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CARLOTA DE MÉXICO

 

MARIE CHARLOTTE AMÉLIE AUGUSTINE VICTOIRE CLÉMENTINE LÉOPOLDINE DE SAXE-COBURG ET ORLÉANS BOURBON-DEUX-SICILES ET DE HABSBOURG-LORRAINE =MARÍA CARLOTA AMELIA AGUSTINA VICTORIA CLEMENTINA LEOPOLDINA DE SAJONIA-COBURGO Y ORLÉANS BORBÓN-DOS SICILAS Y HABSBURGO-LORENA (1840-1927)

La princesa María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, hija de los reyes de Bélgica, Leopoldo I y María Luisa de Orleáns, nació en el palacio de Laeken, cercano a Bruselas el 7 de junio de 1840.

Llamada así en honor a la primera esposa de su padre, la Princesa Carlota de Gales, que había muerto durante el parto, Carlota tenía tres hermanos: Luis Felipe, que murió en la primera infancia, Leopoldo II, que después de la muerte de su padre se convirtió en Leopoldo II de Bélgica y el Príncipe Felipe Conde de Flandes. Era también prima hermana tanto de la Reina Victoria I del Reino Unido como de su marido, Príncipe Alberto, así como de Fernando II de Portugaly el zar Fernando I de Bulgaria.

Cuando Carlota tenía diez años, su madre, Luisa María de Francia, murió de tuberculosis y Carlota fue confiada a la Condesa de Hulste, una amiga cercana de la familia. Aunque el rey era luterano, Carlota fue educada como sus hermanos en la religión católica. Su formación moral se confía a la condesa de Hulst, pero sigue bajo la tutela directa de su padre llamado “el juez de paz de Europa” de gran prestigio internacional y consejero del príncipe consorte Alberto y de Victoria, reina de Inglaterra. Desde niña, Carlota muestra un carácter reflexivo y reservado que pronto se tradujo en severidad para juzgarse a sí misma y a los demás.

A los dieciséis años es pretendida por el príncipe Jorge de Sajonia y por el rey don Pedro V de Portugal. En mayo de 1856 el archiduque Maximiliano, hermano del emperador de Austria y Hungría, Francisco José, hace una visita a la corte de Bélgica. Los planes para efectuar un matrimonio de Estado iniciados entonces por el mismo Leopoldo I, culminan en una unión a la cual Carlota se inclina por verdadero amor.

El 27 de julio de 1857, Carlota contrajo matrimonio con el archiduque de Austria, Fernando Maximiliano de Habsburgo, el idealista hermano menor de Francisco José I, Emperador de Austria, convirtiéndose posteriormente en Archiduquesa de Austria. En la Corte de Viena ella fue muy apreciada por su suegra, que veía en ella el ejemplo perfecto de una esposa de un Archiduque austriaco. Carlota tuvo aversión a la Emperatriz Elizabeth (conocida como Sissi), la esposa de Francisco José I). Aparentemente ésta sentía rechazo por la profunda conexión que existía entre Carlota y Maximiliano.

Desde su viaje de bodas empieza a compenetrarse del destino que merecen sus derechos de familia y su propio casamiento. Maximiliano, nombrado gobernador general de las provincias lombardo-venecianas, la lleva a Milán, en donde la pareja es recibida con extraordinaria solemnidad. Carlota acepta los deberes que le impone su representación y cumple sus obligaciones con característica exactitud.

En un anticipo al interés que ha de sentir por las costumbres e indumentarias regionales de México, ya en Italia en determinadas ocasiones se viste y peina como una campesina lombarda. Pero las intrigas en la corte de Viena, las suspicacias provocadas por ciertas actitudes de su esposo y, por fin, la contienda entre Austria y las fuerzas piamontesas y las de Francia, obligan a Maximiliano a dejar el gobierno de Milán, para mandar, solo en apariencia, la flota del mar Adriático.

Terminada la guerra el archiduque se retira al Palacio de Miramar que ha construido en Trieste. Es ahí donde los monárquicos mexicanos le ofrecen un imperio. También es ahí donde empiezan a traslucirse las primeras desavenencias matrimoniales, que tomarán un cariz más acusado en México. Quizá estos desengaños y, sin duda alguna, las ambiciones y los vehementes deseos de Carlota de escapar de un disfrazado destierro y de una vida sin gloria, la impulsan a influir en el ánimo de Maximiliano para decidirle la plena aceptación de la corona de México.

El archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo aceptó la propuesta y la pareja navegó para el Nuevo Mundo. Fueron coronados en la ahora Catedral Metropolitana el 10 de abril de 1864 y escogieron como Residencia Imperial el Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México. La princesa de Bélgica Charlotte, archiduquesa de Austria, tomó el nombre español de Carlota Amalia de México al convertirse en emperatriz. Carlota, como nueva emperatriz, comenzó junto a su esposo Maximiliano a configurar una corte, con un rígido protocolo influenciado de su vida juntos en Austria. Carlota presidía junto a Maximiliano los grandes bailes y recepciones que se celebraban en el Palacio Nacional de México y su nueva residencia imperial, Chapultepec. La nueva emperatriz intentó, desde un principio, mantener una activa actitud hacia los asuntos políticos. Con un carácter decidido, Carlota intervino en la política imperial (más crítica cada día que pasaba), mientras Maximiliano se evadía en sus proyectos para reformar México. Llevando a cabo actuaciones para intentar frenar la inestable situación que se vivía fuera de la ciudad de México, sobre todo con respecto a los grupos guerrilleros y el ejército liberal fiel a Benito Juárez, Carlota intentó ayudar en todo lo posible al emperador Maximiliano.

