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MIGUEL HIDALGO: "ACORDAMOS DAR EL GRITO"

 

En su declaración de 1811, ante el Tribunal Militar, don Miguel Hidalgo declaró sobre el suceso del 15 a 16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores.

Preguntado: Que por lo que tiene declarado se viene en conocimiento de que sabe y tiene noticia de la llamada insurrección que a mediados del mes de Septiembre próximo pasado, se suscitó en el pueblo de Dolores, y otros del distrito del Virreinato de Nueva España, diga quién o quiénes fueron los primeros y principales motores de ella, con quiénes o con qué medios contaron antes y después de promovida, así de dentro como de fuera del Reino; quiénes los han fomentado, con dinero, consejos, arbitrios, esperanzas o de cualquiera otra manera; las conexiones y relaciones por escrito, de palabra o por interpuestas personas que hayan tenido con tales sujetos de dentro y fuera del Reino, y en dónde paran las constancias que acreditan todo lo referido, dijo:

Que en efecto sabe y tiene noticia de lo que la pregunta inquiere, y que la expresada insurrección tuvo principio en el expresado pueblo el día 16 de Septiembre próximo pasado, como a las cinco de la mañana; que los principales motores de ella fueron el que declara, y D. Ignacio Allende en el modo y forma que va a expresar:

Que es cierto que el declarante había tenido con anticipación varias conversaciones con D. Ignacio Allende acerca de la Independencia, sin otro objeto por su parte, que el de puro discurso, pues sin embargo de que estaba persuadido de que la independencia sería útil al Reino, nunca pensó entrar en proyecto alguno, a diferencia de D. Ignacio Allende, que siempre estaba propuesto hacerlo, y el declarante tampoco lo disuadía, pues lo más que llegó a decirle en alguna ocasión, fue que los autores de semejantes empresas no gozaban el fruto de ellas;

Que así se fue pasando el tiempo hasta principios del mes de Septiembre referido, que Allende hizo un viaje a la ciudad de Querétaro, desde donde envió a llamar al declarante que pasase allá, por medio de una carta en que le decía que importaba mucho, y con estrechos encargos al mensajero de que le instase al efecto.

Que habiendo accedido a sus instancias y estando en Querétaro le presentó Allende dos o tres sujetos de poco carácter, y que el declarante no conoce y sólo sabe que uno se llamaba D. Epigmenio, los cuales se prestaban a sus ideas y decían tener a su devoción más de doscientos de la plebe, visto lo cual le pareció al declarante que aquello no tenía forma y se lo hizo presente a Allende retirándose a su curato, aunque Allende le significó que también por las haciendas de campo de aquellas inmediaciones contaba con más gente:

Que Allende se quedó allí y a poco tiempo volvió a escribir al declarante, que efectivamente aquello no valía nada, a lo que le contestó que no contase con él para cosa alguna:

Que seguidamente Allende se volvió a San Miguel el Grande y a escribir al declarante que ya las cosas habían variado y que se le había presentado mucha gente, así en Querétaro como en las haciendas, después de la última que le había escrito, con lo cual ya se redujo el declarante a entrar por el partido de la insurrección, y en consecuencia empezó a dar algunos pasos hacía la ejecución, mandando hacer como unas veinticinco lanzas que se fabricaron en el mismo pueblo de Dolores hacienda de Santa Bárbara, pertenecientes a los Gutiérrez, que eran sabedores de lo que se trataba, encargando a estos que hiciesen gente citándolos, para el día que los llamase, tratando con el tambor mayor del batallón de Guanajuato, llamado Garrido, el cual quedó en hablar a la tropa, y no sabe lo que practicó en razón del caso:

Que en esto, como tres o cuatro días antes del diez y seis, tuvo el declarante noticias, aunque vagas, de que Allende estaba delatado, por lo que lo llamó a Dolores para ver lo que él resolvía; pero nada resolvieron en la noche del catorce que llegó a su casa, ni en todo el día quince que se mantuvo allí; hasta que a las dos de la mañana del día diez y seis vino D. Juan Aldama, diciéndole que en Querétaro habían aprehendido a sus confidentes, en cuya vista en el mismo acto acordaron los tres dar el grito, llamando para ello el declarante como a diez de sus dependientes, dando soltura a los presos que había en la cárcel, obligando al carcelero con una pistola a franquear las puertas de ella, y entonces les previno a unos y otros que les habían de ayudar a aprehender a los europeos, lo que se verificó a las cinco de la mañana del mismo día sin otra novedad que las de unos cintarazos que se le dieron a D. José Antonio Larrinua porque se iba huyendo:

Que puestos en la cárcel los europeos, cerradas las tiendas de unos, dejadas otras a cargo de los cajeros criollos de sus familias, y viniendo a su partido los indios y rancheros, que por ser domingo habían ocurrido a misa, trataron de encaminarse a San Miguel el Grande en prosecución de su proyecto:

Que como el declarante solo trató con Allende este negocio en los términos que deja expresados, y la prisión de los confidentes de Querétaro lo precipitó, no tuvo dentro ni fuera del Reino conexiones ni relaciones algunas por escrito ni de palabra, ni por interpuestas personas antes ni después de la insurrección, ni sabe que antes ni después las haya tenido Allende y los demás que sucesivamente se fueron agregando en calidad de principales cabos de dicha insurrección, ni sabe otra cosa que lo que resulta de lo que lleva declarado en esta suposición respecto de sí y de Allende, y responde....

Fuente: Wikipedia. Independencia Nacional. Tomo I. Antecedentes – Hidalgo. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México. México. (Primera edición 1986-1987) Segunda edición 2005. Páginas 254-256. Creative Commons.

 
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