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“EL RORRO” EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA

 

Hace casi cien años que “El Rorro” rugió ocho veces en las llanuras de Río Escondido, Coahuila, declarándose listo para la lucha.

Figuraba, como el equilibrio en parte, de la desigualada lucha entre los buscadores de la libertad y el autoritarismo en México.

El cañón, cuyos estruendos provocados por fulminantes de balas calibre 44 que escupían balas en cobre con cinta, daban el resultado que sus creadores esperaban.

“El Rorro”, con las enormes polvaredas que levantaban sus disparos y fabricado por el coronel Patricio de León Villarreal, se convertía en el primer cañón construido en México, específicamente en los talleres del ferrocarril en Piedras Negras, con el que se ganarían históricas batallas en la lucha encabezada por Venustiano Carranza, contra el usurpador Victoriano Huerta.

Este hecho, es parte de la vasta historia de Piedras Negras, de sus grandes hombres y el definitivo papel que representaron en la lucha armada de hace un siglo.

En esta frontera, iniciaba la artillería en el país.

El 8 de julio de ese año, el cañón hacía su debut en una batalla en Candela y fue decisivo para tornar la plaza; Los artilleros fueron Jacinto B. Treviño y Alberto Salinas Carranza.

Jamás sufrió un desperfecto en batalla y participó en todos los combates, hasta la entrada triunfal de las fuerzas constitucionalistas a la Ciudad de México.

El coronel De León creó luego y a petición de Carranza tras el éxito de “El Rorro”, otro cañón.

Éste fue de 75 milímetros y aunque fue usado en muchas batallas, terminó destrozado y abandonado.

Después de los combates en la loma de La Bartola en Monclova, al tiempo de retirada de las fuerzas revolucionarias el cañón era estirado a cabeza de silla y al cruzar las vías del tren se les desgarró una de las ruedas.

Ahí quedó y según el coronel, fue recogido por las fuerzas federales encabezadas por el general Joaquín Mass, que según testigos, habría comentado:

 “Aquí está la prueba de que Carranza está recibiendo ayuda de los gringos. ¡No me digan que esos pobres ignorantes pudieron construir cañones como éste”.

Y luego ordenó a sus soldados... ¡¡recójanlo como prueba al señor presidente Huerta!!.

La construcción de “El Rorro”, se pretendió adjudicársela el ingeniero Carlos Prieto, e incluso en la historia revolucionaria, se le dio ese mérito, pero la realidad es que como mecánico de los talleres de ferrocarriles en Piedras Negras, el coronel De León recibió la encomienda de Carranza para la creación del arma, a la que continuarían luego otras más, similares pero no tan efectivas.

“Fue un hombre creativo y decidido, alguien que hizo todo lo que pudo por su patria”, afirma Héctor Galindo Julián, sobrino político del coronel De León Villarreal.

El propio coronel, en una misiva enviada el 6 de noviembre de l967 al órgano informativo, “El Legionario”, de la Legión de Honor Mexicana que dirigía el general de Brigada, Arturo Jiménez de Lara, aclara detalladamente cómo y con quiénes se creó el famoso cañón, en la llamada Casa Redonda, un edificio de piedra, donde operaban los talleres de ferrocarriles y que aún se mantiene en nuestra frontera.

“En artículos como el del muy estimado y querido amigo, general de División Francisco L. Urquizo, aparecido en el número de julio-agosto de 1966 de “El Legionario”, en otro del hoy general de División Rubén García, se dice que el constructor de los primeros cañones para la revolución de 1913 fue el ingeniero Carlos Prieto. Con todo respeto que me merecen mis superiores mencionados y con todo el respeto para la memoria del mal logrado ingeniero Prieto, considero mi obligación aclarar que el constructor de los primeros cañones, dos de ellos, fue el suscrito, hoy coronel retirado, Patricio de León Villarreal”, dice el coronel en esa carta.

Y luego relata como a principios de 1913, siendo mecánico de los talleres de Ferrocarriles, llegó a Piedras Negras don Venustiano Carranza acompañado de unos cuantos valientes entre ellos, Lucio y Juan Dávila, Gabriel Calzada, Epigmenio Rodríguez y Gustavo Espinoza Mireles, a los que se unió Jacinto B. Treviño y poco después Francisco L. Urquizo.

Carranza urgía de armas tras desconocer al usurpador, y hacerse de ellas no era fácil.

Todos los talleres de Ferrocarriles, habían sido cerrados por órdenes del Gobierno y prácticamente todos temían aliarse a él, pero el Barón de Cuatrociénegas comisionó a Lucio y a Juan Dávila para que vieran con que personal de oficio se podía contar para reparar armas y fabricar municiones, el coronel asegura que fue el primero en ponerse a las órdenes de Carranza y junto con los Dávila abrieron los talleres de Ferrocarriles y comenzaron a reconstruir armas.

“Varios días estuve solo--relata el Coronel- reconstruyendo armas, pues mis compañeros mecánicos no se animaban. Sin duda temían unirse a un movimiento que no tuviera el éxito asegurado”.

Reconstruyendo viejos rifles y fabricando baleros para reconstruir cartuchos 30-30, al poco tiempo Carranza le pidió al coronel que intentara la creación de un cañón.

Utilizando material de acero suave que existía en el almacén y aplicando una técnica improvisada... quedó concluido “El Rorro”, después de muchos días y noches de trabajo constante; era el primer cañón hecho en México, rayado y con cerrojo.

Acostumbrados a manejar pulgadas, el coronel y sus ayudantes dieron una medida de dos pulgadas y media y el calibre resultó en alrededor de 63 milímetros.

Todas las piezas las fabricó el coronel De León, a excepción de algunas menores en que lo apoyaron sus hermanos Laureano y Pedro.

Diseñó y creó los cartuchos para el cañón; el casquillo se fundía con una aleación semejante al latón y terminados en torno.

Como fulminante se le ponía un cartucho de pistola calibre 44 y las balas se fundían con su respectiva cinta de cobre, lo cual con el rayado del cañón, conseguía la rotación y la buena dirección del proyectil.

A la espoleta de las balas, se les ponía un cartucho de pistola calibre 32.

En sus escritos, el fallecido coronel dice que el ingeniero Prieto llegó a Piedras Negras cuando ya se estaba terminado el cañón.

“Traía buena experiencia el ingeniero Prieto, que llegó acompañado de Manuel Pérez Treviño, se hizo de una buena cuadrilla y logró construir dos cañones de 76 milímetros, pero desgraciadamente la escasez de material adecuado, principalmente para sus cerrojos, no permitieron que esas dos armas resultaran efectivas. Esos cañones se utilizaron de todas formas, pero sólo para engañar al enemigo”, relata.

Pero “El Rorro”, pese a su tierno nombre, fue fiero y efectivo en los campos de batalla.

Y “nació” aquí, en Piedras Negras.

Fuente: José Luis Medrano; La Revolución Mexicana: Cien años después. www.zocalo.com.mx. Piedras Negras, Coahuila. Creative Commons.

 
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