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JURAMENTO DEL PLAN DE IGUALA

 

ACTA CELEBRADA

En Iguala el 1o. de marzo y juramento que al día siguiente presto el Señor Iturbide con la Oficialidad y Tropa a su mando.

En vano es oír las voces del primer jefe y demás autoridades del reino, si no oímos también los principios en que se fundan el señor Iturbide y sus adictos. Enterado el público de unos y otros procederes podrá con tino formar opinión y, asentada que sea, ya no hay inconveniente para que los sabios tracen los cortes y rumbos que deban tomar para derrocar desde los cimientos hasta los chapiteles cuanto encuentren de infidelidad, despotismo y avaricia.

En las proclamas expedidas hasta ahora no se ve otra cosa que declarar a estos hombres por traidores y anticonstitucionales sin que den una idea clara de las bases sobre que giran. ¿Cómo, pues, podrán escribir y exhortar a ciegas sin que se expongan a cometer crasos errores?

La reserva en el sistema constitucional, es absolutamente sospechosa, y estoy firmemente persuadido que todo lo que era útil el silencio en el antiguo gobierno para que las maquinaciones obraran todo su efecto y pudieran mantener los opresores la prepotencia sobre pueblo entonces esclavo, es de necesidad ahora la confesión ingenua de cuanto hay y pasa para mantener el delicado gobierno del mismo pueblo que boy es soberano.

Por el convencimiento de esta razón me he resuelto, amados conciudadanos, a imprimir la Acta celebrada en el pueblo de Iguala el lo. del próximo pasado marzo, y juramento que al día siguiente prestó el señor Iturbide con la oficialidad y tropa que se halló presente, cuya copia por una casualidad llego a mis manos y es a la letra como sigue:

"En el pueblo de Iguala a primero de marzo de mil ochocientos veintiuno, se unieron en la casa habitación del señor comandante general, coronel don Agustín de Iturbide, los señores jefes de los cuerpos de la guarnición, los comandantes particulares de los puntos militantes de toda la demarcación y demás señores oficiales.

Colocados en sus asientos con el mejor orden y arreglo, el señor comandante general, tomando la voz, indico que la independencia de la América la veía como necesaria, así porque se persuadía ser esta la opinión general, como porque se anunciaba un pronto rompimiento que sin duda nos anegaría en sangre, confusión y desastres, acaso mas crueles que los últimos experimentos desde el año de 1810 a la fecha; que un plan que arreglase la común opinión con contento de todos, era el único remedio; que había tornado todas las medidas necesarias para ello y, no obstante que al militar le es muy glorioso el vencer, era mucha mas gloria a las tropas restauradoras de la libertad conseguirla sin que se derramase una sola gota de sangre.

"Concluida esta indicación, se leyó en voz alta, clara y comprensible por el capitán de Tres Villas, don José Maria de la Portilla, el Plan, oficio y lista nominal de los señores vocales para la junta preparatoria, remitida al Excmo. Sr. conde del Venadito. Volvió a tomar la voz el señor comandante general y dijo [que] creía firmemente de la bondad, así del señor conde del Venadito como de los sabios que se hallan a su lado y lo dirigen, accederían a tan justa pretensión; pero de no, que era indispensable sostenerla a toda costa.

El entusiasmo de los señores oficiales interrumpió el silencio, y entre vivas y ad aclamaciones prometieron sostenerlo hasta derramar la última gota de sangre.

"El señor Iturbide impuso silencio con la moderación que le es característica y añadió que su edad provecta y despreocupación le dictaban servir a las órdenes del que eligieran por general, de los mismos jefes de mayor graduación que pudiera haber y manifestarla, en caso necesario, que puramente el amor a su patria y conservar la religión que profeso desde el bautismo le habían obligado a emprender una obra que creía superior a sus alcances, y no el aspirar a ascensos, mandos ni otra especulación personal.

Aquí se pararon los señores oficiales y tomándose la palabra unos a otros, le daban la enhorabuena y le decían que persuadidos de su integridad y resolución tenían jactancia solamente en servir a sus ordenes; que cuantas penalidades habían sufrido en la carrera y especialmente en este país sin recursos; se daban por contentos por tener la gloria de ser los verdaderos conquistadores de la libertad de la América del Septentrión; que se sirviese tomar la investidura de teniente general y recibir el tratamiento de Excelencia.

Rehusó con palabras bastante enérgicas el tratamiento y nombre de general, no obstante ser la voluntad única, y decidida de todos los señores oficiales, declarando que el ejército se denominase el de las tres garantías, pot defender religión, independencia y unión. Concluyo este solemne acto con las mayores aclamaciones a la religión, al digno general don Agustín de Iturbide y a cada uno de los señores vocales de la Junta preparatoria.

