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IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO

 

IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO (1834 - 1893)

Nació el 13 de noviembre de 1834 en la población de Tixtla, Guerrero, México, en el seno de una familia de raza indígena pura que hablaban náhuatl y castellano. Su padre Francisco Altamirano, se afirma que el apellido lo heredó del padre de un acomodado lugareño y que la madre Juana Gertrudis Basilio era mestiza.

El ámbito campirano lo hizo niño ingenioso. Asiste a la escuela que atiende el maestro Cayetano de la Vega, donde los discípulos están divididos en “indios” –que sólo aprenden a persignarse, a rezar y a prepararse para la primera comunión– y en “niños de razón” –hijos de españoles, criollos y mestizos ricos, que se afanan en saber leer y escribir, dominar las cuatro operaciones fundamentales, algo de gramática y rezos–.

La familia no estaba en bonanza, pero don Francisco debió ser hombre esforzado, tuvo una posición de mando entre la etnia de los chontales, fue nombrado alcalde de indios de Tixtla y eso permitió al joven Ignacio Manuel, que a la sazón contaba con 14 años, la oportunidad de asistir a la escuela. Al visitar la escuela donde asistiría su hijo, don Cayetano le aseguró que pasaría a Ignacio al grupo de los “niños de razón”.

Aprendió a leer y a escribir, así como aritmética en su ciudad natal. Realizó sus primeros estudios en la ciudad de Toluca, gracias a una beca que le fue otorgada por Ignacio Ramírez, de quien fue discípulo.

Llegó para aprender más de memoria que por razonamiento; la vida, cercana a lo monacal, se regía por las obtusas sentencias del Catecismo y exposición de la doctrina cristiana, del jesuita Jerónimo Martínez de Ripalda (Toledo, 1618). Recibió cátedra en el Instituto Literario de Toluca. Cursó derecho en el Colegio de San Juan de Letrán. Perteneció a asociaciones académicas y literarias como el Conservatorio Dramático Mexicano, la Sociedad Nezahualcóyotl, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, el Liceo Hidalgo, el Club álvarez.

Tres años y medio vivió entre misas, física, gimnasia, educación musical, talleres, latín, matemáticas, inglés, francés; también español y griego. Se distinguió en el estudio, sin faltar quien informara que chiflaba, fumaba y tenía en poco la práctica religiosa.

Para sobrevivir, Altamirano da clases de francés en una escuela privada. Deambula por tierras del estado de Morelos; quizás en Yautepec conoce al personaje que inspira El Zarco y representa su drama histórico Morelos en Cuautla. Gracias a la generosidad del terrateniente peninsular Luis Rovelo decidió estudiar Derecho en el Colegio de San Juan de Letrán. Guillermo Prieto en Memorias de mis tiempos da trazos desangelados del colegio que dirige José María Lacunza. Se prepara para una vida académica, pero al estallar la Revolución de Ayutla (1 de marzo de 1854) decide ponerse a las órdenes de Juan Álvarez.

Gran defensor del liberalismo, tomó parte en la revolución de Ayutla en 1854 contra el santanismo. Al concluir el movimiento armado reingresa a la institución, acelera la presentación de exámenes y se gradúa. La Guerra de Reforma lo impele a la cotidianidad castrense. La intervención francesa lo retiene en el fragor de la batalla. Trece años defendió a la patria con la espada. Tomó Cuernavaca y Tlalpan. En el sitio de Querétaro, el general Sóstenes Rocha le reconoce valentía y arrojo, y no puede olvidarse su conducta temeraria en el cerro del Cimatario. Dialoga con el emperador iluso, ambos se quejan de sus males gástricos, recomendándole el austriaco que se acostumbre al agua de Seltz. Cuando era estudiante del Colegio de San Juan de Letrán lo enviaron a dictar una conferencia sobre literatura en el Colegio de las Vizcaínas, que atendía a alumnas de escasos recursos; entre las asistentes halló los ojos luminosos de Margarita Pérez Gavilán, trenzaron la plática grata, se entendieron, eran de la misma tierra del sur y se casaron, muy de mañana, para abreviar los gastos. En su natal Tixtla encontró a los medios hermanos de Margarita y Altamirano los trajo a la capital: los adoptó, les dio su apellido y mejoraron de vida.

Después de este periodo de conflictos militares, Altamirano se dedicó a la docencia, trabajando como maestro en la Escuela Nacional Preparatoria, en la de Escuela Superior de Comercio y Administración y en la Escuela Nacional de Maestros; también trabajó en la prensa, en donde junto con Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez fundó el Correo de México y con Gonzalo Esteva la revista literaria El Renacimiento, en la que colaboran escritores de todas las tendencias literarias, cuyo objetivo era hacer resurgir las letras mexicanas. Fundó varios periódicos y revistas como: El Correo de México, El Renacimiento, El Federalista, La Tribuna y La República.

En la actividad pública, se desempeñó como diputado en el Congreso de la Unión en tres períodos, durante los cuales abogó por la instrucción primaria gratuita, laica y obligatoria. Fue también procurador General de la República, fiscal, magistrado y presidente de la Suprema Corte, así como oficial mayor del Ministerio de Fomento. También trabajó en el servicio diplomático mexicano, desempeñándose como cónsul en Barcelona y París.

Abogó y sentó las bases de la instrucción primaria gratuita, laica y obligatoria a partir del 5 de febrero de 1882. Fundó el Liceo de Puebla y la Escuela Normal de Profesores de México; y para el mundo en general, escribió varios libros de gran éxito en su época, al cultivar diferentes estilos y géneros literarios. Sus estudios críticos se publicaron en revistas literarias de México.

Amó las leyendas, las costumbres y las descripciones de paisajes de México. En 1867, comenzó a destacar por lo magistral de su obra, orientó su literatura hacia la afirmación de los valores nacionales, y destacó también como historiador literario y crítico, que fue el abanderado de varias generaciones.

Ignacio Manuel Altamirano murió en Remo, Italia el 13 de febrero de 1893, en una misión diplomática. Con motivo del centenario de su natalicio, sus cenizas fueron depositadas en la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México.[1] Se creó la medalla "Ignacio Manuel Altamirano" con la finalidad de premiar los 50 años de labor docente.

Obras

Escribió varios libros de gran éxito en su época, cultivó el cuento y el relato, la crítica y la historia; el ensayo y la crónica, la biografía y los estudios bibliográficos, la poesía y la novela. Su obras literarias retratan la sociedad mexicana de época, entre las más destacadas se encuentran:

 Rimas (1880)

Clemencia (1869)

El Zarco (1869)

Antonia y Beatriz

Atenea

Cuentos de invierno (1880)

La Navidad en las montañas (1871)

Paisajes y leyendas, tradiciones y costumbres de México (1886)

Crónicas de la semana (1869)

La literatura nacional (1849)Obras (1899)

Obras literarias completas (1859)

Obras completas (1886)

Referencias: 1.Rotonda de las personas ilustres-. SEGOB. Consultado el 21 de septiembre de 2009.

Fuente: Wokipedia. guerrero.gob.mx. Creative Commons.

 
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