historia.jpg

LA REVOLUCIÓN INTERVENIDA

 

El gobierno de Estados Unidos mantuvo una constante intervención en los asuntos internos de México durante el desarrollo de la Revolución de 1910. Con el argumento de salvaguardar las inversiones norteamericanas en México, la administración estadounidense, a través del embajador Henry Lane Wilson, respaldó y justificó las acciones de los militares rebeldes que terminaron con la vida del presidente Francisco I. Madero. El nuevo gobierno de Washington, a cargo de Woodrow Wilson, retiró el apoyo a los golpistas; sin embargo, reafirmó la actuación intervencionista en México.

En el transcurso de la Revolución Mexicana, los intereses norteamericanos influyeron poderosamente en momentos decisivos. Aun antes de que se dieran los primeros enfrentamientos entre tropas revolucionarias y federales, el gobierno de Estados Unidos había enviado efectivos militares a su frontera con México y buques de guerra a puertos mexicanos para evitar que el conflicto afectara las inversiones estadunidenses en México y debilitara los principios de la Doctrina Monroe ante una probable intervención europea.

Pese a sus temores, Estados Unidos dejó que los acontecimientos siguieran su curso a pesar de que veía la inminente caída del régimen de Porfirio Díaz. El ascenso de Francisco León de la Barra como presidente interino tranquilizó a los norteamericanos, pero mantuvieron hacia Francisco I. Madero un cauteloso optimismo. Sin embargo, al asumir este último la presidencia, el embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson, pronto expresó su desconfianza en el régimen democrático que el presidente electo pretendía instaurar en México.

Tan pronto como se estrenó el gobierno democrático de Francisco I. Madero, iniciaron  sendas rebeliones en el norte y sur del país. El embajador Wilson empezó a jugar un papel determinante en el desarrollo de los acontecimientos: por un lado, acusó de incapaz al gobierno mexicano para someter a los rebeldes y, por otro, disuadió a su gobierno para coordinar el retiro de miles de norteamericanos residentes en México y emitir una advertencia tanto al gobierno como a los rebeldes. A partir de ese momento el papel intervencionista de Estados Unidos en México fue cada vez más abierto y frontal.

En septiembre de 1912 el Departamento de Estado norteamericano envió una nota diplomática a México en la que acusaba al gobierno de Madero de no perseguir los delitos cometidos contra ciudadanos de Estados Unidos en México y discriminar a empresas norteamericanas mediante la implementación de impuestos injustos. Como resultado de lo anterior, el presidente William Taft lanzó un velado ultimátum a Madero diciendo que se reservaba el derecho de tomar las medidas que considerara convenientes para resolver los problemas, y ordenaba otra vez el envío de una flota de guerra a puertos mexicanos.

Durante los dos primeros meses de 1913, el acoso diplomático de Estados Unidos contra el gobierno mexicano alcanzó su punto más alto. El embajador Wilson organizó a todo el cuerpo diplomático para exigir la renuncia del presidente Madero y, para coronar su intervención, ofreció la sede de la embajada para que los generales Félix Díaz y Victoriano Huerta planearan las acciones militares del golpe de Estado. En el fondo, tanto Henry Lane Wilson como el presidente Taft creían que la mejor forma de preservar los intereses norteamericanos en México era promover un gobierno dictatorial en este país y veían en la figura del general Victoriano Huerta al hombre necesario para lograrlo.

Aunque las principales potencias europeas se apresuraron a reconocer al gobierno del general Huerta, el gobierno de William Taft esperó a que su sucesor ―el demócrata Woodrow Wilson― sancionara el reconocimiento. Pero no fue así, al asumir la presidencia de Estados Unidos, Wilson cambió la estrategia diplomática hacia México: condenó el golpe de Estado y expresó que el interés de su país era apoyar toda iniciativa para que se establecieran gobiernos democráticos tanto en México como en América Latina.

En consecuencia, el gobierno de Wilson promovió diversas acciones para urgir la renuncia de Huerta: por un lado, le cerró a este último las fronteras para la obtención de crédito y armamento, y por otro urdió una incursión armada a territorio mexicano, la cual finalmente se limitó a la toma del Puerto de Veracruz el 22 de abril de 1914, bajo el argumento de que el honor nacional había sido agraviado por el arresto a manos de tropas mexicanas de marines estadounidenses que habían anclado en Tampico. Aunque la renuncia de Huerta a la presidencia no se dio de forma inmediata, el hecho sí precipitó su caída (15 de julio de 1914). Con ello, las fuerzas revolucionarias ―en guerra contra el gobierno de Victoriano Huerta― se hicieron del poder sin haber suscrito ningún compromiso con Estados Unidos.

Fuente: Wikipedia. palacionacional.gob.mx. Creative Commons.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia