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EL VILLISMO COLIMENSE

Tras la Convención de Aguascalientes y la confrontación armada entre las partes triunfantes de la revolución, la situación cambió. Máxime que los enfrentamientos entre constitucionalistas y villistas empezaron a tocar las puertas del estado, en el sur de Jalisco las primeras manifestaciones de ruptura las impulsó Pedro Zamora: desde octubre de 1914 recorrió poblaciones reclutando hombres para nutrir las filas de la Convención. Zamora proclamaba la libertad religiosa, ganando numerosos adeptos inconformes por el anticlericalismo de Diéguez.[1] Lo acompañaba el padre Corona y ambos acaudillaban el grupo armado.

A su vez, el hacendado jalisciense Roberto Moreno se sumó al villismo. Moreno sufrió continuas extorsiones de los militares en sus propiedades de Unión de Tula; eso lo llevó a formar un grupo armado para defenderse. Entre sus trabajadores afirmaba que la revolución se iba apoderando de las haciendas y retiraba a los trabajadores, por lo tanto, para defenderse era necesario armarse y seguirla para pelear.[2] Sus acciones subieron de tono al conjuntar esfuerzos con Pedro Zamora; entre ambos dominaron una amplia zona del sur de Jalisco y una parte del norte de Colima, ya que su refugio era el Cerro Grande, el cual se adentraba en suelo colimense.

Por otra parte, en las inmediaciones de Coalcomán, Michoacán (municipio limítrofe con Colima), actuaban rebeldes que eran una constante amenaza para los constitucionalistas de Colima. Jesús Cíntora fue otro rebelde que se desplazó entre Jalisco, Michoacán y Colima; se distinguió por cometer infinidad de crímenes y actos de bandolerismo.

Los villistas circundaban las fronteras colimenses, pero también se presentaron rebeliones internas entre los primeros en insubordinarse ante el nuevo gobierno estatal destacó José Bueno, maderista y militar que combatió a las fuerzas adictas al gobernador Antonio Delgadillo,[3] quien participó con sus fuerzas en la toma constitucionalista de Colima. Al presentarse la ruptura entre los revolucionarios, optó por las fuerzas de la Convención, comandando una fuerza militar compuesta por más de 600 hombres.

Otro de los insubordinados fue Fidel Gómez, quien se autodefinió como villista, apoyado por personajes que ocuparon cargos públicos durante el breve gobierno de Eduardo Ruiz. Recién concluida la Convención de Aguascalientes –el 29 de noviembre de 1914–, Gómez encabezó una ocupación armada de la ciudad de Colima, al grito de “Viva Villa, Viva la religión”. Durante su breve estadía en el palacio de gobierno, Fidel Gómez nombró gobernador a su padre, Rafael Gómez Espinoza. Padre e hijo eran personajes acomodados, poseedores de bienes, capital y extensiones agrícolas nada desdeñables. Meses antes de esta rebelión, al arribo de los constitucionalistas a Colima, padecieron la intervención de sus bienes.

Al tiempo que se designó a Rafael Gómez como gobernador, el licenciado Ignacio Padilla recibió el cargo de secretario general de gobierno. Padilla fue seguidor del ex gobernador J. Trinidad Alamillo; como senador suplente por Colima condenó la acción huertista de disolver las cámaras federales. También fue presidente del Supremo Tribunal de Justicia. El cargo de secretario de gobierno ya lo había ejercido con el gobernador constitucionalista Eduardo Ruiz y hasta presidió el gobierno estatal de manera interina ante la ausencia de Ruiz para asistir a la mencionada Convención revolucionaria de Aguascalientes.

Pero estos nuevos funcionarios tendrían nombramientos efímeros. Los constitucionalistas evacuados de la ciudad capital recibieron un refuerzo inesperado con el arribo de destacamentos provenientes de Sinaloa, encabezados por el licenciado Miguel Aguirre Berlanga y el coronel Ernesto Damy, y del 16º batallón de Sonora que llegó de Tuxpan, Jalisco, al mando de teniente coronel Amado Aguirre. La ya nutrida fuerza militar emprendió la reconquista de la ciudad de Colima y, tras horas de combate, las partidas rebeldes tuvieron que retirarse de la ciudad, una cuantas horas después de su ocupación.

En esta tentativa rebelde intervinieron individuos de reconocida solvencia económica. Según las autoridades, los instigadores, enemigos de la causa constitucionalista, “sobornaron a la policía colimense e hicieron que se levantaran en armas contra el gobierno varios policías y algunos bandoleros”.[4] Hacendados, políticos desplazados y bandidos en una causa común: la expulsión del constitucionalismo de la entidad.

