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LOS INGENIEROS EN LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO

Casimiro Chovell, José Mariano Jiménez, Rafael Dávalos, Ramón Fabié e Isidro Vicente Valencia representan a esos ingenieros que ofrecieron su vida por lograr una nueva nación, libre y soberana en la que el progreso de la ciencia se hiciera en favor de México.

Todos ellos eran egresados del Real Seminario de Minas, lugar en el que recibieron una educación científica, basada en los principios de la Ilustración, y en donde pudieron convivir con personajes como Alexander von Humboldt, un hombre de ciencia, pero también un libre pensador.

Por ello, no resulta extraño que al conocerse el 16 de septiembre el llamado del cura Miguel Hidalgo y Costilla para la emancipación de la Corona española, estos jóvenes decidieran unírsele ofreciendo su conocimiento y su lucha a favor de la razón independentista.

LAS CAUSAS

Una de las causas fundamentales que originaron el deseo de independencia de los criollos novohispanos fueron las reformas borbónicas introducidas por los reyes españoles Felipe V, Fernando VI y sobre todo Carlos III, cuyo principal fin era establecer un nuevo absolutismo monárquico, que se produjo entre 1760 y 1808, redefiniendo la relación entre España y sus colonias.

Dichas reformas implantaron cambios en materia fiscal, en la producción de bienes, en el ámbito del comercio y en cuestiones militares, que procuraban aumentar la recaudación impositiva en beneficio de la Corona, reducir el poder de las élites locales y aumentar el control directo de la burocracia imperial sobre la vida económica.

También redujeron la participación de los criollos en los cargos coloniales, pese a contar con más conocimientos y preparación que los peninsulares, como lo señaló el Barón Alexander von Humboldt en su obra Ensayo Político del Reino de la Nueva España.

Además, las reformas tenían sumida a la Nueva España en una crisis por la escasez de moneda circulante, una paradoja, ya que la Colonia era la que más moneda de plata producía. Sin embargo, todo se iba a la península llegando a representar las tres cuartas partes de los ingresos que España recibía de sus posesiones en América.

Sumado a ello, las reformas borbónicas afectaron el poder de la iglesia con impuestos más fuertes y menor poder, al tiempo que expulsaron a los jesuitas criollos de la Nueva España, quienes predicaban por una renovación intelectual, amor a lo mexicano, igualdad de todas las razas y el orgullo por la herencia cultural indígena.

Tras la salida de la Compañía de Jesús algunos criollos eminentes, como Benito Díaz de Gamarra, José Antonio Alzate, José Antonio Bartolache, Antonio León y Gama, José Mariano Mociño y Joaquín Velázquez de León, impulsaron un nuevo modelo educativo basado en la ciencia, hiciera progresar al país y tener con ello una patria honorable, animados por los cambios que la Ilustración sembraba en Europa.

Joaquín Velázquez de León impulsó junto a Juan Lucas de Lassaga la creación del Real Seminario de Minas que en 1792 vio la luz bajo la conducción del sabio Fausto de Elhuyar y se convirtió en la "Primera Casa de las Ciencias" en México, por ser un a escuela eminentemente científica y no teológica como se acostumbraba en la época virreinal.

En el Real Seminario fluían también las ideas liberales; Humboldt lo comentó en su obra haciendo patente que la difusión de estas ideas se encontraba mas extendida en la Nueva España que en la península. Asimismo, criticó las condiciones de vida y la opresión que privaba en las minas novohispanas, señalando que la Corona española era responsable de que no avanzara el desarrollo científico.

Un divulgador de las ideas libertarias fue un exalumno del Real Seminario, José Antonio Rojas, que en 1798 había sido ayudante de Luis Fernando Lindner en la Cátedra de Química del Real Seminario. Durante su estancia como catedrático de matemáticas en el Colegio La Purísima en Guanajuato, expresó ideas liberales e incluso tuvo trato con el cura Miguel Hidalgo y Costilla.

Por estas ideas fue acusado de herejía y juzgado por la Santa Inquisición novohispana, tras lo cual se refugió en Nueva Orleans, Estados Unidos, y desde ahí publicó un libelo en el que denunciaba la corrupción de la sociedad y de las instituciones novohispanas.

En dicho texto, Rojas señalaba la felicidad que había conseguido el pueblo estadounidense con su independencia de Inglaterra e invitaba a los mexicanos a seguir su ejemplo. Esta publicación llegó a la Nueva España en 1807, y fue prohibida por las autoridades coloniales, quienes ayudadas por la Santa Inquisición ordenaron la excomunión para toda persona que tuviera un ejemplar.

LOS PRIMEROS ACTOS DE INSURRECCIÓN

Los criollos novohispanos fraguaron varios intentos de emancipación. En 1793, Juan Antonio Montenegro urdió una conspiración en Guadalajara; un año después, en la Ciudad de México, Juan Guerrero preparaba otra, y en 1799, Pedro Portilla encabezó la llamada "Conspiración de los Machetes".

