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CAPSULA CULTURAL: EL EMBAJADOR WILSON REÚNE AL CUERPO DIPLOMÁTICO Y ESPERAN EL INFORME DE HUERTA

Mientras los relatados sucesos se precipitaban aceleradamente, Henry Lane Wilson esperaba en su Embajada el resultado del golpe de Estado que se daría en Palacio Nacional.

El 18 de febrero, el embajador americano reúne en su Embajada, a la una de la tarde, a los principales miembros del cuerpo diplomático con el propósito de discutir asuntos muy importantes en relación con la situación de la capital, haciendo circular entre sus colegas el rumor de que algo muy grave iba a ocurrir.

El embajador estaba muy nervioso -dice Juan F. Urquidi en sus Apuntes históricos- y a cada momento se dirigía al teléfono en demanda de noticias que parecía esperar con gran ansiedad. A las dos y media de la tarde, Enrique Zepeda entró intempestivamente a la Embajada, con la cara cubierta de una mortal palidez y la sangre chorreando abundantemente de una herida que tenía en una mano.

Zepeda, próximo a desmayarse y con voz ahogada, se acercó rápidamente al embajador y le dijo en inglés, de manera perfectamente audible para los otros miembros del cuerpo diplomático:

We got him! We got him!

Agotado por el esfuerzo y por la hemorragia, Zepeda cayó desmayado en una silla. Al volver en sí, poco después, dijo al embajador:

He cumplido mi promesa: le dije a usted que una vez sucedida la cosa, usted sería el primero en saberlo, y aquí estoy.

El ministro alemán, que estaba presente, ha relatado este incidente a un amigo de su entera confianza, de cuyos labios he oído más tarde esta anécdota. Si no hubiera otras muchas pruebas en contra de Henry Lane Wilson, este incidente, perfectamente auténtico, demostraría hasta la evidencia su culpabilidad.

Deseoso el embajador de tener oficialmente la confirmación de la noticia que Zepeda acababa de comunicarle comisionó al secretario de su Embajada, mister Tennan, para que viese a Huerta con urgencia, se cerciorara personalmente de lo sucedido y expresara su deseo de que se reunieran en la casa de los Estados Unidos él y los principales cabecillas de la Ciudadela, para resolver lo que debería hacerse. Tennan llegó poco después entregando a Wilson una nota, en la cual le participaba Huerta la comisión de su delito. La nota decía:

A Su Excelencia el embajador americano.

Presente.

El Presidente de la República y sus ministros se encuentran actualmente en mi poder, en el Palacio Nacional, en calidad de prisioneros. Confío en que V. E. interpretará este acto como la mayor manifestación de patriotismo de un hombre que no tiene más ambiciones que servir a su país.

Ruego a V. E. que se sirva aceptar este acto como uno que no tiene más objeto que el de restablecer la paz en la República, y asegurar los intereses de sus hijos y los de los extranjeros que nos han traído tantos beneficios.

Presento a V. E. mis saludos, y con el más grande respeto le ruego que se sirva hacer llegar el contenido de esta nota a la atención de su Excelencia el Presidente Taft.

También ruego a usted que trasmita esta información a las varias misiones diplomáticas de la ciudad.

Si su Excelencia quiere hacerme el honor de enviar esta información a los rebeldes de la Ciudadela, vería yo en este acto un motivo más de gratitud de parte del pueblo de esta República y de la mía propia, hacia usted y el siempre glorioso pueblo de los Estados Unidos.

Con todo respeto, soy de V. E. obediente servidor.

(Firmado.) Victoriano Huerta.

General en jefe del ejército de operaciones y comandante militar de la ciudad de México. México, febrero 18 de 1913.

Esta sola nota, con la recomendación de que el embajador le haga el honor de mandar informar a los rebeldes de la Ciudadela, revela de modo innegable la complicidad que existía entre el representante de mister Taft y los traidores acaudillados por Félix Díaz.

¿No prueba lo anterior, lo que llevo dicho acerca de que el embajador yanqui era el alma del complot, y el conducto por medio del cual se comunicaban los traidores con los ciudadelos? Esta comunicación huertiana nunca fue publicada completa en México; pero en 1916 la publicó, ¡para defenderse!, Henry Lane Wilson, y obra en los archivos del Departamento de Estado, en el cuerpo de una nota fecha 18 de febrero de 1913.

