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LAS ELECCIONES DE OCTUBRE DE 1911

PROCESO ELECTORAL QUE SE LLEVÓ A CABO PARA ELEGIR AL PRESIDENTE Y VICEPRESIDENTE DE MÉXICO QUE ABARCA EL PERIODO 1910 – 1916.

Aquellas jornadas comiciales de octubre de 1911 son consideradas las primeras –y quizá las únicas– elecciones libres celebradas en México durante el siglo XX. Se ratificaba así en las urnas lo que los revolucionarios habían ganado en el campo de batalla.

De acuerdo con lo estipulado en los Tratados de Ciudad Juárez en mayo de 1911, el presidente interino Francisco León de la Barra adquiría el compromiso de convocar a elecciones extraordinarias lo más pronto posible. Así lo hizo y los comicios quedaron programados para realizarse en su primera vuelta el 1 de octubre siguiente y en su segunda el 15 del mismo mes.

Apenas a su llegada a la Ciudad de México a principios de junio de ese año, Francisco I. Madero entró en una frenética actividad para encauzar, en la medida de sus capacidades y posibilidades legales, al gobierno interino en una dirección “revolucionaria”. Otra parte importante de su tiempo fue orientada a organizar a sus seguidores de cara a las próximas elecciones.

Una de las primeras tareas en ese sentido fue la reforma del antiguo Partido Antirreeleccionista, que había apoyado su candidatura en las elecciones del año anterior, ganadas por Porfirio Díaz y cuya reacción dio lugar a la rebelión maderista. El 9 de julio Madero anunció, a través de un manifiesto, la transformación del Partido Antirreeleccionista en Partido Constitucional Progresista, argumentando que la realidad del país había cambiado drásticamente y que ahora el partido de la revolución no buscaba evitar la reelección, que era el objetivo de su antecesor, sino “lograr por los medios constitucionales, la realización de las promesas encerradas en el Plan de San Luis”. La iniciativa fue interpretada por los seguidores de Francisco Vázquez Gómez como una estrategia para cambiar las reglas del juego y dejarlo fuera de la fórmula que contendería en las próximas votaciones.

Recordemos que Francisco Vázquez Gómez, médico de cabecera de Porfirio Díaz, había sido compañero de fórmula de Madero el año anterior como candidato de los antrirreeleccionistas a la vicepresidencia. No obstante el nivel de compromiso que había adquirido para con sus correligionarios, el doctor Vázquez Gómez se negó a secundar los planes de rebelión cuando, tras consumarse lo que los maderistas consideraron un fraude electoral, decidieron pasar a la acción armada. Los titubeos del médico y de su hermano Emilio, un destacado abogado y político durante el Porfiriato, ante el curso de la revolución, así como su acercamiento de último momento a la, lucha hicieron que fueran considerados tibios o de dudosa convicción revolucionaria.

A la caída de Díaz, los hermanos Vázquez Gómez quedaron integrados al gabinete del presidente provisional como representantes del elemento revolucionario, Emilio en calidad de secretario de Gobernación y Francisco como secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Su instalación en el gobierno causó serias molestias entre varios veteranos maderistas, amén de que el propio Madero comenzó a ver con malos ojos la postura “radical” del ministro de Gobernación, lo que, a su juicio, entorpecía o por lo menos dificultaba el pleno ejercicio del presidente León de la Barra.

Con estos antecedentes no es difícil entender la oposición de los vazquiztas a la transformación del viejo Partido Antirreeleccionista. No obstante, el cambio ocurrió y el Partido Constitucional Progresista inició sesiones el 27 de agosto en el teatro Hidalgo de la Ciudad de México con el fin de elegir a sus candidatos.

La primera parte del proceso fue relativamente sencilla, pues Madero fue designado por aclamación candidato a la presidencia en la primera parte de la sesión del 30 de agosto. La selección del abanderado para la vicepresidencia, en cambio, terminó por quebrar la debilitada relación entre maderistas y vazquiztas, que había llegado ya a un punto climático con la salida de Emilio del gabinete el 2 de agosto anterior. Las sesiones del 30 de agosto en la tarde y de los dos días siguientes fueron verdaderamente acaloradas; en ellas se discutió la postulación del candidato a la vicepresidencia. Previsiblemente las discusiones llegaron a su punto más álgido cuando hubo que debatir acerca de la candidatura de Francisco Vázquez Gómez. Fueron durísimos los enfrentamientos verbales entre quienes defendían la postulación y quienes la atacaban.

De todas las intervenciones, la de Alejandro MacKinley, teniente coronel del ejército revolucionario, quizá haya sido la que mejor reflejaba el fondo de la discusión: “Estimo en mucho al doctor Vázquez Gómez –dijo–, pero no vamos a darle una suegra al señor Madero”. Y Vázquez Gómez tenía los visos de querer desempeñar ese incómodo papel, pues había dado muestras de una independencia que podía rayar en la insubordinación, lo que hacía prever una relación tensa desde la vicepresidencia en caso de ser elegido.

Por su parte, el propio Madero había hecho todo lo posible por apuntalar la selección de José María Pino Suárez, quien, si  bien no era tan conocido como el doctor Vázquez Gómez, había demostrado una total disciplina ante el jefe de la revolución, amén de tener una reconocida trayectoria antiporfirista en su natal Yucatán. Esta tutela se vio reflejada en las discusiones dentro del partido, pues personajes cercanos a Madero, como su hermano Gustavo, maniobraron para inclinar paulatinamente la opinión a favor del abogado yucateco.