"DIA 2. Se juntaron a las nueve de la mañana en la casa del primer jefe (único título que ha admitido) los señores jefes y oficiales del Ejercito de las Tres Garantías. En la sala se hallaba puesto en la mesa un Santo Cristo y el libro de los Santos Evangelios. Colocados en pie los señores oficiales, leyó el padre capellán cimiento de la República Federal del Ejercito don Fernando Cárdenas, el del día, el señor jefe se acerco a la mesa y poniendo la mano izquierda sobre el Santo Evangelio y la derecha en el puno de su espada, le fue tornado el juramento por dicho eclesiástico bajo la formula siguiente:

"¿Juráis a Dios y prometéis bajo la cruz de vuestra espada, observar la santa religión católica, apostólica [y] romana? Si, juro.

"¿Juráis hacer la independencia de este Imperio, guardando para ello la paz y unión de europeos y americanos? Sí, juro.

“¿Juráis la obediencia al señor don Fernando VII, si adopta y jura la Constitución que haya de hacerse por las Cortes de esta América Septentrional? Sí juro.

"Si así lo hacéis, el Señor Dios de los ejércitos de la paz os ayude; y si no, os lo demande.

"Enseguida, el teniente coronel don Rafael Ramiro, del regimiento de Tres Villas, como jefe mas antiguo, puso la mano izquierda sobre et Santo Evangelio y la derecha sobre el puno de su espada y se tornó el juramento a todos los señores oficiales bajo la misma formula por el señor general y padre capellán, en cuyo acto manifestaron todos la mejor disposición y entusiasmo.

"Concluido el juramento paso el señor jefe acompañado de la oficialidad y precedidos de la música del Regimiento de Celaya, a la iglesia parroquial de este pueblo, a asistir a la misa cantada y Te Deum en acción de gracias al Todopoderoso y Señor de la paz. Se hicieron las descargas de costumbre por una compañía del Regimiento de Murcia, otra de Tres Villas y Cazadores de Celaya.

"Acabado este tan religioso como solemne acto, acompañaron los señores oficiales a su casa al señor jefe, y después de haber desfilado la tropa a su presencia se sirvió un decente refresco. El con tanto, placer y regocijo, así en la tropa como en los habitantes del pueblo, es inexplicable: a la religión, unión e independencia, al general y al ejercito fueron los principales vivas.

La música del Regimiento de Celaya, como que el señor Iturbide es su jefe, le dedico una marcha con letra análoga a las circunstancias y otra a la unión; la de Tres Villas toco varias piezas de gusto y las bandas de tambores el toque de diana.

"A las cuatro y media de la tarde formaron por su orden de antigüedad los cuerpos que del Ejercito se hallaban presentes en la plaza mayor del pueblo. Se coloco en medio de ella una mesa con un Santo Cristo; al lado derecho se puso la bandera del Regimiento de Celaya escoltada por la compañía de Cazadores del mismo cuerpo. Se presento el señor jefe a caballo con su estado mayor. El teniente coronel graduado don Francisco Hidalgo, mayor de órdenes del Ejército, y el padre capellán, tomaron el juramento a la tropa bajo la siguiente fórmula:

"¿Juráis a Dios y prometéis observar la santa religión católica, apostólica y romana? Sì, juramos.

"¿Juráis hacer la independencia de este Imperio, guardando para ello la paz y unión de europeos y americanos? Sí juramos.

"¿Juráis la obediencia al señor don Fernando VII, si adopta y jura la Constitución que haya de hacerse por las Cortes de esta América Septentrional? Sí juramos.

"Si así lo hacéis, el Señor Dios de los ejércitos y de la paz os ayude; y si no, os lo demande.

"No quedo duda ninguna de la absoluta decisión de la tropa. La energía al contestar y su alborozo en los vivas hubieran electrizado aun a las almas mas frías. Desfilaron los cuerpos pasando debajo de la bandera ante la cual habían hecho el juramento, y volvieron a tomar sus mismos puestos.

El señor jefe se puso al frente del Ejercito y con voz clara, llena de fuego y entusiasmo, dijo: Ciudadanos militares: la religión, unión, la patria, el sosiego y la felicidad de todos los habitantes de este reino, es mi primera atención y desvelos en el plan que he comprendido y habéis jurado.

Lejos de mi fiel tropel ni cosas que alucinen. Los señores oficiales ayer me han nombrado y rogado admita el empleo y tratamiento de teniente general. No solo no lo acepto, pero ni aun estos tres galones (y arrancándolos con la vuelta de la manga los arrojó), pues para entrar a México no necesito esta insignia.

Yo solo me contento empuñando la espada con que me admitáis por vuestro compañero por atener la gloria, si acaso es necesario, de derramar la ultima gota de sangre a vuestro lado. Los vivas y aclamaciones sobre nombrarlo general fueron indefinibles. Las tropas desfilaron a su presencia aclamándolo por tal.

