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EL MILAGRO DEL CORPUS CHRISTI EN LA VILLA DE SAN FELIPE EL REAL

Corría el año 1814 en aquellas tranquilas llanuras donde se encontraba enclavado el pueblo de San Felipe el Real de Chihuahua, precursor de nuestra actual ciudad, y en ese tiempo, la gente más que perder el tiempo se dedicaba a trabajar sembrando y criando animales en solares que estaban en los márgenes de los ríos Sacramento y Chuvíscar, así como en la zona de Tabalaopa.

El producto de sus cosechas, lo vendían en las plazas de la villa, como la de Armas y la plaza de Uranga, cuyos productos eran frescos y se vendían a muy buen precio. Sin embargo, dentro de ese escenario de trabajo y actividad económica, persistía uno que estaba muy arraigado en los corazones de los san felipenses y era el religioso, pues era común que la población siempre estuviera muy cerca de los religiosos y sacerdotes que llegaban a celebrar los diversos servicios para el pueblo católico.

En este sentido, la celebración de algunas fiestas religiosas se encontraban como obligadas dentro del calendario eclesiástico y una de estas era la de Corpus Christi que según sus orígenes venía de finales del siglo XIII, donde surgió en Lieja, Bélgica, un movimiento eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón, fundada en 1124 por el obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas por ejemplo, la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la misa y la fiesta del Corpus Christi; de ahí, se repartió a todo el mundo cristiano y por supuesto nuestro terruño no estaba exento de este tan importante evento. Por tal motivo la gente fue invitada por el capellán del pueblo para organizar tan esperado y religioso acontecimiento.

La guerra de Independencia que había comenzado el 16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores, Hidalgo, y que se consideraba todo un desastre desde el inicio, debido a que a Hidalgo se le había salido de control el conflicto y por si fuera poco, no había tenido mucho impacto en estas tierras norteñas de Chihuahua, ya que las poblaciones estaban serenas y tranquilas y las noticias no habían llegado hasta acá y, si alguien se atrevía a propagar los acontecimientos del conflicto para alborotar a la "gallera", imagínese las consecuencias, no pasaba de aparecer con varios agujeros en el cuerpo o ahorcado en algún álamo en medio de un río, como les pasó a muchos que querían difundir la lucha armada y estimular a la gente del lejano norte para que se involucrara en el mismo, pero no fue posible. Ni siquiera el movimiento social que se dio en Chihuahua cuando algunos insurgentes fueron capturados en Acatita de Baján en Coahuila y llevados a la Villa de San Felipe como prisioneros y basados en las órdenes del general del Ejército de Operaciones de Reserva D. José de la Cruz, la Junta de Seguridad Pública de esta capital que menciona:

"Se pone a la disposición de su señoría la siguiente lista de los principales cabecillas de la insurrección pasada por lo que serán pasados por las armas en Chihuahua con expresión de los días en que se ha ejecutado el Suplicio y éstos serán: el 10 de mayo de 1811, serán llevados al paredón D. Ignacio Camargo, Mariscal, Juan Bautista Carrasco, Brigadier y Agustín Marroquín Berdugo; para el día 11 estaban Francisco Lanzagorta, Mariscal y Luis Mireles, Coronel; el 6 de junio Juan Ignacio Raman, capitán. Veterano de Lampasos, Nicolás Zapata, Mariscal, José Santos Villa, Coronel, Mariano Hidalgo, Tesorero hermano del Cura, Pedro León, Mayor de Plaza; el 26, Ignacio Allende, generalísimo, Mariano Jiménez, capitán; Gral. Manuel Sta. María, Mariscal y gobernador de Monterrey y Juan de Aldama. Para el 27 se contaba a José María Chico, Abogado, José Solís, Intendente de Ejército de los Insurgentes, Vicente Valencia, director de ingenieros y Onofre Portugal, Brigadier y el 27 de junio el mismísimo don Miguel Hidalgo y Costilla".

