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EL INICIO DE LA CAMPAÑA ANTIRREELECCIONISTA DE 1909 - 1910

 

Al abordar en la Ciudad de México el tren diurno de Ferrocarriles Mexicanos que lo conduciría al puerto de Veracruz, Francisco I. Madero comenzaba uno de los episodios más emblemáticos en su trayectoria personal y en la historia de México. Ese 18 de junio de 1909, acompañado de su esposa, Sara Pérez, y del joven ingeniero Félix F. Palavicini, Madero iniciaba una tarea de prédica, de conversión, casi misionera: el apostolado.

Entonces no era más que el delegado del Centro Antirreeleccionista de México —fundado un mes antes, el 22 de mayo— para difundir por el país sus principios: “urgía combatir el absolutismo y para ello era necesario ir contra las reelecciones de Porfirio Díaz y Ramón Corral a la presidencia y vicepresidencia por medio de la efectividad del sufragio”. Madero buscaba aun más: despertar al “pueblo dormido”.

Si es cierto que Madero era en ese momento sólo un representante de su agrupación política, lo era por dos razones principales que lo distinguían del grupo de jóvenes profesionistas independientes que conformaban el Centro Antirreelecionista: por un lado, era el único que contaba con recursos propios para financiar una campaña como la que estaba por emprender; por otra parte, había demostrado la suficiente constancia para llevar a cabo la misión. Después de todo, él mismo había impulsado la formación del Centro y financiaba su órgano de difusión, El Anti-reeleccionista, amén de llevar años apoyando movimientos opositores en su natal Coahuila.

La agitación política que vivía el país desde el año anterior a raíz de la entrevista Díaz-Creelman, unida al contexto de renovación de poderes locales en varios estados, había dado lugar a algunas novedades en la forma de hacer política. Una de ellas era la estrategia con que los candidatos procuraron obtener los votos del electorado. Como ocurría de forma tradicional, se formaron clubes de ocasión, se organizaron mítines y manifestaciones, casi siempre a favor del candidato oficial. Sin embargo, en Morelos, por ejemplo, la contienda entre Pablo Escandón, quien recibía el apoyo del gobierno, y el opositor Patricio Leyva, candidatos a la gubernatura tras la muerte del gobernador Manuel Alarcón, se caracterizó porque ambos realizaron campañas electorales en el estado acercándose a la gente, recorriendo pueblos y ciudades. Si bien la campaña de los antirreeleccionistas tenía ya precedentes, era, en cambio, la primera que perseguía conformar un movimiento nacional y la primera en poner por delante un principio antes que un candidato. En ese sentido, la aventura era un caso inédito.

Madero y sus acompañantes llegaron al puerto jarocho el mismo 18 de junio. Ahí se encontraron con una multitudinaria recepción a la que asistieron, según un periódico local, cerca de dos mil personas, a pesar de que el tren arribó muy avanzada la noche, a las 10:30. Al día siguiente se celebró en el teatro Dehesa “el primer mitin democrático que ha tenido lugar en la historia política del país”, según Félix Palavicini. La asamblea fue todo un éxito. Se pronunciaron ardientes discursos y se instaló solemnemente el Centro Antirreelecionista de Veracruz. Palavicini, uno de los oradores principales, sorprendió al público con su elocuencia; al final de su discurso “reventó una tormenta de aplausos”. Por su parte, Madero hizo evidentes sus principales flaquezas: no tenía, ni de lejos, la presencia magnética de un gran orador; era de muy baja estatura, de mirada dulce, su voz era aguda y de escaso volumen; sin embargo proyectaba una profunda convicción y tenacidad, lo que le valió para echarse a la bolsa a los distintos públicos que tendría que enfrentar en lo sucesivo.

Madero asumía que, en efecto, como ya lo había planteado antes, el pueblo estaba convencido de la necesidad del cambio y comenzaba a actuar en consecuencia. Pero el éxito en Veracruz también se debía a la combinación de una relativa libertad política en el estado, una tradición liberal local y el efectivo trabajo desplegado por los antirreeleccionistas locales. El primer episodio de la gira dejó a los delegados antirreeleccionistas moderadamente satisfechos y con grandes expectativas.

En espera de una recepción similar a la de Veracruz, la comitiva partió hacia Progreso, Yucatán. Ahí los aguardaba un reducido grupo de personas, entre ellos José María Pino Suárez y Delio Moreno Cantón. Decepcionados, los delegados del Centro se trasladaron hasta Mérida, donde los sorprendió una efusiva y nutrida concurrencia de “más de tres mil hombres del pueblo” que les dio la bienvenida en la estación del ferrocarril. Al día siguiente, el domingo 27 de junio, en la plaza de Santa Ana y bajo el abrasador sol del verano peninsular, se reunió una multitud aun mayor para escuchar a los oradores y fundar el club antirreeleccionista local. En Yucatán, como en Veracruz, el descontento político era patente y había elementos dispuestos a organizarse.

A la mañana siguiente Madero, su esposa y Palavicini partieron a Campeche. En esa ciudad tuvieron su primer descalabro: nadie los esperó a su llegada, pero fueron a visitarlos al hotel donde se hospedaban un puñado de políticos opositores, quienes los trataron con recelo, pues temían que fueran agentes del gobierno enviados para detectar manifestaciones de descontento en el estado. En la noche, durante un deslucido mitin en el teatro-circo de la ciudad, apenas cinco personas se adhirieron a la causa y la comitiva tuvo que regresar a Progreso con las manos vacías.

El desánimo hizo presa de los delegados, que llegaron a Tampico la mañana del 8 de julio. Ese puerto tampoco resultó campo propicio, pues las autoridades locales negaron el permiso para celebrar una asamblea y se encargaron de impedir la impresión de invitaciones e intimidar a los pocos asistentes a la reunión informal que finalmente se celebró. Como en Campeche, tampoco fue posible establecer un club local.