En 1809, luego de abdicar Fernando VII en favor de Napoleón Bonaparte tras la invasión del imperio francés a España, los criollos novohispanos hicieron un nuevo intento conocido como la conjura de Valladolid (hoy Morelia), encabezada por José Mariano Michelena, que pretendía el establecimiento de un congreso soberano, a partir del 21 de diciembre de ese año.

La idea era preservar la Nueva España para la monarquía española. La conjura fue descubierta en diciembre de 1809 y sus miembros procesados por conspiración, luego puestos en libertad por intervención del virrey Lizana.

Influenciados por la conjura de Valladolid, un año después en 1810, en Santiago de Querétaro, nació un nuevo grupo conspirador encabezado por Ignacio Allende, capitán de los Dragones de la Reina, y por el cura Miguel Hidalgo y Costilla.

Su idea era alzarse en armas en diciembre de ese año con el fin de constituir una junta gubernativa que tomara el poder a nombre de Fernando VII, al ser descubiertos en septiembre, deciden alzarse en armas el día 16 convocando al pueblo con las campanas de la Iglesia de Dolores.

LOS INGENIEROS Y LA INDEPENDENCIA

La primera acción del grupo insurgente fue dirigirse a la ciudad de Guanajuato, famosa por la riqueza de sus minas, para obtener fondos para la campaña militar. En la mina La Valenciana, una de las más ricas del país, se encontraban trabajando tres jóvenes peritos de minas y un pasante: Casimiro Chovell, José Mariano Jiménez, Rafael Dávalos y Ramón Fabié.

Al conocer que el grupo insurgente se dirigía para allá, congregaron a los operarios y a la gente del pueblo para unirse a los líderes Allende e Hidalgo el 28 de septiembre y juntos sitiaron la Alhóndiga de Granaditas, lugar en que se habían refugiado los españoles encabezados por el intendente Riaño.

Luego de la toma de la alhóndiga, Hidalgo reconoció el valor de los jóvenes ingenieros nombrando Coronel a Casimiro Chovell y poniéndolo al frente del regimiento de La Valenciana. A José Mariano Jiménez lo nombró capitán de artillería, a Ramón Fabié teniente coronel de uno de los regimientos y a Rafael Dávalos director de fundición de cañones, actividad que inició de inmediato con las capelinas de las haciendas de los españoles.

Chovell y Dávalos permanecieron en Guanajuato dedicados a la fabricación de cañones y armas. Chovell por encargo de Hidalgo también organizó la primera Casa de Moneda del Ejército Independiente.

Por su parte, Jiménez y Fabié al frente de tres mil hombres se dirigieron el 8 de octubre a Valladolid. Jiménez destacó en la justa por su habilidad para dirigir a su gente, en particular durante la toma de Valladolid y en la batalla del Monte de las Cruces, por lo que fue ascendido a Teniente General.

El 7 de noviembre Jiménez regresó con Hidalgo a Guanajuato para defenderla del jefe militar realista Félix María Calleja, para ello contaban con 22 cañones que habían construido Chovell y Dávalos, entre los que se encontraba uno de gran tamaño bautizado con el nombre de "Defensor de América".

Los jóvenes Chovell, Dávalos y Fabié prepararon una celada al ejército realista con la colocación de mil quinientos barrenos que debían explotar con una sola mecha a su entrada a la ciudad. Sin embargo, Calleja fue alertado por un espía y dividió a su ejército en dos grupos tomando la ciudad sin demasiados problemas. Mariano Jiménez permitió la huída de los jefes insurgentes atacando con el "Defensor de América", luego pudo escapar y unirseles.

Sus compañeros no corrieron con la misma suerte. El 26 de noviembre fue apresado Rafael Dávalos al que se le fusiló tras encontrársele un papel que daba los pormenores de los cañones que había fundido. El día 28 fueron ejecutados en la horca de la plaza de Granaditas el administrador de La Valenciana Casimiro Chovell y el practicante de ingeniería Ramón Fabié.

Mariano Jiménez continuó con sus logros militares unos meses más, tomó Matehuala, Saltillo y el Nuevo Reino de León (hoy Nuevo León). A su paso por diversas entidades del país se le iban adhiriendo jóvenes egresados del Real Seminario de Minería, como Isidro Vicente Valencia, quien había terminado sus estudios en 1797 y era practicante en Sombrerete, Zacatecas.

Sin embargo, el 26 de junio de 1811, Mariano Jiménez fue apresado y fusilado junto con Allende en Acatita de Baján. Su cabeza, al igual que la de los otros líderes insurgentes, fue enviada a Guanajuato para ser exhibida en una jaula que se colocó en los muros de la Alhóndiga de Granaditas por diez años.

Después de la consumación de la Independencia los científicos mexicanos honraron la memoria de estos héroes bautizando a algunos de sus descubrimientos con sus nombres: al género de plantas fanerógamas de la familia asteráceas se le llamó Zexmenia en honor de Mariano Jiménez; a un silicato de alúmina, Chovelia por Casimiro Chovell, y al yoduro de plata el de valencia o valencita por Vicente Valencia.

Fuente: Wikipedia. http://132.248.54.13/COMUNICACION/notas/362.jsp. Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ingeniería, Coordinación de Comunicación. Héctor Pineda / Foto: Cortesía AHPM. Creative Commons.

 
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