La profunda división en la asamblea llevó a proponer una candidatura de compromiso en la persona de otro veterano antirreeleccionista, Federico González Garza, la que obtuvo un pobre respaldo. En medio de acusaciones mutuas, el 2 de septiembre se realizaron las votaciones finales que otorgaron el triunfo a Pino Suárez, con 876 votos a su favor. Esa misma tarde le fue enviado un telegrama a Mérida, informándole acerca del resultado; esta nueva se sumaba a la que había recibido en días pasados sobre que era gobernador electo de su estado, en virtud de las elecciones extraordinarias celebradas recientemente en la península.

La escisión se formalizó con el desconocimiento de los resultados por parte de los seguidores de Vázquez Gómez, quienes acusaron a Madero de haber maquinado la imposición de su candidato y buscaron construir una plataforma electoral independiente que apoyara las aspiraciones de su líder.

El escenario político, de suyo complejo dentro del grupo revolucionario, se vio conjugado con el arribo del otrora hombre fuerte de Díaz, Bernardo Reyes, quien después de haber negado su interés por participar en los comicios terminó por “sucumbir a los ruegos de sus simpatizantes” y aceptar la candidatura para contender por la presidencia. En otro frente, el recién fundado Partido Católico determinó apoyar la candidatura de Madero para presidente, pero por otro lado, propuso la de León de la Barra para la vicepresidencia.

En ese complicado tablero principiaron las campañas. Madero decidió iniciar una gira que revivía la experiencia de 1909, cuando se dedicó a recorrer el país como representante de los antirreeleccionistas en aras de fundar clubes locales y propagar su ideario opositor. Al igual que un par de años atrás, el 4 de septiembre emprendió un viaje a Veracruz para pasar de ahí a la península de Yucatán. Las diferencias eran abismales: en su primera gira, Madero era un completo desconocido, apenas el representante de un club capitalino en labor de prédica con auditorios pequeños; ahora era, ni más ni menos, el jefe de la revolución triunfante, el candidato a la presidencia y el “hombre más popular del momento”. Las recepciones de que fue objeto a su paso por Puebla, Veracruz y Mérida fueron apoteósicas. Asimismo, el Pino Suárez que lo recibió en 1909 era uno de los jefes opositores en Yucatán, el de 1911 era el próximo gobernador de la entidad; más aún, no llegaría a encargarse del ejecutivo local, pues Madero le ofrecería personalmente, pero en nombre de su partido, la candidatura a la vicepresidencia.

Mientras Madero se encontraba en su gira proselitista. En la Ciudad de México y en otras como Guadalajara y Monterrey ocurrieron enfrentamientos violentos entre manifestantes maderistas y reyistas. Ante lo que Reyes describió como una campaña carente de garantías democráticas, sus seguidores maniobraron para que la Cámara retrasara los comicios, lo que fue impedido por los simpatizantes maderistas. Finalmente, tras un enfrentamiento entre seguidores de ambos bandos, Reyes optó por retirarse de la contienda.

La exitosa gira de Madero concluyó a fines de septiembre. Acompañado de Pino Suárez, llegó a la capital el 26 de septiembre, donde fueron recibidos por una imponente manifestación de apoyo. Todavía en los días previos a las elecciones primarias, Madero hizo vanos intentos por lograr el respaldo de Vázquez Gómez a la candidatura de Pino Suárez.

Finalmente se celebró la primera jornada electoral el domingo 1 de octubre. De acuerdo con el marco legal vigente, que establecía elecciones indirectas, ese día los ciudadanos habilitados para votar, –los varones que tenían 18 años de edad si eran casados o 21 si eran solteros, tenían un modo honesto de vivir, sabían leer y escribir y poseían bienes– seleccionarían a un elector por cada 500 ciudadanos. Los 27, 000 electores resultantes votarían dos semanas más tarde por los candidatos a los puestos en disputa. La participación fue verdaderamente nutrida: se calcula que votó 95% de los ciudadanos. Madero cumplió con su deber en la casilla número 20, ubicada en la calle de Dinamarca; sus votos fueron a favor de la designación de Antonio Prieto y Luis Meza Gutiérrez como electores.

El domingo 15 se celebraron las votaciones secundarias. De acuerdo con los resultados oficiales, 99.26% de los electores votó por Francisco I. Madero para presidente. No obstante las dudas acerca de la candidatura de Pino Suárez, éste obtuvo 52.79% de los votos. Más allá de lo anecdótico, es interesante recoger la referencia a un elector que en Tacubaya votó por Emiliano Zapata para presidente argumentando que “Pa´ los toros del Jaral, los caballos de allá mesmo". Sin duda, con su candor, este personaje anunciaba las complejidades de los tiempos por venir. El triunfo de Madero y Pino Suárez fue ratificado con la declaratoria respectiva emitida por la Cámara de diputados el 2 de noviembre siguiente.

Si había sido relativamente sencillo sacar a Porfirio Díaz de la presidencia y parecía que también lo había sido llegar al poder, le quedaba a Madero la incógnita de que si lo sería mantenerse en él. Si la elección arrojaba un respaldo arrollador al nuevo presidente, también habría que reconocer que había tenido un alto costo al interior del grupo revolucionario.

Estas elecciones fueron la prueba de fuego de la democracia revolucionaria mexicana que se había inaugurado en 1910. Su importancia fue indiscutible para la política que se abrió luego del derrumbe del Porfiriato.

Fuente: Wikipedia. Pablo Serrano Álvarez, INEHRM- Bicentenario. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. Creative Commons.

 
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