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SEGUNDA TOMA DE TORREÓN

Torreón fue lugar de tres batallas durante la revolución mexicana, la primera el 20 de marzo cuando la ciudad fue saqueada por tropas maderistas que mataron mas de 300 chinos. (erróneamente, siempre se le adjudica esta famosa matanza de ciudadanos de origen chino a las tropas del Gral. Francisco Villa).

Durante la segunda fase de la revolución mexicana iniciada el 19 de febrero de 1913 con el alzamiento de Victoriano Huerta y su posterior toma del poder que no fue reconocida en varias regiones del país, iniciando varios movimientos de resistencia al mando de Carranza.

La idea de atacar a la importante y estratégica ciudad de Torreón comenzó a cobrar cuerpo. En pláticas con Urbina y Herrera, Villa empezó a planear la acción. Era verdad que don Venustiano Carranza acababa de estrellarse contra las fuerzas de los generales Ignacio Bravo y Eutiqnio Munguía, fracasando en su intento de tomar la ciudad; pero esta misma circunstancia ayudaba a Villa, pues los federales no podían haber tenido tiempo de reorganizar sus bajas en hombres y en material bélico, ni seguramente esperarían una reacción tan inmediata de parte de los revolucionarios.

Por tierra y por tren las fuerzas villistas salieron de Jiménez y fueron a reunirse en la hacienda de La Goma, a 25 kilómetros al poniente de Torreón. Unos días después llegaron los generales Orestes Pereyra y Calixto Contreras, con toda la tropa que mandaban.

Durante el mes de agosto, y 10 que iba corrido de septiembre, los jefes a los que Venustiano Carranza, al partir para Sonora, había encomendado la misión de hostilizar a los federales de Torreón, no habían cesado sus guerrillas. Villa escuchó satisfecho los relatos de emboscadas, descalabros, huidas y ataques imprevistos. Conocía el carácter independiente de aquellos jefes, valientes pero anárquicos, a los que don Venustiano no había logrado hacer entender la necesidad de someterse a un único jefe y a una rigurosa disciplina para el mejor logro de sus esfuerzos.

La guarnición federal de Torreón contaba 3,500 hombres. El anciano general Ignacio Bravo acababa de obtener su retiro y ahora la plaza estaba bajo el mando del general Eutiquio Munguía, verdadero causante de la derrota infligida a los carrancistas. Lo asesoraban algunos hombres que habían figurado en la lucha revolucionaria junto a Pascual Orozco: Emilio Campa, el héroe de la famosa explosión del kilómetro 1,313, y Benjamín Argumedo; y generales de probado prestigio como Luis Anaya y Felipe Álvarez.

Benjamín Argumedo hacia constantes salidas de Torreón para entablar combate con los revolucionarios en las poblaciones aledañas, como Lerdo, Gómez Palacio y San Pedro de las Colonias. Este era el enemigo más encarnizado que debían enfrentar constantemente Orestes Pereyra y Calixto Contreras. Su valor era indiscutible y merecido su apodo: "El León de La Laguna". En una ocasión resistió durante más de una hora a la gente del general Contreras sin disparar un solo cartucho, sufriendo el fuego enemigo para ahorrar municiones. Esto no era solamente heroísmo suicida sino necesidad inmediata: el Ministerio de la Guerra de Victoriano Huerta no siempre respondía con celeridad a los urgentes pedidos de tropa, parque y provisiones que le hacían los federales norteños. El gobierno del Centro no respondía, ya sea por entorpecimientos de la burocracia, ya fuera porque sencillamente no podía responder a todos los reclamos que le llegaban de la República entera. Lo cierto es que los federales, en un principio tan dispendiosos de parque y provisiones, comenzaban ahora a ahorrarlas lo más que podían, con intuitiva prudencia.

Francisco Villa, decidido a atacar Torreón, la Perla de La Laguna, dispuso qué sus fuerzas avanzaran sobre ella por ambas márgenes del río Nazas, que en aquella temporada de lluvias iba muy crecido.

Villa sabía ser jefe. Su sola presencia inspiraba confianza; confianza acrecentada por el hecho que los grupos armados se habían convertido en un poderoso ejército unificado bajo el mando de aquel hombre que comprendía y era comprendido por la masa. Al decir de los jefes federales acuartelados en Torreón, los revolucionarios contaban con 10,000 hombres, 4 piezas de artillería y un número no calculado de ametralladoras.

La unificación, tan reclamada no hacia mucho por don Venustiano Carranza, se había producido rápida y enérgicamente. El general Villa, después de reflexionar mucho al respecto, se había dicho: Estas fuerzas ya no son tan sólo la brigada mía. Vienen las de mi compadre Urbina y las de Maclovio Herrera; están las de Calixto Contreras, las de Aguirre Benavides, las de Yuriar, las de Juan García. Se necesita, pues, para esta operación y para el futuro, un solo jefe que conduzca bien todas las tropas y sea capaz de organizarlas para el mejor concierto de sus movimientos.