Con todo y lo que pasó en 1811 en la Villa de San Felipe, parecería que la población no se había contaminado y el asunto pasó desapercibido; la vida seguía tan normal como si no hubiera existido nada de eso. Por eso tres años después, más que preocuparse de muertos y balazos se interesaban más por cumplir con sus fiestas religiosas, es por esto, que Corpus Christi tenía que celebrarse a lo grande para que el Señor de los Cielos estuviera más contento.

Esta fiesta era celebrada todos los años para el 9 de junio y por supuesto el Ayuntamiento se apuntaría para apoyar en la organización de este espiritual evento. De las oficinas de don Macario en los Arcos de la Jefatura donde se localizaba precisamente la Presidencia Municipal, se habían extendió algunas invitaciones a varias personas que eran hasta cierto punto líderes del lugar y que siempre participaban de manera desinteresada para alabar al Cuerpo de Cristo. En la convocatoria que se había hecho, estaban incluidos por supuesto a los religiosos y regidores del pequeño poblado de San Felipe.

La verdad nadie quedaría fuera de ser invitados, sólo algunos se quedarían al margen porque no compartían las creencias católicas o simplemente porque eran de ideas liberales y ateos, gracias a Dios. La noticia llegó de sorpresa para muchos vecinos de la localidad, algunos recibieron la buena nueva cuando estaban haciendo sus faenas, las cuales dejaban para comentar acerca de la cercanía de la fiesta del Cuerpo de Cristo.

Las autoridades de la villa habían juntado a los regidores para establecer algunas estrategias para que la festividad saliera "de pelos", y para ello se había citado a las personas más afanosas y devotas del gran Señor de los Cielos, para poner todo en claro y lo que se debía hacer en ese tan esperado día.

Para ese tiempo una fuerte sequía se había presentado en los primeros meses del año, por lo que muchos tenían la esperanza de que estando bien con Cristo y teniendo un buen arrepentimiento, les pudieran mandar el agua del cielo para regar los áridos campos de 1814. Fue así que sentados los vecinos y las autoridades se pusieron de acuerdo para organizar comisiones que se encargarían de ejecutar diversas actividades dentro del tan esperado evento.

Fue así que dentro del salón de Cabildos se colocaba un esquema o mapa con el fin de planear el recorrido de la procesión, el cual comenzaría desde luego de la puerta de la Iglesia Parroquial (hoy Catedral), hasta el frente de la casa de uno de los vecinos que vivía al otro extremo de la villa, claro que no estaba tan lejos ya que el poblado no estaba tan grande. Dicha vivienda era de una persona muy religiosa, de esos que se mantenían en la iglesia rezando el rosario y asistiendo sin falta y devotamente a la santa misa, y tal persona era don Juan Bautista Madrigal que aparte de ser piadoso curiosamente llevaba el nombre de quien había bautizado al Mesías. También en el recorrido sería acompañado el Santísimo Sacramento por los señores regidores don Simón Ochoa, don Mariano Orcasitas, don Lope de la Vega y don Gabriel Terrazas, que junto al sacerdote llevarían en procesión "La Custodia" donde se depositaría el Cuerpo de Cristo consagrado en una hostia.

Todas las casas por donde se llevaría el recorrido, tendrían que estar arregladas con papel blanco y listones de colores como una muestra de alegría por la presencia de Cristo y algunas casas serían de los señores don Juan Bautista Madariaga, donde había un callejón propiedad del mismo Madariaga el cual, tendría que ser limpiado; de ahí pasarían por la vivienda de don Pablo Trillo y doña Juana Trillo, quienes manifestaban que colocarían algunos reclinatorios para que el sacerdote descansara durante la procesión.

