida. La abundancia del metal obtenido en aquellas minas costeó más de una mansión y la misma Catedral de Chihuahua.

En Santa Eulalia se edificó también un sobrio templo. La erección de esa parroquia, cuya primera piedra se colocó el 15 de agosto de 1760, se encargó a los mismos constructores que levantaban la Catedral de Chihuahua. La fachada principal de la iglesia de Santa Eulalia, rematada en un piñón, presenta pilastras y cornisas, un óculo hexagonal a la altura del coro y arriba de éste un nicho con la imagen de la santa titular. Su única torre remata en linternilla con una cruz de fierro y veleta.

La portada lateral es similar a la de la Catedral chihuahuense, ostenta una rica ornamentación de follaje y columnas corintias y como remate un entablamento con la efigie labrada del arcángel Miguel. En su interior hay un retablo barroco con una imagen de Santa Eulalia en el centro. Uno de los altares del crucero tiene una excelente talla estofada del siglo XVIII de Nuestra Señora de Loreto, traída aquí después de la demolición de la iglesia jesuita de Chihuahua.

PARRAL

Suelo de plata donde se levantó la actual ciudad de Parral, a 220 kilómetros al sur de la capital, es sin duda la población con más personalidad y arraigo que tiene Chihuahua.

Parral es la casa solariega de los chihuahuenses, la tierra de los herederos de la mayor riqueza en el norte de México y con cuya plata se hizo nuestro estado.

Antes, muy antes de que naciera Parral, se descubrieron algunas minas cercanas llamadas de San Juan, por el año de 1600. Aledaña estuvo la estancia de Pacheco llamada Nuestra Señora del Parral, que tenía un paraje llamado San José. Cuando los tepehuanes y conchos se revelaron en 1614 la estancia fue incendiada y sólo quedaron los nombres en la memoria.

En el verano soleado de 1631, Juan Rangel de Biezma tomó una piedra negra, le pasó la lengua y descubrió la plata: Frente a él se alzaba una montaña cubierta de guijarros iguales. Rangel había topado con La Negrita, un cerro de plata que parió a un pueblo al que le puso Real de Minas de San José del Parral.

Como la Rosa de los Vientos y al tintineo de la plata, salieron de este lugar misioneros, soldados, gambusinos y aventureros. Todos los hombres que luchando contra la adversidad y los indios bárbaros con sangre y esfuerzo fueron dibujando la geografía al actual estado de Chihuahua.

De Parral seguía fluyendo la plata y hasta se pensó traerse al obispo de Durango. El gobernador de la Nueva Vizcaya así lo hizo y durante más de un siglo Parral fue de hecho la capital del reino. Miles de historia se tejieron en derredor de este rico mineral, huellas de todas ellas quedaron en su archivo que es el más rico e importante que tiene México en el norte del país. Ahí se encierran los recuerdos de lágrimas y alegrías de una patria formada junto al ruido de la barreta que sacaba la plata.

En 1833 se le da categoría de villa, título que nunca necesitó para ser grande por sí, pues al declararse la Independencia los parralenses por decisión propia prefirieron unir sus destinos a los hijos que se habían ido a Chihuahua y romper el vínculo que de algún modo los unió a Durango.

Todo ha pasado por Parral: gobernadores, ricos mineros, indios bárbaros y en el siglo XIX los franceses, muriendo ahí en 1865 Pedro Meoqui para marcar con su sangre el triunfo de la República. Después llegó la Revolución y Parral quedó en el ojo del huracán teniendo como hijo predilecto a Francisco Villa con todos los conflictos que esa pasión encerraba. Ahí fue asesinado el revolucionario en julio de 1923.

Visitar Parral es toparse con casas solariegas, templos coloniales, palacios y esculturas como El Buscador de Ilusiones, bellísima escultura que ahí dejó Ignacio Asúnsulo.

Años en que se fundaron los Principales Pueblos Mineros de Chihuahua

Coyachi                                                                                 1864

Cusihuiriachi                                                                         1688

Urique                                                                                    1689

Batopilas                                                                               1707

Guaynopa                                                                              1728

Uruachi                                                                                  1736

Norotal y Almoloya (Chínipas)                                          1737

San Juan Nepomuceno                                                       1745

Maguarichi                                                                            1748

Carichi                                                                                    1749

Topago (Chínipas)                                                               1750

San Agustín (Chínipas)                                                      1771

San Joaquín de los Arrieros (Morelos)                            1771

Dolores (Madera)                                                                 1772

Candameña (Ocampo)                                                         1821

Morelos                                                                                 1825

Guadalupe y Calvo                                                              1835

Fuente: Wikipedia. Gobierno del Estado de Chihuahua. Creative Commons.

 
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