Con el ánimo por los suelos, el 11 de julio la delegación antirreeleccionista llegó a Monterrey, núcleo principal de una corriente extendida por el norte y el occidente del país que, si bien aceptaba la reelección de Porfirio Díaz como presidente, impulsaba la candidatura del gobernador de Nuevo León, Bernardo Reyes, para la vicepresidencia, en oposición al titular, Ramón Corral. Para sorpresa de los delegados, en Monterrey nadie se ocupó de obstruir sus trabajos; con el entusiasta apoyo de los antirreeleccionistas locales, se celebró una asamblea multitudinaria a cuya terminación Madero fue sacado de la plaza en hombros.

Al concluir en Monterrey la primera gira antirreeleccionista, Madero y su esposa partieron hacia Coahuila, mientras que Palavicini regresó a la Ciudad de México. La experiencia había mostrado altibajos y le había enseñado a Madero lo diverso que era el país: mientras en algunas regiones la gente estaba ávida de cambios, y la presencia de los antirreeleccionistas los impulsaba a organizarse, en otras reinaba un régimen férreo que inhibía las manifestaciones de descontento.

Esa primera gira fue decisiva. Si bien pudo haber amedrentado a Madero al exhibir los retos personales, económicos, políticos, de organización, etcétera, que implicaría continuar con la aventura, por otra parte alimentó su convicción de que había terreno fértil para sembrar la semilla democratizadora. Lleno de júbilo escribió a su abuelo: “En todas partes nos recibieron con entusiasmo y ahora sí es indudable que el pueblo mexicano está resuelto a conquistar sus derechos y los conquistará. Las utopías de ayer, son realidades hoy.” Así que decidió seguir adelante.

A la primera campaña siguió otra en Coahuila, con el fin de consolidar la candidatura independiente de Venustiano Carranza al gobierno del estado. Entre septiembre y noviembre de 1909, una serie de acontecimientos incidió en los trabajos de los antirreeleccionistas: Bernardo Reyes renunció a sus pretensiones políticas y fue enviado al extranjero, lo que provocó que una parte de sus seguidores se adhirieran al antirreeleccionismo. Al desaparecer el reyismo como oposición real, el gobierno comenzó a hostigar y a perseguir a los antirreeleccionistas; por su parte, Madero cayó gravemente enfermo y se mantuvo alejado por varias semanas.

Con el fin de reactivar el movimiento, en diciembre de ese año los antirreeleccionistas decidieron reiniciar las giras y convocar a una convención nacional para mediados de abril de 1910. Así, Madero, acompañado de su inseparable esposa; de su mecanógrafo, Elías de los Ríos, y del joven abogado Roque Estrada, inició su tercera gira el 23 de diciembre de 1909, la que concluiría el 19 de enero del año siguiente. En esta ocasión, la comitiva visitó las ciudades de Querétaro, Guanajuato, Guadalajara, Colima, Mazatlán, Culiacán, Angostura, Álamos, Navojoa, Guaymas, Hermosillo, Ciudad Juárez, Chihuahua y Parral. Tras unas semanas de descanso, Madero encabezó, entre el 20 de marzo y el 2 de abril, la cuarta gira por Zacatecas, Durango, Torreón, Aguascalientes, San Luis Potosí, León y Guanajuato.

En esta etapa, Madero se había convertido en el principal divulgador del movimiento y era “probablemente más conocido por contacto personal que ninguna otra persona en México”: para entonces, él era ya el emblema del antirreeleccionismo. Por eso, cuando entre el 15 y el 17 de abril se celebró la Convención Nacional Antirreeleccionista, a nadie sorprendió que ahí surgiera su postulación como candidato opositor a Porfirio Díaz para la presidencia de la República. En ese mismo episodio Francisco Vázquez Gómez obtuvo la postulación para la vicepresidencia.

Con la nominación a cuestas, Madero abanderó la quinta gira, del 8 al 22 de mayo de 1910, visitando las ciudades de Guadalajara, Pachuca, Puebla, Xalapa, Veracruz y Orizaba. En esta ocasión, a diferencia de las giras anteriores, ya no era sólo un delegado del antirreeleccionismo, sino su candidato, y su intención era declaradamente conseguir votos para su fórmula. Con ese objetivo, el 3 de junio dio inicio a la sexta gira en la que se tenía proyectado tocar las ciudades de San Luis Potosí, Saltillo y Monterrey; mas la relativa tolerancia con que el gobierno había permitido los trabajos antirreeleccionistas llegó a su fin: el 10 de junio Madero y Roque Estrada fueron aprehendidos en Monterrey.

De ese modo llegaba a su fin el intenso recorrido por el país que había iniciado casi un año antes. El paso por más de la mitad de los estados de la República le permitieron a Madero ir tejiendo una red de alianzas con hombres que más tarde llenarían la escena política, militar e intelectual; entre ellos José María Pino Suárez en Yucatán, Heriberto Frías y Manuel Bonilla en Sinaloa, Benjamín Hill y José María Maytorena en Sonora, Abraham González en Chihuahua, Toribio Esquivel Obregón en Guanajuato, Alberto Fuentes en Aguascalientes, Ramón López Velarde en San Luis Potosí, Aquiles Serdán en Puebla, así como Cándido Aguilar y Heriberto Jara en Veracruz.

No obstante, los antirreeleccionistas, con Madero a la cabeza, habían ido colocando los cartuchos de la inconformidad en buena parte del país. Los eventos posteriores encenderían la mecha de la Revolución.

Fuente: Wikipedia. Luis Enrique Moguel Aquino. Bicentenario.gob.mx. Creative Commons.

 
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