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CAPSULA CULTURAL: LAS CABAÑUELAS DE ENERO

Concluye la primera década del nuevo milenio y aún persisten diversas sabidurías ancestrales relacionadas con los fenómenos de la naturaleza que se han preservado debido a que se trasmiten oralmente de generación en generación, principalmente entre los hombres que laboran la tierra, son ellos quienes están en contacto directo con las actividades agrícolas, por lo que tienen la necesidad de observar durante el trascurso del mes de enero el clima que probablemente prevalecerá durante el año, y así tener idea en que momento se efectuará la siembra y de esta manera seleccionar la semilla que se cultivará, si es maíz se selecciona que el grano sea blanco o azul. Estos augurios son conocidos en nuestro país con el nombre de cabañuelas[1].  

Los hombres que trabajan la tierra tiene la sabiduría que se remonta al México antiguo, cuando las culturas tenían amplios conocimientos del cosmos y su influencia directa sobre todo ser vivo, por lo que el campesino observaba a partir del primero de enero el ambiente natural para poder pronosticar el tiempo, simplemente bajo la observación de ciertos fenómenos naturales (como la posición del sol, las estrellas, el cielo, la luna, inclusive hasta el comportamiento de algunos animales). Los campesinos son unos auténticos meteorólogos.  

Durante el México colonial los españoles fueron quienes introdujeron a estas tierras el término de “cabañuela” y de acuerdo a la geografía de su país, esta tradición como el conteo iniciaba el primero del mes de agosto, mientras en la cultura mexica existía la observación meticulosa de los fenómenos naturales durante el año, en base a la filosofía cotidiana que se fundaba en cuatro elementos esenciales para la vida de la tierra: aire, fuego, tierra y agua, primordiales por mantener un equilibrio en la supervivencia de todo ser vivo sin dejar de observar el firmamento, pues ahí se forman las nubes, los truenos y los rayos; de ahí cae la lluvia, el granizo y la nieve. Fenómenos relacionados con Tlaloc, deidad mexica por ser un pueblo esencialmente agrícola[2].            

Al respecto, fray Bernardino de Sahagún (1500-1590)[3] nos comenta sobre el conocimiento que prevalecía entre los nativos: “Sabía cuándo ha de llover o si no ha de llover; también sabía cuándo “Va a helar, o va a caer granizo”. Predecía también: “Va a haber hambre, lloverá escasamente”[4].            

Y agregaba: “Se ha establecido el hecho de que existían observadores del cielo que mantenían constante vigilancia durante la noche. Se sabe de la importancia que tenían, en particular el momento de la puesta y el amanecer; pero además se vigilaba el curso solar para ofrecer incienso por lo menos dos veces más durante el día, incluido el mediodía[5]”

Debido al conocimiento prehispánico podemos considerar que durante la colonia española las cabañuelas se fueron adaptando al calendario ritual mexica de 260 días hasta quedar establecidas en el calendario actual.            

En consecuencia, el conocimiento del tiempo estaba basado en el solo hecho de mirar detenidamente el cielo, es ahí donde los campesinos pronostican el tiempo de todo un año. Estas sabidurías mexicas fueron conocidas como Tonalpohualli[6], es decir “La cuenta del tiempo”, posiblemente se realizaban durante el solsticio de invierno, por lo tanto “Los encargados de leerlo eran los tonalpohuaques, profundos conocedores del simbolismo y la magia[7]”.  

No solamente el pueblo mexica sabía medir el tiempo, se tiene conocimiento que también en las ciudades mayas como Chichen-Itzá y Uxmal, entre otras, tenían como adoradores a Kukulcan y  Nicte-Há, quienes tenían su propio conteo del tiempo denominado en lengua maya como Xoc Kin. Los mayas llamaron Can Ualapach al último día del primer mes del año (lo que hoy corresponde al 31 de enero), pues consideraban que en cada hora, a partir de las 6 de la mañana y hasta las 18:00 horas, se representaba a un mes del año. De esta manera sostenían que se vivían los 12 meses en tan sólo 12 horas, situación que coincide con el último día de cabañuelas como lo veremos más adelante.  

Una de las muchísimas personas en explicar las cabañuelas fue don Abraham Garcés, quién comentaba que durante el mes de enero se podía pronosticar el clima que probablemente imperaría durante los siguientes meses del año, con ayuda del antiquísimo calendario de Galván[8] que se presenta en forma de manual, de ésta manera nos platicaba lo siguiente:  

“Las cabañuelas inician el día primero al duodécimo mes de enero. Le corresponde a cada uno de los doce meses en orden progresivo (es decir, el día 1º al mes de enero, el 2º a febrero, 3º a marzo y así sucesivamente). Al terminar el día 12 continúa el conteo pero en sentido inverso, y va del día 13 al 24. Es decir, el 13 corresponde a diciembre, el 14 a noviembre, el 15 a octubre, etcétera. Los días restantes (del 25 al 30) pertenecen a un día por cada dos meses, dicho de otra manera, son cabañuelas de medio día; después se continúa con las horas, medias horas y termina el 31 de enero, por lo tanto en el mes de febrero y marzo son meses inestables, en un mismo día puede estar nublado con posibilidades de lluvia, día soleado, ventarrones y las noches con bastante frío”. Son los días de locura, de ahí el término febrero loco, marzo otro poco. En los siguientes meses la naturaleza queda equilibrada, volviendo el ambiente a su normalidad.  

