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EL BATALLÓN DE SAN PATRICIO: UNO DE LOS EPISODIOS MÁS SINGULARES DE LA GUERRA ENTRE MÉXICO Y E.U.A

 

” La gran mayoría de ellos eran irlandeses, aunque también los había provenientes de Inglaterra, Escocia y Alemania, así como algunos originarios de Canadá, Francia, Italia y Polonia. Sorprendentemente, había también un puñado de ciudadanos norteamericanos. Todos ellos, eso sí, eran católicos.

La mayoría llegaron originalmente a los Estados Unidos como inmigrantes, buscando una mejor vida que la Europa les negaba y encontraron que en el país de la libertad tampoco les fue fácil hallar la tranquilidad y prosperidad tan anhelada. Más aún: era tan grave su situación, casi de miseria, que tuvieron que enrolarse en las filas del ejército o en los cuerpos de voluntarios estadounidenses, reclutados para hacer la guerra a México, con el aliciente de una buena paga y la posibilidad de obtener tierras en los territorios que se conquistaran, ubicados en las entonces provincias de Tejas, Nuevo México y California, enormes extensiones que casi representaban la mitad del territorio que México había heredado de la Nueva España en 1821.

Los irlandeses y sus compañeros fueron asignados al ejército al mando del general Taylor, a quien se confió las primeras operaciones militares en contra de México, invadiendo la franja fronteriza en Tejas. Situado el ejército invasor frente a Matamoros, en Tamaulipas, a principios del año de 1846, comenzó la deserción de los irlandeses.

Poco a poco fueron escapando de las filas estadounidenses y se presentaban ante los oficiales mexicanos, que gustosamente los recibían en nuestro ejército. La pregunta obligada es por qué desertaron y por qué se unieron a México, a luchar por una causa que desde un principio se veía perdida dada la enorme diferencia entre la tecnología militar de una nación y otra.

Una de las respuestas es la siguiente: los generales mexicanos al mando de las tropas que guarnecían la frontera, se percataron de la enorme cantidad de irlandeses y europeos católicos que nutrían al ejército de los Estados Unidos, e iniciaron una campaña de publicidad para informar a esos soldados primero de la afinidad religiosa que los mexicanos teníamos con ellos; segundo, les hicieron saber que en México encontrarían también posibilidades de asentarse definitivamente y obtendrían por ello buena paga y tierras al final de la contienda; y tercero, apelaron a su sentido patriótico, demostrando que México, al igual que Irlanda, sufría por el acoso y la hostilidad de una nación protestante, los Estados Unidos, así como su isla natal padecía también la animadversión y la brutalidad conquistadora de Inglaterra, la madre patria de los estadounidenses.

El amor propio de los irlandeses, que recordaban las persecuciones sufridas por parte de los ingleses, despertó para apoyar lo que ellos consideraron como una causa justa: la causa de México, la defensa de una nación católica invadida injusta y arteramente por su poderoso vecino, guiado por su afán expansionista. Un puñado de irlandeses y de otros inmigrantes europeos, que llegaron a ser casi cuatrocientos a lo largo de toda la contienda, decidieron pasarse al lado mexicano y combatir por esa nación católica, aún a sabiendas de que la deserción, como en todos los países sucedía, está castigada con penas severísimas, incluso con la muerte.

Los norteamericanos trataron correctamente a las tropas mexicanas, con respeto y atención, pero cuando descubrieron que entre sus prisioneros estaban los san patricios, cebaron sobre ellos todo su odio. Se llevaron a los sobrevivientes de las Compañías de San Patricio -setenta y dos hombres, pues el resto, unos ochenta, lograron escapar antes de la rendición- encadenados a las prisiones que establecieron en San Ángel y Mixcoac y decidieron someterlos a consejo de guerra, por haber desertado del ejército de los Estados Unidos.

La mayoría, después de soportar muchísimas humillaciones, fueron condenados a muerte, a ser colgados como criminales, porque se consideró que no merecían siquiera el honor de ser fusilados. (…) Los veinte primeros condenados a muerte fueron ejecutados en San Ángel y en Mixcoac el 10 de septiembre de 1847. La ejecución de los restantes treinta san patricios fue el 13 de septiembre de 1847.

Fuente: Wikipedia. abelgalois.wordpress. Creative Commons.

 
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