"Habitantes del Septentrión: queden grabados tan gloriosos días en vuestra memoria. Los padres de la patria, como mas sabios, para perpetuarla hasta la consumación de los siglos, harán esculpir en mármoles y bronces la memoria del Ejercito de las Tres Garantías y especialmente la del héroe que la posteridad venerara, el bizarro y decidido general don Agustín de Iturbide."

Esta es la copia literal del papel que he dicho llegó a mis manos por casualidad, y este es seguramente bastante material para que los sabios puedan trabajar con fruto sus exhortaciones y escritos.

Ojalá me hallara yo adornado de las luces necesarias para ser el primero que empezara tan importante obra, pero por desgracia carezco aun de aquellas precisas para darme a entender. Mi intención es sana y buena.

No deseo otra cosa que el bien general y la quietud de un reino cansado ya de ser esclavo, porque aunque se reclama en los papeles públicos el orden constitucional y hacen los funcionarios alarde de la rigurosa observancia del código jurado, nosotros experimentamos en todo su rigor los efectos del despotismo.

Acordaos, habitantes de la América Septentrional, siquiera por un momento, que sois libres, para que penetrados de esta verdad expliquéis con claridad vuestro íntimo consentimiento. Haced pública vuestra opinión y entonces veréis como la parte contraria es un numero pequeño y despreciable, incapaz de infundir la mas mínima idea de temor.

¿Al fin debe ser independiente el reino? Pues. ¿Que conseguís con ver sacrificar a vuestros hermanos en partidas parciales? Si todos piensan de un mismo modo y todos al cabo se han de ver precisados a declararse, ¿por que de una vez no lo hacen en masa y se conseguirá que no se repitan los horrores de 1810?

¿Esperáis por ventura que el Excmo. Sr. conde del Venadito, sin publica manifestación declare la independencia? No es posible. Experiencia tenéis de su honradez. Bien conocerá que [la independencia] es la justicia, pero morirá primero que faltar a los deberes de su estrecha obligación, y solo en el único caso de una decisión general se conseguirá sin derramamiento de sangre.

Pero acabare con tener la satisfacción de dirigir una vez la palabra al digno jefe que nos gobierna, diciéndole: que es un principio de eterna verdad que el superior que no cuenta con la opinión pública es imposible pueda hacer feliz y acertado su gobierno.

En esta inteligencia, V.E. más que otro ninguno debe coger el fruto de este papel. Si depone toda preocupación y examina atentamente el común sentir, el será sin duda el termómetro por donde con facilidad vea el deseo general y hasta que grado llega la adhesión al sistema que debe forzosamente hacernos felices.

Daré la razón. Unos suponen temerariamente que V.E. esta de acuerdo con el señor de Iturbide para plantear la independencia bajo el sistema antiguo y con las mismas leyes de la arbitrariedad. Otros creen (y lo confirma un oficio de Acapulco) que el señor Iturbide se ha valido para alucinar a la tropa y pueblos, de que procede con órdenes de V. E.; mas luego que vean las formalidades practicadas en Iguala, se convencerán de que ni V.E. ha estado de acuerdo, ni el señor Iturbide se ha valido de las viles armas del engaño, sino que los que han estado y están hoy a su lado han entrado con pleno conocimiento de sus miras y planes. Con este desengaño se cimentara la opinión pública y V.E. se aprovechara de ella para arreglar sus disposiciones.

Pero si por el hecho de imprimir este papel me graduare V.E. de sedicioso y criminal, confesare primero ante el mundo entero que no me ha movido otro interés que el estar firmemente convencido que la independencia de la Nueva España tarde o temprano, con guerra o sin ella, ha de conseguirse indefectiblemente.

Y aunque un miembro demasiado inútil, quise a mi vez manifestar al publico lo que conocí podía contribuir a la mayor brevedad de la empresa y a evitar toda efusión de sangre. Si este es delito y por el mereciere el ultimo suplicio, estoy resuelto a morir en obsequio de la patria, cuyo sacrificio es para mi tan dulce y glorioso, que si la muerte viene con esta investidura seguramente no logra amedrentarme.

M.M.

Fuente: Wikipedia. De la crisis del modelo borbónico al establecimiento de la República Federal. Gloria Villegas Moreno y Miguel Angel Porrúa Venero (Coordinadores) Margarita Moreno Bonett. Enciclopedia Parlamentaria de México, del Instituto de Investigaciones Legislativas de la Cámara de Diputados, LVI Legislatura. México. Primera edición, 1997. Serie III. Documentos. Volumen I. Leyes y documentos constitutivos de la Nación mexicana. Tomo I. p. 203. Creative Commons.

 
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