Al mismo tiempo que Huerta enviaba a Lane Wilson la nota anterior, redactó el siguiente manifiesto que circuló públicamente en todo México:

Al pueblo mexicano:

En vista de las circunstancias difíciles por que atraviesa la nación y muy panicularmente en estos últimos días en la capital de la República la que por obra del deficiente gobierno del señor Madero, bien se puede calificar de situación casi de anarquía, he asumido el Poder Ejecutivo, y en espera de que las Cámaras de la Unión se reúnan desde luego para determinar sobre esta situación política actual, tengo detenidos en el Palacio Nacional al señor Francisco I. Madero y su gabinete, para que una vez resuelto este punto y tratando de conciliar los ánimos en los presentes momentos históricos, trabajemos todos en favor de la paz, que para la nación entera es asunto de vida o muerte.

Dado en el Palacio del Poder Ejecutivo, a 18 de febrero de 1913.

(Firmado) Victoriano Huerta.

El mismo día en la noche -dice don Ramón Prida- reuniéronse en la Embajada algunos ministros extranjeros, que deseaban saber la realidad de los acontecimientos. El señor embajador no pudo recibirlos desde luego, porque estaba atendiendo a otras visitas. En uno de los salones de la Embajada, conversaban los generales Victoriano Huena y Félix Díaz, en presencia del embajador. Acompañaban al primero los señores Enrique Zepeda y Joaquín Maas. Al brigadier lo acompañaban los señores Rodolfo Reyes y Fidencio Hernández, estando también presente el senador don Guillermo Obregón. Ahí se discutieron los términos en que quedaba pactado el repano que del poder hacían dos ambiciosos frente a frente. Sucedió, como lo pinta la fábula y acontece siempre en tales casos; todo se lo llevó el león.

El general Huerta discutió uno que otro nombre de ministros, más bien por fórmula: así se quitó la cartera de Hacienda a don Carlos G. de Cosío, para darla a don Toribio Esquivel Obregón, a quien ni consultaron, limitándose a enviarle un recado para que al siguiente día se presentara en el ministerio de Gobernación a protestar.

Formada la lista, el embajador Wilson, con ella en la mano, fue al salón contiguo, donde estaban los ministros extranjeros esperándolo.

Después de los saludos correspondientes, el embajador les dijo:

Señores, los nuevos gobernantes de México someten a nuestra aprobación el ministerio que van a designar, y yo desearía, que si ustedes tienen alguna objeción que hacer, la hagan para trasmitirla a los señores generales Huerta y Díaz que esperan en el otro salón. Con esto demuestran el deseo que les anima de marchar en todo de acuerdo con nuestros respectivos gobiernos, y así, creo firmemente que la paz en México está asegurada.

Los ministros se apresuraron a tomar copia de los nombres que estaban en la lista, y al llegar al señor Garza se iba a crear, uno de los presentes objetó:

Este señor Aldape, que figuraba en el ministerio de Agricultura que -dijo- es un ladrón.

El señor Garza Aldape -repuso el embajador- no es más que un proyecto de ministro.

Nosotros -dijo el ministro de Cuba- no creo que debamos rechazar ni aprobar nada, sino simplemente tomar nota de lo que se nos comunica y trasmitirlo a nuestros gobiernos.

La mayoría de los presentes apoyaron las palabras del señor Márquez Sterling, y el embajador regresó al salón donde lo esperaban los señores Huerta, Díaz y personas que los acompañaban. El embajador manifestó que los representantes diplomáticos no hacían ninguna objeción a los ministros propuestos -siendo así que debió haber dicho la verdad, lo que dijo Márquez Sterling:

Nosotros no tenemos que rechazar ni aprobar nada, lo que era muy diferente.

Momentos después, los diplomáticos eran invitados a pasar al salón, donde estaban los generales Huerta y Díaz, y ante ellos, el licenciado Rodolfo Reyes, con gran énfasis, dio lectura a lo que el público ha dado en llamar el pacto de la Ciudadela y que mejor debería designarse como lo hago yo: El Pacto de la Embajada.

Fuente: Wikipedia. Isidro Fabela. HISTORIA DIPLOMÁTICA DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA (1910 - 1914). Creative Commons.

 
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