Así mismo todo el frente de la casa del señor Mariñelarena colocaría unos jarros con agua para que toda la gente que estuviera en la comitiva tuviera la posibilidad de consumir un trago de agua para soportar el terrible calor que se estaba presentando en la villa; al igual que Mariñelarena el mismo alcalde de San Felipe, el señor don Juan Rafael Zubía, y don Manuel y Juan, hermanos del munícipe, se encargarían de tener muy fresca a la gente que por el calor se pudiera deshidratar durante la procesión.

Por otra parte también se señalaba en la junta que en el frente de la casa de "La Aduana" hasta la esquina del "Estanquillo", un lugar donde la gente compraba víveres para la casa y el trabajo en el campo y donde estarían con algunas mesas auxiliando a la gente los señores don Francisco Prieto, el regidor don Eugenio Vizoso, don Andrés Manuel Martínez y don Francisco Valverde. Desde la esquina del estanquillo hasta el Portal, la cubrirían don Gerónimo Maceira, don José Félix Trespalacios y don Toribio Doporto.

De la esquina del Portal a la casa del difunto José Helguera, una persona muy reconocida en la comunidad por su piedad y que había vivido en la parte céntrica de la Villa de San Felipe, además del regidor don Juan de Elguezabal. Ahí estarían al pendiente don Franco Jáuregui, el doctor Joaquín Marichalar y don Pablo Guerra. El frente de la casa de la tesorería la cubrirían los señores don Juan José Ruiz de Bustamante, don Juan José Arenas y don Miguel de la Huerta. El frente de la casa del don Justo Pastor de Madariaga, la cubriría el mismo alcalde y los señores don Pedro Valóis y el señor regidor don Pedro Ignacio de Irigoyen y don Juan García.

Finalmente las últimas posiciones que serían cubiertas para darle paso a la última etapa del recorrido de La Custodia sería en el frente de las casas que estaban muy cerca de la puerta de la Iglesia Parroquial y la cubrirían los señores Salvador Porras, el regidor don José María, don José de Jesús Porras y Ventura Sepúlveda y por último la Sala Capitular del Ayuntamiento de Chihuahua, estarían a cargo de los señores don Pedro de Velais, Rafael Zubía, Simón Ochoa, Pedro Ignacio de Irigoyen, Juan Ezquivel, Mariano Orcasitas, Eugenio Vizoso, José María Porras, José Jonas, Franco Galindo y José María Ruiz de Bustamante. Al término de la reunión, todos salieron muy contentos esperando que el gran evento se llevara a cabo con éxito, fue así que por fin se vendría la esperada fecha del 9 de junio de 1814 y todo el pueblo se volcó en las banquetas para dar paso al Señor, con cantos y oraciones adoraban a Cristo a su paso en medio de su tabernáculo; la gente pedía mucho por la lluvia para que se acabara la intensa seca que se había soltado, ya que algunos lo atribuían que el diablo andaba suelto, y otros sentían arrepentimiento por sus pecados.

En el recorrido de repente se empezaron a ver en el horizonte algunas nubes que subían al cielo aunque algunos ni siquiera se percataban que poco a poco éste se iba cubriendo de nuberíos. Pero después de una hora de recorrido, el sol se ocultaba como por arte de magia en medio de densas nubes negras que empezaron a relampaguear con fuerza, sintiéndose fuertes truenos que le volvieron la fe al pueblo, pues todos sentían que era un milagro el que el cielo se nublara.

Pasaron unos cuantos minutos cuando se dejó venir un fuerte aguacero, pero eso no impidió para que se concluyera la procesión hasta la Iglesia Parroquial hoy Catedral. Todos consideraron este hecho como un verdadero milagro en la villa, gracias al favor hecho en el día del Cuerpo de Cristo en la Villa de San Felipe.

El Milagro del Corpus Christi en la Villa de San Felipe el Real (1814), forma parte de los archivos perdidos de las Crónicas Urbanas.

Fuente: Wikipedia. Oscar Viramontes. Cronicas Urbanas; El milagro del Corpus Christi en la Villa de San Felipe el Real. El Heraldo de Chihuahua, 2 de septiembre de 2012. Creative Commons.

 
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