En el ámbito privado, la pareja imperial fue distanciándose con el paso de los meses. Carlota y Maximiliano disponían de aposentos y camas separadas y cada vez fue menos frecuente la visita del emperador a las habitaciones de su cónyuge. Por otro lado, pronto surgieron rumores de infidelidades de Maximiliano, fascinado por las jóvenes mexicanas. Además, la pareja no había tenido un hijo que pudiese herederar el imperio. Fue por ello, por lo que Maximiliano se decidió a apadrinar y educar en palacio a uno de los nietos del que fuese el emperador Agustín I de México a Agustin de Iturbide. Este hecho afectó mucho a Carlota, que vio cómo cada vez su esposo se distanciaba más de ella, llegando incluso a serle imposible visitar las habitaciones de su esposo. Fue por ello, por lo que Maximiliano fue privándola de participación de la política, aislándola cada vez más a un ámbito privado.

Sus funciones de emperatriz las desempeñó con dignidad, y aun mostrando gusto para ejercer el poder en las ausencias del emperador.

Si el boato y cumplimiento del protocolo en las funciones de palacio atrajeron su atención, también es patente su interés por las obras de asistencia a favor de las clases necesitadas, y funda la Casa de Maternidad e Infancia. La suerte de los indios, su estado jurídico, sus manifestaciones artísticas, son motivo para suscitar en ella marcadas preferencias.

Abundan ejemplos de su fuerte personalidad puesta invariablemente al servicio del emperador. Su viaje a Yucatán es, en aquellos tiempos, un rasgo de decisión cuyos resultados fueron favorables al Imperio. 

El distanciamiento de Maximiliano con Bazaine, la negativa de Napoleón III a que continuaran en México sus ejércitos y la situación de la Hacienda Pública, estimulan la obstinada abnegación de la emperatriz  decidió cruzar el Océano Atlántico en búsqueda de ayuda en Europa en una tentativa desesperada de salvar el trono de su marido, entrevistándose con la nobleza europea en París y Viena, a quienes recordaba en vano el compromiso contraído cuatro años antes; pero el poco éxito de su petición pudo ser una de las razones por las que comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio mental, ayudado por los continuos desplantes del emperador francés Napoleón III.

Se embarca en Veracruz el viernes 13 de julio de 1866 en el paquebote Imperatrice Eugénie, de la Trasatlántica Francesa. Le acompañan los mexicanos Martín del Castillo, ministro de Relaciones Exteriores, del Valle y Neri del Barrio y su esposa. Ocurren las primeras desventuras al desembarcar Carlota en Saint Nazaire, en donde es recibida únicamente por el alcalde, acompañado de su consejo municipal, que hace ondear una bandera peruana, pues no se ha encontrado ninguna bandera mexicana.

En París los funcionarios imperiales nombrados para atenderla a su llegada se equivocan de estación, y la emperatriz de México tuvo que aceptar el alojamiento del Gran-Hotel, en vez de las Tullerías, como ella esperaba. Las angustiosas e infructuosas entrevistas con Napoleón III y los ministros, que quería ganar para la causa de Maximiliano y, al fin, la cortante negativa del emperador, empezaron a afectar su sistema nervioso.

Se dirige a Trieste para descansar unos días en Miramar. Emprende desde allí el viaje a Roma para ver al Sumo Pontífice y obtener la aprobación del concordato, y afirmar así el apoyo de los conservadores de México cuando se ha perdido el de Francia. El 27 de septiembre de 1866 Carlota tiene su primera entrevista con el Papa Pio IX, del cual sólo alcanza promesas vagas que la dejan sin esperanzas de arreglos con la Santa Sede. El 30 de septiembre, a las ocho de la mañana, Carlota, sin avisar a su séquito, acompañada sólo de la señora Del Barrio, vuelve al Vaticano para ser introducida en el acto ante la presencia del Pontífice. Éste estaba desayunando y tenía delante una taza de chocolate, en la que de repente, a la mitad de la conversación, Carlota mojó los dedos y llevándoselos a la boca manifestó que se moría de hambre, pues todo cuanto le servían contenía veneno, y que todos los que la rodeaban, a sueldo de Napoleón, querían asesinarla.

Fue así como Carlota Amalia fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana.

Su locura va en aumento y el 17 de octubre su hermano, el conde de Flandes, acude a Roma para llevarse a su hermana a Miramar. Desde entonces Carlota pasa por intervalos de lucidez y demencia. Ante los propósitos de la familia real belga se conciertan arreglos con la imperial de Austria. Carlota regresa a su patria y es alojada en el castillo de Tervueren, al que llega el 6 de agosto de 1867, casi dos meses después de haber sido fusilado Maximiliano en el Cerro de las Campanas (19 de junio de 1867). Reside una temporada en el Palacio de Laeken para instalarse después en el castillo de Bouchout en donde viviría hasta su muerte el día 19 de enero de 1927.

Fuente: Wikipedia. Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México. Cortesía de Editorial Porrúa Hermanos, S.A. de C.V. Creative Commons.

 
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