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LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL CURA INSURRECTO

 

Los líderes aprehendidos en Acatita de Baján fueron llevados rumbo a Chihuahua, siendo separados en El Álamo los religiosos --excepto Hidalgo-- quienes fueron escoltados a Durango, donde se les condenó al paredón o la cárcel. El resto, compuesto por los principales jefes, arribó a su destino en medio de severas advertencias para la población; la cual podían salir a verlos a la calle o el campo, pero sin formar pelotones, ni subirse a las azoteas.

También estaba prohibido “levantar el grito para improperar a los reos” y por supuesto “dar muestras de una imprudente compasión”; no se podía portar arma alguna, ni acercarse en grupo al lugar donde los caudillos quedaran alojados. Además, ninguna persona podía hospedar forasteros en su casa sin hacerlo del conocimiento de la autoridad local.

Con tales medidas, la llegada de Hidalgo, Allende y sus más cercanos colaboradores se hizo sin mayor novedad, dándose inicio de inmediato a los juicios. Como resultado de éstos se cumplió con las siguientes ejecuciones:

El 10 de Mayo se fusiló al mariscal Ignacio Camargo; al brigadier Juan Bautista Canazú, y al capitán Agustín Marroquín. Al día siguiente, al mariscal Francisco Lanzagorta y al coronel Luis Mireles.

El 6 de Junio al mariscal Nicolás Zapata; al coronel José Santos Villa; al capitán José Ignacio Ramón; al mayor de plaza Pedro León, y a Mariano Hidalgo, hermano de don Miguel y tesorero del ejército insurgente.

El 26 de Junio al generalísimo Ignacio Allende; al capitán general Mariano Jiménez; al teniente general Juan Aldama, y al gobernador de Monterrey, Manuel Santa María. Un día después, al ministro José María Chico; al brigadier Onofre Portugal; al intendente del ejército José Solís, y al director de ingenieros Vicente Valencia.

Estas muertes, una a una, se convirtieron en devastador castigo moral para el cura de Dolores; tanto como la defección de Mariano Abasolo, quien, para salvar la vida, no dudo en colaborar con las autoridades virreinales. Y es que la agonía de Hidalgo se prolongó más que en los otros casos dado que enfrentó dos juicios: uno de carácter religioso y el otro penal.

Como consecuencia del juicio religioso, Hidalgo fue degradado en una ceremonia dirigida por el canónigo doctoral Francisco Fernández Valentín, comisionado por el obispo de Durango para tal función. La degradación se efectuó el 29 de Julio de 1811 en el Hospital Real de Chihuahua.

Ciertamente, la degradación debió afectar interiormente a Hidalgo; pero no al grado de abatirlo, puesto que al día siguiente acudió con gran serenidad a su cita con el paredón, sentencia que había resultado del segundo de sus juicios, y la cual se cumplió sin demora.

Posteriormente la cabeza del cura de Dolores, preservada por la sal y el vinagre, llegó a la ciudad de Guanajuato el 14 de octubre de 1811, acompañada de los cráneos de sus compañeros de lucha. Colocadas en jaulas de hierro y sostenidas por alcayatas, fueron ubicadas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, por la parte exterior y acompañadas, según Liceaga, de la siguiente inscripción:

“Las cabezas de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, insignes facinerosos y primeros caudillos de la revolución, que saquearon y robaron los bienes del culto de Dios y del real erario, derramaron con la mayor atrocidad la inocente sangre de sacerdotes fieles y magistrados justos, y fueron causa de todos los desastres, desgracias y calamidades que experimentamos y que afligen y deploran los habitantes todos de esta parte tan integrante de la nación española” (Díaz de León, 2003: 51).

Sin duda, el logro de la independencia requirió de gran sacrificio y valentía, mismos que inicialmente fueron aportados por Miguel Hidalgo y Costilla; cuyo ejemplo, más allá de la anécdota, debe ayudarnos a valorar en toda su dimensión las libertades de que ahora gozamos y motivarnos para exigir aquéllas que aún no se cumplen o se respetan sólo parcialmente. Este, sin duda, es el mejor homenaje que podemos realizar a Hidalgo y en general a los héroes, porque significa mantener viva su herencia, poner en obra su ideología.

Bibliografía: BAZ, Gustavo. Miguel Hidalgo y Costilla. Ensayo histórico-biográfico. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.; DÍAZ DE LEÓN, Jesús. La prisión de Hidalgo. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.; ENCICLOPEDIA DE MÉXICO. SEP. México, 1987.; GARCÍA, Pedro. Con el cura Hidalgo en la Guerra de Independencia. SEP 80. México, 1982.; HISTORIA DE MÉXICO, T 8. Salvat Mexicana de Ediciones. México, 1979.; LÓPEZ Robles, Fortino. El padre Hidalgo y las rutas primeras de la insurgencia. Edición particular. Guanajuato, 1973.; MARMOLEJO, Lucio. Efemérides Guanajuatenses, T. III. Universidad de Guanajuato. Guanajuato, 1973.; RIVERA, Agustín. Anales de la vida del Padre de la Patria, Miguel Hidalgo y Costilla. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato. Guanajuato, 2003.; VILLALPANDO, José Manuel. Miguel Hidalgo. Planeta De Agostini. México, 2002.

Fuente: Wikipedia. Los momentos decisivos en la vida de Miguel Hidalgo y Costilla.    Mtro. Artemio Guzmán López, Docente.; Escuela Normal Superior Oficial de Guanajuato. Pintura: Juan M. Herrera, siglo XIX, copia del original pintada por Francisco Incháurregui, óleo sobre tela, Museo de la Alhóndiga de Granaditas, INAH. Creative Commons.

 
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