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CAPSULA CULTURAL: EL LEVANTAMIENTO DE DOLORES

 

 

 

El grito de Dolores fue el arranque del fin de la colonia. La lucha que sostuvieron las fuerzas realistas fue cruel, y dentro de las filas españolas destacaron Félix Maria Calleja e Agustín de Iturbide.

Los insurgentes iniciaron la guerra de independencia respaldados por la situación social de la Nueva España, llena de injusticias y desigualdades por una parte y privilegios por la otra. Las fuerzas insurgentes estallaron con vigor popular, pero fueron víctimas de la improvisación y la falta de preparación militar, por lo que al enfrentar a fuerzas entrenadas y dirigidas por militares de carrera, tuvieron necesariamente que ser destruidas.

En las Provincias Internas de Oriente, por su poca población y escasas vías de comunicación, la dominación española estaba respaldada por las tropas y el los estamentos eclesiástico y de los hacendados. La clase media, compuesta principalmente por comerciantes y los escasos miembros de las profesionales liberales, difícilmente podía organizar la insurgencia, por lo que iniciar cualquier movimiento revolucionario sólo era posible con la ayuda de las tropas destacadas en pueblos y villas, a pesar de que el pueblo humilde detestaba la sujeción en que se encontraba.

«La inquietud en Saltillo y en todas las provincias internas era grande», dice Vito Alessio Robles y agrega «que se tenían noticias de una marcha triunfal de Hidalgo, semejante a la de un alud gigantesco, que crecía más y más a medida que avanzaba hacia el corazón del virreinato sin que nada pudiera contenerlo en su carrera devastadora»[2].

El brigadier Félix María Calleja, inspector de las tropas milicianas de Nuevo Santander, informó el 22 de septiembre de 1810 al gobernador Manuel de Iturbe e Iraeta de la insurrección del padre Hidalgo, y le ordenó formar un cuerpo de doscientos cincuenta hombres equipados con bastimentos para veinte días y habilitados con dos caballos por individuo.

Calleja ordenó que las tropas reunidas de Coahuila, Nuevo León y algunas de Nuevo Santander se marcharan a San Luis a las órdenes del capitán Pedro de Herrera y Leyva. Por su parte el gobernador Iturbe se dirigió al gobernador de Nuevo Reino de León, Manuel de Santa María, proponiendo que el comandante Nemesio Salcedo congregase todas las fuerzas de las Provincias Internas de Oriente y dirigiera las operaciones, sugiriendo que las provincias del citado Nuevo Reino y de Nuevo Santander coordinaran sus actividades de defensa para el caso de ser invadidas por las fuerzas insurgentes.

Los soldados y hacendados concentrados en San Luis con los tres cuerpos integrantes de la Décima Brigada, acamparon en la hacienda de la Pila desde donde Calleja marchó el 24 de octubre de 1810 hacia el interior con un ejército de tres mil seiscientos hombres que destruyó virtualmente las fuerzas insurgentes.

El 15 de octubre, el gobernador de la provincia reunió en San Carlos un nuevo grupo de milicias y ordenó integrar otro cuerpo de trescientos hombres que «deberán estar prontos y dispuestos para marchar a primera orden a donde la necesidad lo exija»[2].

Notas: 1 Vito Alessio Robles, Coahuila y Texas en la Época colonial, Editorial Cultura, México 1938 p. 631.: 2 Copia en el Archivo Municipal de Jiménez (año de 1810).

Fuente: Wikipedia. Pharus Academia, Diciembre 2010, número 7. Instituto de Estudios Superiores de Tamaulipas (IEST). Universidad Anáhuac. Creative Commons.

 
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