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DE LA HUERTA Y OBREGÓN SE ENCUENTRAN POR PRIMERA VEZ

 

Al triunfo de la revolución maderista, y al regresar a Guaymas, Adolfo de la Huerta se encontró con un amigo originario de Navojoa: José Morales, propietario de un molino harinero, quien, como hombre de buena posición económica, era partidario de lo que ellos llamaban el orden y el gobierno constituído; se le catalogaba entre los miembros del Partido Científico de Navojoa y anduvo huyendo durante el movimiento de 1910.

Don Adolfo saludó a aquel José Morales y éste le presentó a Alvaro Obregón que le acompañaba. Supo entonces que habían venido los dos huyendo de las fuerzas maderistas, después de haber estado en El Quiriego y luego en el Rancho de la Cruz, como lo relató posteriormente el sobrino de Obregón, Sr. Salido Orcillo, en algunos artículos aparecidos en el diario Excelsior. Se embarcaron después en Yavaros y llegaron a Guaymas, que entonces tenía las características de una plaza semiliberal, que recibía todo el mundo.

En la conversación que se inició, y al saber Obregón que De la Huerta venía como líder maderista, le interpeló:

- Bueno, ya ganaron ustedes. ¿Y qué ganaron?

- Pues, desde luego, el derecho de que todos los ciudadanos puedan escoger libremente sus representantes y mandatarios.

- ¿Y será un hecho eso?

- Indudablemente; ya que, si no fuera así, habría resultado inútil la sangre derramada y el movimiento que ha sido tan intenso en todo el país, no terminaría, seguiría.

- Pues ojalá que sea así.

- Y conste que hemos luchado no solamente por nosotros, sino también porque ustedes tengan voto. Todos; no solamente los amigos sino también los enemigos pueden escoger y discernir sobre los mejores elementos que vayan al gobierno.

- ¡Ah! Asi es que el que tenga más saliva tragará más pinole.

- Bueno, interpretando el decir: el que tenga más partidarios indudablemente será el que resulte electo al puesto para el que haya aspirado o lo hayan señalado los ciudadanos votantes.

Y De la Huerta continuó haciéndole notar los beneficios para la gente humilde: que ya no habría esclavos en las haciendas como se habían visto en tiempos pasados; que ya los trabajadores podrían libremente dejar su trabajo cuando quisieran buscar uno mejor; que ya las deudas de los padres no pesarían sobre los hijos, etc., etc. y las ventajas que significaba en el orden general del movimiento, no solamente en el orden político sino en el orden social, cuyos aspectos bien marcados eran muy conocidos de los habitantes del norte y las muchas disposiciones que daba el señor Madero y que apenas les llegaban a los miembros de la Junta Revolucionaria de Nogales.

- Bueno -repuso Obregón-, así es que si un enemigo, o por lo menos uno que no ha sido amigo, cuenta con mayorías ¿se le reconocerá su representación?

- Indudablemente. Si un enemigo cuenta con mayorías populares, ya desde ese momento deja de ser enemigo, porque habrá demostrado con eso que tiene el respaldo del pueblo humilde, que es el que constituye la mayoría.

No echó Obregón aquello en saco roto, ni el hecho de que se predicaba la unión de mexicanos y que De la Huerta, en el sur, era de los más fervorosos en tal prédica, pidiendo se suspendiera toda persecución de los enemigos; que todos deberían formar una gran familia para buscar el bienestar de la patria, etc., etc. Ensoñaciones de hombre que no está viendo la realidad, según dijo posteriormente alguna vez el general Obregón; pero el hecho de que más tarde las calificara así, no le impidió aprovecharlas entonces para iniciar su carrera política.

Fuente: Wikipedia. MEMORIAS DE ADOLFO DE LA HUERTA, CAPÍTULO PRIMERO; Primera parte. Creative Commons.

 
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