Entre los hombres prominentes que enfrentaron a los constitucionalistas destacó el hacendado Higinio Álvarez; estuvo vinculado a las autoridades huertistas y en el combate a núcleos ligados al campo revolucionario, al grado tal que uno de los contingentes que enfrentaban a estos grupos se denominaba “Guerrilla Higinio Álvarez”.[5]

Álvarez sufrió saqueos en sus propiedades por los constitucionalistas y la intervención gubernamental sobre su hacienda de Quizalapa, desde el 16 de agosto de 1914 al 12 de marzo de 1915.[6] Asimismo, se negó a entregar las armas que poseía, insubordinándose a las autoridades. En enero de 1915, recibió amnistía y la garantía sobre sus intereses a cambio de entregar sus armas, no mezclarse en asuntos políticos, contribuir a la pacificación del estado y no formular reclamaciones sobre los bienes afectados por el gobierno y el ejército constitucionalista. También se ofrecieron garantías para sus compañeros de armas.[7]

Más allá de estos personajes y de este asalto a la ciudad capital, el villismo se nutrió de otros rostros y otras acciones. Un bandolero incontrolable fue Luis V. Gutiérrez, mejor conocido con el apodo de “El Chivo Encantado”; comandaba un grupo de rebeldes y salteadores que operaban en la zona limítrofe entre Michoacán y Colima. Su accionar se concentraba en los municipios de Coalcomán y Tecomán, de uno y otro estado respectivamente. Uno de sus blancos de ataque fue precisamente el poblado de Tecomán.[8] Sus fechorías en la zona costera colimense fueron un constante dolor de cabeza para el gobierno de Juan José Ríos.[9]

Otro jefe de fuerzas autodenominadas villistas fue el indígena Vicente Alonso. Este personaje ocupó la cárcel en diversas ocasiones por lesiones, robo y asesinato. Desde finales de 1914, encabezó una pequeña gavilla que cometía toda clase de tropelías en los municipios de Colima, Comala y Villa de Álvarez. Su contingente armado oscilaba entre treinta y ochenta hombres.

Aparte de su historial bandolero, unas semanas antes de la ocupación constitucionalista en la entidad formó parte de las fuerzas de seguridad de la prefectura de Colima por disposición del gobernador huertista Antonio Delgadillo. Durante el mandato de Eduardo Ruiz fue capturado y enviado nuevamente a prisión porque era “autor de varios asesinatos y protegido del ex general Delgadillo”,[10] pero escapó a mediados de septiembre de 1914 y se refugió en la zona montañosa que se extiende entre Colima y Jalisco, desde donde volvería ostentándose como teniente coronel del ejército convencionista e integrado a la estructura de mandos que encabezaba el hacendado jalisciense Roberto Moreno. Alonso emprendía acciones concertadas con los efectivos armados de Moreno y con Pedro Zamora.

La lista de adherentes colimenses a esta expresión armada reafirma una de las características formuladas por Alan Knight: “el villismo se entregaba al eclecticismo, listo para tolerar a cualquier poder o interés local que le ofreciera fidelidad o le permitiera ventaja efímera”.[11] Los factores que motivaban sus incorporaciones eran diversos: dominación política, erosión de autonomías locales, imposiciones fiscales y militares, daños a propiedades, ataques a prédicas y costumbres o simplemente por consideraciones clientelares.

Notas: [1]. Respecto de Pedro Zamora véase Gabriel Ch. Morett. Siguiendo los pasos al General Pedro Zamora. México: Compañía Editorial Electrocomp, 1990.; [2]. Boletín Militar (en adelante bm), Guadalajara, 27 de octubre de 1915, p. 8.; [3]. Al respecto véase “Carta de Fermín Ceballos, Comisario Municipal de San Miguel de la Unión, al Gobernador del Estado de Colima”, 29 de mayo de 1914, ahmc, Sección “E”, Caja 58, exp. s/n, 1914. Así como “Informe de Dario Pizano, Capitán 2º del 20 Batallón de Infantería, al Coronel en Jefe del Estado Mayor de Colima”, 29 de junio de 1914, ahec, leg. 867, hoja suelta, 1914.; [4]. bm, Guadalajara, 4 de diciembre de 1914, p. 4.; [5]. Véase “Oficio Nº 15 del General Brigadier Antonio Venegas al General Antonio Delgadillo”, 4 de mayo de 1914, ahmc, Sección “E”, Caja 58, exp. s/n, 1914.; [6]. “Informe del 2º Jefe en funciones de la Oficina de Intervención y Confiscación de bienes al Secretario General de Gobierno y de la Comandancia Militar del Estado”, 22 de octubre de 1915, ahec, leg 868, 1915.; [7]. “Carta del Gobernador y Comandante Militar del Estado a Higinio Álvarez”, 20 de enero de 1915, ahec, leg 877, hoja suelta, 1915.; [8]. Sobre el particular véase “Oficio Nº 203 de Ramón Llerenas, Presidente Municipal de Tecomán, al Secretario General de Gobierno del Estado de Colima”, 20 de marzo de 1920, ahec, leg. 960, hoja suelta, 1920.; [9]. Como ejemplo véase “Reporte de Luis F. Rivera, administrador de la Vacuna, a la Comandancia Militar del Estado”, 11 de julio de 1916, ahmc, sección “E”, Caja 64, hoja suelta, 1916.; [10]. bm, Guadalajara, 15 de septiembre de 1914, p. 5.; [11]. Alan Knight. La Revolución Mexicana. Del porfiriato al nuevo régimen constitucional. T. 2. México: Grijalbo, 1996, p. 831.

Fuente: Wikipedia. Samuel Octavio Ojeda Gastélum. El Colegio de Jalisco Constitucionalistas y villistas en Colima. Creative Commons.

 
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