Villa convocó a todos los generales que lo seguían y contemplando por entre las lonas de su tienda de campaña las lejanas lenguas de fuego que salían de las chimeneas de las fábricas de Torreón, les dijo:

Señores: en horas de la guerra nada se hace si no se sabe mandar y obedecer. O sea, que cuando se juntan fuerzas en mucho número los jefes de todos tos grupos deben escoger entre sí un jefe mayor, que lleve la carga del mando y al cual todos obedezcan. Como esas son ahora nuestras circunstancias; estamos en el deber, según yo creo, de nombrar un jefe que nos gobierne a todos y que con su autoridad dé a todas nuestras fuerzas la organización que en su ánimo se necesite para el progreso de la campaña.

Se procedió a votación y todos aquellos generales revolucionarios que habían ganado ya muchas batallas, eligieron unánimemente como su jefe supremo a Francisco Villa. El ejército unificado tendría su bautismo de fuego frente a las puertas de la ciudad de Torreón y no tardaría en ser mundialmente famoso. “Había nacido la División del Norte”.

La Batalla se desarrollo rápida y contundente, del 24 de septiembre al 1 de octubre.

Mientras Munguía se preparó con febril desesperación a defender la ciudad, ordenando que en los cerros de la Polvorera, de Calabazas, y de la Unión, se fortificaran con tres destacamentos de infantería, en tanto que en las fábricas de la Metalúrgica y de La Unión, en la vía del ferrocarril, y en el cerro de La Cruz se hacían fuertes los destacamentos de artillería y las gentes mandadas por Argumedo y Campa. Villa movilizó a sus tropas divididas eh dos poderosas columnas. Una, compuesta por las brigadas "Villa" y "Morelos", avanzó por el cañón del Huarache, y la otra, formada por las brigadas "Zaragoza" y "Yuriar", se encaminó por el cañón donde estaban instaladas las principales fábricas de la ciudad.

A las cinco de la tarde del jueves 30 de septiembre los revolucionarios iniciaron intenso tiroteo contra los huertistas de los cerros de Calabazas y de la Polvorera y al caer la noche ya se habían posesionado de ellos, emprendiendo un furioso ataque contra los federales del cerro de La Cruz.

Las piezas de artillería que los villistas habían cogido en Avilés sirvieron en aquella ocasión eficazmente. Los federales huyeron en desbandada por el cañón del Huarache, perseguidos con saña por la infantería y los jinetes revolucionarios. El general Villa, siempre en la línea más peligrosa del combate, dispuso que para la arremetida final los soldados avanzaran pie a tierra, sin sombrero y con el brazo derecho arremangado, a fin de que tuvieran mayor libertad de movimiento en el uso de la bayoneta y la carabina.

Al grito de ¡Viva Villa!, en un instante se generalizó el asalto. Dueños absolutos de las riberas del río Nazas, los revolucionarios siguieron avanzando, en un movimiento envolvente, hasta que a las nueve de la noche del miércoles lo. de octubre penetraron en los barrios aledaños de Torreón.

La tropa federal, desmoralizada, diezmada, fatigada por el adverso y agotador combate de todo el día, comenzó a abandonar sus puestos. El general Munguía, al ver que la derrota era ya inevitable, siguió a los que huían y abandonó Torreón. El general Anaya fue el último que quedó en la plaza sin jefe y no teniendo de quién recibir órdenes, no queriendo sacrificar a sus hombres, optó por batirse en retirada con los escasos soldados que le quedaban.

En media hora Torreón quedó en manos de los villistas. Pancho Villa recordó tiempo después aquel hecho memorable diciendo: El enemigo, medroso de afrontar mi ataque en las sombras de la noche, ya había abandonado sus posiciones y se alejaba de la población al amparo de la oscuridad y de una tolvanera que se había levantado. Mas ni las dichas circunstancias habrían evitado a los traidores su desbarate final si no fuera porque el río, muy crecidas las aguas, cerró el paso de las fuerzas de Maclovio Herrera, que intentaba dar el alcance hacia el oriente.

Los federales abandonaron un botín capaz de hacer la felicidad del más ambicioso revolucionario: 11 cañones, 297 granadas, 299 fusiles, 5 ametralladoras, 492,800 cartuchos, 39 locomotoras, furgones, jaulas y plataformas dé ferrocarril. Mientras las bajas villistas fueron escasas, los huertistas tuvieron 232 muertos y se les tomaron 109 prisioneros. También cayó en manos de Villa el famoso cañón "El Niño", que los federales cuidaban mucho y llevaban emplazado en un carro blindado de ferrocarril.

El país entero se estremeció con la noticia de que Pancho Villa se había apoderado en un santiamén de la ciudad de Torreón y el general Munguía, una vez que hubo entregado los restos de la "División del Nazas" se dirigió hacia la capital de México, en donde se le sometió a proceso, pues el general Huerta, con fecha 10 de aquel mes de octubre, dictó orden de proceder en su contra por considerar que la defensa no había estado a la altura de su deber.

Así termino la primera Batalla de al "División del Norte" pues fue al primera vez que Villa era reconocido por organizar y mandar a tan grande unidad.

Fuente: Wikipedia. www.militar.org.ua. Creative Commons.

 
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