Para las personas que viven en las grandes ciudades estos hechos naturales pasan desapercibidos por su misma actividad cotidiana, pues llevan a diario una vida acelerada, monótona y estresada, mientras que para los científicos esto no pasa desapercibido: “Muchos de estos fenómenos son estudiados hoy día por la astronomía atmosférica, una rama de las ciencias físicas que estudia precisamente los fenómenos que ocurren suficientemente arriba del nivel del suelo como para llamarlos astronomía, pero suficientemente debajo de los astros propiamente dichos. Sucesos dentro de las diversas capas atmosféricas, aunque no exclusivamente en la tropósfera: fenómenos como el arco iris, los halos solares y lunares, las coronas, las glorias, las diversas tonalidades del crepúsculo, los colores en el cielo, los pilares de luz, el rayo verde del sol, diversas clases de espejismos, las estrellas fugaces y las lluvias de estrellas, las auroras boreales, las nubes iridiscentes, arcos de neblina, el arco iris lunar, soles dobles, arcos circumcenitales y circumhorizontales, los rayos anticrepusculares, otras sombras atmosféricas y desde luego, los diversos tipos de granizo, nieve, tormentas, nubes y relámpagos[9]” 

 Actualmente las cabañuelas son tomadas en cuenta con toda seriedad, principalmente por las personas que se dedican a sembrar la tierra de temporal, pues de la buena observación dependerá la probabilidad de tiempo óptimo para la siembra que traerá como resultado abundantes cosechas. Se toma en cuenta: “que si el año es par, es año de bienes y si es año non es de escasa lluvia”.    Mientras que otras personas sostienen que a raíz del cambio climático que está sufriendo el planeta, esta predicción meteorológica ya nos es certera, pues el mismo cambio ha desequilibrado a nuestro mundo por lo que las cabañuelas pasan a la historia.  

Pero a pesar de todo, algunos campesinos de los pueblos de la delegación Milpa Alta están supeditados a labores agrícolas de temporal, se rigen durante el año bajo la posesión de la luna que es un indicador meteorológico, por el cual tenemos que: si nace roja, es señal de que hará calor; si blanca, habrá frío, hielo o granizo; si, al nacer los cuernos se dirigen al norte lloverá; si, hacia el sur, habrá calor, si aparece amarilla o dorada, traerá agua, si blanca, soplarán los vientos; y si es color rojo subido, el tiempo será seco.  

Al respecto agregamos lo siguiente: “En algunas ocasiones, la casa de la luna o halo que rodea al astro predice también el tiempo; si el anillo es blanco, se trata de un mal augurio; habrá terremotos o algún otro fenómeno natural. Si en el anillo aparecen los colores del arco iris, entonces indica buenos acontecimientos, abundancia, muchos nacimientos de personas y animales, buen tiempo para principiar las actividades…[10]”   

Ahora sí, ya sabe usted como probablemente podrá estar este año poniendo toda atención los días y horas de enero, para poder entender y poder disfrutar del próximo mes de febrero loco, y con marzo, otro poco.  

Nota: Se agradece a los señores: Joel Cruz y Alberto Labarrios, de 88 y 84 años respectivamente, originarios del poblado de San Antonio Tecómitl, Milpa Alta, por proporcionarnos algunos datos para poder enriquecer el siguiente material.  

Notas: [1] El nombre de cabañuela proviene de la festividad judía de los Tarernáculos. Eran cuarenta cabañuelas en su barrio en memoria de los años que pasó el pueblo judío vagando por el desierto del Sinaí.; [2] Tlaloc, “El que hace brotar”, dios de las lluvias y del rayo, es una de las deidades  más importantes y también una de las más antiguas que adoraron los hombres en México y Centroamérica. El pueblo del sol, Alfonso Caso, pág. 57.; [3] “Fue de hecho la década de 1561-1570 en la que allegó la documentación más amplia, toda ella en náhuatl, sobre los más variados aspectos de la cultura prehispánica, incluyendo pinturas y textos sobre atributos de los dioses, oraciones e himnos, descripciones de las fiestas y sacrificios en función del calendario, saber astrológico y astronómico, organización social y política…” Los diálogos de 1524 según el texto de fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores indígenas.; [4] Beatriz Albores/Johana Broda. Graniceros, pág. 99.; [5] Ibídem, pág. 100.; [6] El calendario ritual o tonalpohualli, cuenta de los días, consiste en 260 días, que era una combinación de series de 20 signos que llevaban distintos nombre de objetos y de animales y de 13 números, mientras que el calendario solar estaba dividido en 18 meses, de 20 días lo que hacía 360 días, más 5 llamados nemontemi, los que sobran.; [7] Las Ciudades del Cielo, Marte Trejo, pág. 174.; [8] El calendario del Antiguo Galván fue fundado en el año 1826 por don Mariano Galván Rivera, hoy en día se sigue consultando.; [9] Beatriz Albores, pág. 103.; [10] Yolotl González, El culto a los astros…, pág. 100.

Fuente: Wikipedia. MANUEL GARCÉS JIMÉNEZ; Presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta.; Albores, Beatriz/ Broda, Johana Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica El Colegio Mexiquense, A.C. UNAM. México, 2003.   Caso, Alfonso El Pueblo del sol FCE, México, 2007.; González Torres, Yólotl El culto a los astros entre los mexicas Sep. Setentas, SEP México, 1975.; León-Portilla, Miguel Los diálogos de 1524 según el texto de fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores indígenas. UNAM, Fundación de Investigaciones Sociales, A.C., México, 1986.; Trejo Sandoval, Marte Las Ciudades del Cielo Círculo Cuadrado. México, 1992.   Walter Krickeberg Mitos y leyendas de los Aztecas, Incas, Mayas y Muiscas FCE, México, 1995. Creative Commons.

 
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