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INMIGRACIÓN CHINA A MÉXICO

Es poco lo que se sabe con certeza de los primeros chinos en México. Un buen número de ellos llegaron enganchados mediante contrataciones desventajosas, para trabajar en condiciones de semi-esclavitud en el tendido de las vías del ferrocarril y en las minas, así como en los campos henequeneros de Yucatán, principalmente.

A fines del siglo XIX se empezó a hablarse de traer chinos a México, como peones, en  esas condiciones de “herramientas” o “maquinas de trabajo” como se refirió la prensa porfirista; por ejemplo, en septiembres de 1890 se esperaban 80,000 para la construcción del ferrocarril de Tehuantepec, pero solamente llegaron 500.

En 1894 corrió un rumor todavía más sensacional: un chino nacionalizado mexicano, residente en Mérida, pretendía traer de su país de origen 200,000 chinos. Todavía más ambiciosa fue la compañía “Pacific Charter” que en 1901 quería traer un millón de chinos. Después de esta fecha se hablo de otros muchos planes para traerlos, pero en cantidades mucho más pequeñas, casi siempre como peones de las plantaciones tropicales de Yucatán y del ferrocarril de esa península y de Tehuantepec.

Los gobiernos de México y China firmaron un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1899, que garantizaba el libre tránsito, así como la inmigración de ciudades de ambos países. Esto trajo como resultado un  incremento en la inmigración china a México, mientras  que en 1895 llegaron 897, en 1910 su número ascendieron a 13,203.

En el tema de la emigración china existió mucha oposición, desde un principio, así como una actitud hostil a los celestes. La prensa católica insistió en que sería más justo repatriar a los nacionales que buscar la migración extranjera. Para otros no había duda en la elección  entren la migración china y la repatriación de mexicanos: los chinos eran serviles y trabajaban como bestias, abarataban los jornales.

En 1886 el buque que llegó al puerto de Mazatlán, fue confundido con el barco Sardonyx, que tenía abordo 600 chinos. Un multitud que estaba en el mulle, al  descubrir el error, realizó un desfile por las calles de la ciudad gritando “Abajo con los chinos”. La policía no pudo dispersar a la multitud, que hizo ataques de sobre las casas de los asiáticos, rompiendo puertas, ventanas y muebles. No hubo derramamiento de sangre. Los celestes huyeron de la ciudad.

Durante la Revolución  la comunidad china sufrió muchas agresiones. En mayo de 1911 se desato una matanza de Chinos en Torreón donde murieron 303 chinos, así mismo en otras partes del país hubo incidente de menores consecuencia.

Durante el gobierno de Victoriano Huerta, permitió que el ejército mexicano cometiera  agresiones contra la población china, y el 24 de octubre de 1913, muchos asiáticos fueron acribillados en las afueras de Monterrey. En 1915, en Sonora se inició la construcción de "barrios orientales" a la manera de los ghettos judíos de Europa del Este. Cuatro mil chinos y japoneses fueron confinados en los barrios orientales. En 1916, aumentó la cifra de los internados y el gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta clausuró los comercios chinos y aseguraba a la gente que el beriberi, la tracoma, la sífilis, la tuberculosis y la sarna eran enfermedades propias de los chinos.

 A Francisco Villa se le imputa un odio a los celestes, pero la realidad es diferente, pues él tenía un cocinero chino en la División del Norte. Lo cierto es que el Centauro del Norte era muy vengativo. El problema entre los chinos y Villa  se produjo cuando el ejército americano ingreso al país en busca de Villa (Expedición Punitiva). En esa ocasión muchos chinos en México se ofrecieron a ayuda al general Pershing, con suministro, para cocinar y lavar la ropa. Incluso se dice en una ocasión, algunos chinos se unieron en una lucha contra los villistas, ganándose la ira de Villa. Al regresar las tropas norteamericanos a casa, 527 chinos regresaron con ellos. El temor  de los celestes estaba justificado, cuando Villa tomó la ciudad de Torreón en los últimos días de 1916,  desato una matanza de chinos. No sabemos cuántos murieron, pero no parece que fueron muchos, algunos testimonios refieren que sólo les pidió una “cooperación voluntaria”:

Ricardo Flores Magón, desde el exilio, llamó al pueblo a “evitar la inmigración china para prevenir las agresiones de que los orientales serían victimas”. En 1918, seis mil chinos fueron deportados a la prisión de las Islas Marías. A pesar de la discriminación a la que fueron sometidos los celestes, la inmigración aumento en los años 20 y 30.

En 1923, el gobierno de Álvaro Obregón elaboró una lista de restricciones para la población china y japonesa: Los chinos no podían vender comestibles. Se prohibía la entrada de chinos a restaurantes y museos. Se prohibían los matrimonios entre mexicanos y chinos. Los chinos no podían salir de los barrios después de las 12:00 horas. Se prohibía a los chinos, acceder a los puestos públicos.

No fue sino hasta 1934, cuando Lázaro Cárdenas  liberó de las disposiciones anteriores a la población china, que había bajado a 6.661 habitantes, de los 15.976 que había en 1911.

Oficialmente la campaña había terminado en 1934. Aún así, el gobierno no pudo contrarrestar la actividad clandestina de las ligas Pro-Raza en los estados del norte, alentadas por los gobiernos de esas entidades (Sonora, Baja California,  Coahuila, Chihuahua y Sinaloa). En 1935, el gobernador sinaloense, Manuel Páez, arrestó a treinta jóvenes chinos, a los cuáles, después de semi-desnudarlos y azotarlos, mandó a China en barcos militares. La Campaña Anti-china terminó en Sonora y Baja California en 1944. En cambio en la política migratoria el gobierno de México permitió  la entrada de un gran número de chinos refugiados en la década de los cuarentas.

Fuente: Wikipedia. ilhuicamina.blogspot.mx. ilhuicamina Rico M., Historiador. Torreón, Coahuila, Mexico. Creative Commons.

 
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